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En el mercado se ven los “pingos”

En la agonía de un 2018 complicado, Luis Spahn lo hizo una vez más: vendió mal al jugador franquicia del club reflotando una operación caída por su propia impericia.

Por Sebastián Castillo.

Fiel a su palabra: “…el tema Soldano sólo lo vamos a manejar su representante y yo”, el presidente de Unión fue el responsable de llevar adelante las negociaciones con el Olympiakos de Grecia que por segundo mercado de pases consecutivo vino a la carga por el delantero. De estar todo listo y que solo resten detalles la operación pasó a estar descartada por decisión de los dirigentes griegos, molestos por “peticiones de último momento” del titular rojiblanco. Lo cierto y concreto es que tras horas de incertidumbre, Spahn terminó aceptando el traspaso en las condiciones establecidas anteriormente con el agregado de cláusulas a favor de la entidad santafesina que podrían elevar el monto de la venta: 750.000 euros limpios por el 75% del pase.

Una vez más, Spahn lo hizo…

Si bien es cierto que el margen de maniobra de Unión ya era inexistente porque Soldano quedaba libre, porque si no se vendía ahora y en estas condiciones el resultado hubiera sido peor con la ida del atacante sin dejar un peso, también es muy cierto que Unión empezó a “malvender” a Soldano hace más de un año.

Luis Spahn no fue capaz de construir una relación favorable con el futbolista a lo largo de estos años. Es inexplicable que un jugador como Soldano, luego de convertir 11 goles y con pasaporte comunitario, con proyección hacia el mercado europeo, haya estado 3 meses esperando su anhelada transferencia y sin tener un solo contacto con el presidente. Lo reconoció el propio jugador luego de frustrarse su venta en el receso eterno por el Mundial de Rusia.

Unión terminó acorralado por la falta de conducción de su presidente y por los deseos e intenciones del delantero. Spahn no fue nunca concreto para renovar el contrato de Soldano, especuló siempre con que la transferencia le evitara negociar. Y Soldano no se movió un milímetro de sus pretensiones de dar el salto a Europa y desestimó cualquier otra posibilidad de venta a otros mercados.

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Con la soga al cuello porque Olympiakos se bajaba de la negociación a sabiendas que en breve podía “conversar” directamente con el jugador, con la amenaza latente y concreta de perderlo todo: dinero y futbolista, Luis Spahn volvió sobre sus “peticiones adicionales” para aceptar la propuesta original que se constituyó en otro mal negocio para la institución.

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Así como con Triverio, Malcorra y Gamba, Unión ve como se diluye una nueva posibilidad de superar sus propios límites. No es casual, no es víctima de la “hostilidad del mercado” sino más bien de su propia incapacidad dirigencial. El mayor responsable es el presidente porque se cargó sólo la mochila de la negociación pero también recae en el resto de los dirigentes, es decir, hay responsabilidades por acción y omisión. Pero la realidad indica que Luis Spahn recibió una nueva lección del “mundo del fútbol”, un universo que tiene vida y lógica propia, recovecos que hay que saber transitar y quedó demostrado una vez más que están lejos de su alcance.

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