Según el texto, “hemos tomado conciencia de que hay que comenzar por la educación sexual que integre todas las dimensiones de la persona. Se pudo observar que hay consenso de que dicha educación no debe limitarse a ‘saber qué hay que hacer para que una joven no quede embarazada’, o a conocer el cuerpo de varones y mujeres como quien meramente conoce el funcionamiento de un dispositivo”. El documento publicado explica que la educación sexual debe ser integral y abarcar todos los aspectos del ser humano: “su espiritualidad, sus valores, sus emociones, sus pensamientos, su contexto social, económico, familiar y obviamente su cuerpo y su salud. Debe ser una educación para el amor, que incluya la sexualidad pero que no se circunscriba sólo a ella”, cuestiona y considera que aporta una solución a los distintos conflictos que plantea la sexualidad.
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y agrega: “son necesarios proyectos transversales que incluyan la infancia y la adolescencia de nuestros alumnos y alumnas y se extiendan a la comunidad educativa, articulando aspectos biológicos, psicológicos, culturales, sociales, afectivos, éticos y religiosos”. “Una educación así es, además, un camino excelente para prevenir el aborto, la iniciación sexual precoz, las enfermedades de transmisión sexual, la violencia y el abuso sexual”, Para defender su posición, las comisiones que firman el documento citan al Papa Francisco “Estamos convencidos de que debemos dar nuevos pasos para fortalecer la educación sexual en el ámbito intrafamiliar y escolar.
A ello nos anima el Papa Francisco en (su exhortación apostólica) Amoris Laetitia, donde afirma con claridad: ‘Sí a la educación sexual’”, y asumen que muchas instituciones educativas están en falta.
“habían implementado la educación sexual pero por múltiples causas, en varias de ellas no han emprendido esa tarea de manera sistemática”. La clave del cuestionamiento tiene que ver con la necesidad de que el mensaje de la escuela esté en sintonía con el que ofrece la familia de cada alumno. “Es muy importante que los chicos y chicas reciban en la escuela un mensaje coherente, alineado, complementario, respecto de aquel que reciben en el hogar. En ese sentido, la educación sexual integral debe respetar la libertad religiosa de las instituciones, y la libertad de conciencia, derecho sagrado e inalienable que debe ser siempre custodiado”. “Reclamamos el derecho a educar a nuestros niños, niñas y jóvenes de acuerdo al propio ideario y convicciones éticas y religiosas, confiando en que un diálogo verdadero y democrático nos llevará a incrementar el encuentro y la amistad social”, sentencia.
Fuente: www.perfil.com








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