El balance de las movilizaciones fue muy duro para el país, y ahora Ecuador debe hacer cábalas para cuadrar su balanza fiscal. En un momento de recomposición de las cuentas públicas, vale la pena dar una mirada a la crisis financiera que sufrió el país en 1999, el último gran precedente en esta materia.
En 1998, Jamil Mahuad asumió la presidencia del país en medio de una importante crisis, agudizada por el ahogo de países como Rusia y Brasil. De puertas adentro, en Ecuador se liberalizó el sector financiero, que quedó sin control, y se aprobó una agencia de garantía de depósitos por la cual el Estado se hacía cargo de las deudas de la banca privada.
En ese momento, el presupuesto del Estado tenía un déficit equivalente al 6% del Producto Interno Bruto y el barril del petróleo cotizadb a USD 9.
El 8 de marzo de 1999, es un día que quedó marcado en la memoria de muchos ecuatorianos. El entonces superintendente de Bancos, Jorge Egas, informó al país que se imponía un feriado bancario, aunque tan sólo unos días antes el presidente Mahuad había asegurado por cadena nacional que el gobierno nunca “confiscará las cuentas de nadie”. El objetivo era evitar el retiro masivo de depósitos que durante las últimas semanas había vivido el Ecuador.
El feriado fue en un inicio anunciado por un día, pero duró cinco, hasta el viernes 13. Durante ese tiempo, los bancos, abarrotados de manifestantes y ciudadanos protestando, no atendieron al público. Al levantarse el feriado, Mahuad anunció que los depósitos superiores a dos millones de sucres (luego de la devaluación, equivalentes a 80 dólares) y las cuentas corrientes con más de 500 dólares permanecerían congelados durante un año.
Según el presidente Mahuad, la medida fue necesaria para salir de la hiperinflación que según él iba a cerrar en un 1.000% en 1999; para proteger la reserva monetaria, y para que los usuarios pudieran cobrar de forma reprogramada el monto de sus depósitos. Pero la medida no logró evitar la quiebra de los bancos, que fue enteramente asumida por el Estado y trasladada a la sociedad.
En aquél momento, se calcula que unos tres millones de personas emigraron del país hacia destinos en Europa y Estados Unidos, a provar suerte después de la vigorosa devaluación.

El 9 de enero del año 2000, tras dos meses muy complicados y perspectivas negras sobre el panorama, el gobierno anunció la dolarización de la economía. El anuncio llegó a la par de una proclama del movimiento indígena de partir hacia Quito en una marcha para pedir la salida del presidente.
Algunas voces críticas con la decisión de Mahuad opinan que la dolarización fue más un gesto para salvarse políticamente que una medida enmarcada dentro de un proyecto económico serio. Por aquél entonces, el presidente tenía en contra a la cúpula militar, a la diplomacia estadounidense y había roto con su vicepresidente, Gustavo Noboa.
El decreto de Mahuad fijó una tasa de 25 000 sucres por dólar, monto que mereció críticas generales pues significó más aún la pérdida del valor adquisitivo de los ingresos de las familias ecuatorianas.
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