El 9 de diciembre, JP Morgan Chase, el mayor banco de EEUU, publicaba un informe titulado Datos de imágenes por satélite indican debilidad en la actividad en los lugares de ventas minoristas en EEUU. Era la conclusión obtenida tras examinar 284.000 fotografías hechas por satélites capaces de distinguir cualquier cosa de más de 50 centímetros, y comparadas a lo largo de tres años. ¿La clave? Los aparcamientos de los centros comerciales, grandes superficies y, en ocasiones, incluso tiendas pequeñas pero que, debido a su carácter emblemático -como las de Apple y Zara en la Quinta Avenida neoyorquina, por ejemplo- pueden ser consideradas oráculos de la evolución futura del sector .
La razón de este declive imparable viene en buena medida resumida en la anécdota de cómo JP Morgan usa los datos de Orbital Insight: la tecnología. Simplemente, EEUU construyó demasiados centros comerciales. Según la empresa proveedora de información financiera Cowen Group, EEUU tiene un ratio de superficie de centros comerciales por habitante 7 veces mayor que el de Italia, y 10 veces que el de Alemania. Y las operaciones de todos son, en general, idénticas: una empresa gestiona la propiedad inmobiliaria, ayudada por un sistema de exenciones fiscales que hace que los dividendos que reciben sus accionistas estén virtualmente libres de impuestos, y alquila las propiedades a cadenas y a pequeños comerciantes que en gran medida venden a crédito a sus clientes. Súmese a ello el hecho de que, desde la década de los 50 hasta finales de la de los 90 (los años dorados de estos centros comerciales) el centro de las ciudades se convirtió en pasto de bandas de delincuentes y la gente -y, sobre todo, la clase media, o sea, los blancos- se fue a vivir a las afueras. El informe, aquí.
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