La desidia es total. Agua servida, cañerías rotas, sin iluminación. “Está todo atado con alambres. Quedamos en el olvido”, dijo uno de los vecinos.
Asimismo, los vecinos tampoco entienden cuál era el fin de la obra que generó la imposibilidad de transitar en las inmediaciones.

“Nadie vino a darnos una explicación. Y los impuestos son cada vez más caros”, concluyeron.




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