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Dermocosmética: cuando la estética y el cuidado de la piel se encuentran

A medida que la concientización por una piel más sana se populariza, la dermocosmética cobra más y más importancia. Aquí, una guía para empezar a entender cómo interpretarla y para qué puede resultar beneficiosa.

En líneas generales, se entiende por cosmética a todo aquello relacionado con el embellecimiento de la piel y el cabello. Sin embargo, estos productos solo mejoran la apariencia externa y de forma temporal. No presentan efectos a largo plazo ni más beneficios que los meramente estéticos. Es en este punto donde entra en juego la dermocosmética. Este término refiere a productos cosméticos que, además de sus beneficios inmediatos, pueden cumplir funciones relacionadas a la apariencia física y la salud de la piel a largo plazo.

Cosmética mejorada: qué es la dermocosmética

El término dermocosmética comenzó a utilizarse en la década de los ‘60, en Francia. Los laboratorios Pierre Fabre comenzaron a aplicar nuevos estándares de fabricación a los cosméticos y, además, comenzaron a utilizarlos en el tratamiento de afecciones de la piel. En el presente, la dermocosmética ha evolucionado para encontrar su nicho en un lugar entre un medicamento y un cosmético, siendo los productos ideales para personas alérgicas o con problemas dermatológicos como el acné o la rosácea, por nombrar algunos más comunes.

Los productos de dermocosmética, para poder ser clasificados como tal, deben ser testeados y probados científicamente. Por este motivo su eficacia se considera comprobada y son los productos indicados si lo que se desea es evitar alguna reacción dermatológica particular, como la piel seca o la piel grasa. Mientras la cosmética tradicional solo busca embellecer momentáneamente, la dermocosmética trabaja en solucionar problemas asociados al desequilibrio en la piel. A la hora de tratar manchas, dermatitis, acné, rosácea, arrugas u otras afecciones comunes, los productos de dermocosmética serán los más eficaces.

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Los productos de dermocosmética, para poder ser clasificados como tal, deben ser testeados y probados científicamente.

Los productos de dermocosmética, para poder ser clasificados como tal, deben ser testeados y probados científicamente.

Ingredientes activos: el secreto detrás de los productos

Para que un producto cumpla una función particular, la clave está en que cuente con ingredientes que sirvan para eso. Una base de maquillaje no puede ser “anti-age” si en su formulación no tiene ingredientes que colaboren en prevenir el envejecimiento prematuro de la piel.

Siguiendo esta lógica, los ingredientes o principios activos son aquellos que cumplen una acción específica sobre la piel. Son, a fin de cuentas, los ingredientes claves en los productos que los contienen, ya que son los que definen la función y la calidad del producto en sí. Los principios activos pueden ser de origen animal, vegetal, o sintético, y un mismo ingrediente puede cumplir más de una función.

Las funciones más comunes de los ingredientes activos son:

  • Anti-acneicas: Estos ingredientes tienen propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas, lo que los hacen ideales para las pieles con tendencia a los granitos y al exceso de oleosidad. Los más comunes son el ácido salicílico, el aceite de árbol de té y el ácido glicólico.
  • Despigmentantes: Se denomina de esta forma a aquellos principios activos que contribuyen a eliminar las manchas o las zonas hiperpigmentadas mientras que aportan iluminación al cutis. En esta categoría entra el ácido mandélico, la niacinamida, la miel y el pepino.
  • Anti envejecimiento o anti age: Estos activos son restauradores y regeneradores. Además, ayudan a mantener la piel tersa. El retinol es uno de los más conocidos, pero el bakuchiol no se queda atrás. La jojoba y el ginkgo biloba también entran en esta categoría.
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Los ingredientes o principios activos son aquellos que cumplen una acción específica sobre la piel.

Los ingredientes o principios activos son aquellos que cumplen una acción específica sobre la piel.

  • Hidratantes: Ideales para aquellas pieles secas o mixtas que necesitan un extra de hidratación, los principios activos hidratantes más comunes son la urea y el ácido láctico. Algunos aceites como el de jojoba y el de argán también contribuyen a hidratar.
  • Antiinflamatorias: Los ingredientes antiinflamatorios ayudan a reducir el dolor y la inflamación causados por afecciones de la piel como la dermatitis o la rosácea. El áloe vera, la manzanilla, la cúrcuma y la lavanda son conocidos por sus propiedades antiinflamatorias y analgésicas.
  • Antioxidantes: Los principios activos que pertenecen a esta categoría evitan la oxidación de las células y, por ende, el envejecimiento prematuro. El té verde y la melatonina son grandes ejemplos.

Todas estas categorizaciones están apoyadas por evidencia científica. Asimismo, es importante recordar que nunca se deben aplicar remedios caseros, ya que no es solo importante el ingrediente en sí mismo, sino que también son clave las combinaciones, proporciones y fórmulas.

Como se mencionó anteriormente, muchos ingredientes pueden cumplir más de una función, por lo que es importante informarse con una persona profesional que pueda asesorar a cada individuo de acuerdo a sus necesidades particulares y a su biotipo cutáneo. Para más información, consultá aquí.

¿Y qué pasa con las vitaminas?

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Las vitaminas, presentes en los alimentos, son micronutrientes que contribuyen al funcionamiento celular y al desarrollo del organismo.

Las vitaminas, presentes en los alimentos, son micronutrientes que contribuyen al funcionamiento celular y al desarrollo del organismo.

Las vitaminas, presentes en los alimentos, son micronutrientes que contribuyen al funcionamiento celular y al desarrollo del organismo. Sin embargo, sus beneficios no terminan aquí, ya que pueden ser incluidas en diversos productos de dermocosmética para ampliar sus beneficios. Las vitaminas pueden tener un efecto anti-age, ayudar a la cicatrización, hidratar la piel o incluso revitalizarla. Cada vitamina tiene sus características y modo de uso particulares, pero las más comunes son:

  • Vitamina A: Esta vitamina contribuye a la formación celular y, por ende, contribuye a reducir las arrugas, las manchas y las asperezas de la piel.
  • Vitamina B3: Este ingrediente estimula la regeneración de las células y es ideal para combatir la oleosidad en las pieles acneicas.
  • Vitamina B5: Además de hidratar las capas más profundas de la piel, funciona como cicatrizante y antiinflamatorio. Es ideal para pieles sensibles.
  • Vitamina C: Es conocida por sus propiedades antioxidantes y por contribuir a la producción de colágeno.
  • Vitamina E: Ayuda a combatir la oxidación y el envejecimiento, no solo de la piel sino de los productos en sí, ya que funciona como un estabilizante.

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