La mafia de la cárcel: tiros, peleas y disputas entre bandas narco por el negocio de las visitas

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Por domingo entran unos 900 visitantes a la Unidad Penitenciaria N° 11 de Piñero, y llegan a pagar hasta 2000 pesos por el ingreso. Si el familiar no logra comprar un número, dispondrá de poco tiempo con el detenido que va a visitar. “Se paga por tiempo”, reflexiona una mujer que habló en exclusiva con Aire Digital.


Por Germán de los Santos

La mujer de 45 años habla pausado. Pero su tono no demuestra calma, sino todo lo contrario. Está tensa. Mira para todos lados, con una desconfianza que la obliga a estar alerta. Pide que su nombre no aparezca. La invade esa mezcla de miedo e indignación. Por eso decide hablar con Aire Digital y contar una historia que comenzó a supurar durante las últimas semanas, en la que aparecen como protagonistas las bandas narco que controlan el ingreso de las visitas a las cárceles.

Su marido está preso en Piñero, condenado a prisión perpetua. Ella lo conoció en las visitas que hacía al penal hace cuatro años, donde estuvo unas semanas recluido su hijo. “Él lo cuidó y me enamoré”, cuenta.

Ahora piensa casarse con el condenado, al que visita todas las semanas. Hace unos meses el ingreso de los familiares y amigos de los presos empezó a complicarse más de la cuenta en el penal de Piñero, a 30 kilómetros de Rosario.


La Unidad Penitenciaria N° 11 de Piñero se ubica al suroeste de la ciudad de Rosario

La mujer cuenta que ella iba a visitar a su pareja los miércoles, pero tuvo que cambiar al domingo por cuestiones de trabajo. Ahí se topó con un negocio que desconocía: “La mafia de las visitas”, según ella lo cataloga.

Hasta el año pasado, los agentes del Servicio Penitenciario entregaban números por orden de llegada para ordenar el ingreso a la cárcel. Los sábados y domingos concurren entre 1500 y 2000 personas que visitan a sus familiares y amigos que están detenidos.

El sistema cambió en marzo de 2018, cuando el Servicio Penitenciario decidió desentenderse de la entrega de números, luego de que la justicia “tumbara” una disposición que restringía el ingreso de bultos a los penales santafesinos. Esa disposición establecía que las visitas podían entrar con bultos inferiores a dos kilos. Lo que argumentaban desde el Servicio Penitenciario es que cada vez se hacían más complicadas las requisas de las visitas que llevaban todo tipo de cosas a los reclusos. Habían secuestrado teléfonos dentro de ollas de guiso, por ejemplo. Y en esa prisión hay detenidos pesados, como los miembros de la banda de Los Monos, los Funes, Ungaro, entre otros.

Luego de que la jueza Eleonora Verón anulara la medida por 120 días, por pedido del Servicio Público de la Defensa, la Cámara Penal de Rosario avaló la decisión de la magistrada. El Servicio Penitenciario volvió a apelar y ahora la decisión está en manos de la Corte Suprema de Santa Fe.

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Uno de los pasillos interiores de la cárcel de Piñero

La eliminación de la entrega de números de parte de los agentes del Servicio Penitenciario -se sospecha que había efectivos involucrados en maniobras oscuras- abrió un negocio paralelo.

En realidad, esto se transformó en una tercerización del ingreso a la cárcel. Porque el que empezó a dar los números a cambio de dinero fue un grupo de mujeres, vinculadas a presos de peso, como René Ungaro, Claudio Mansilla, alias Morocho, y Claudio Gorosito, alias Pala.

“Hay tarifas fijas. Por ejemplo, si uno quiere entrar un sábado a primera hora tiene que pagar 2000 pesos. Los domingos es más barato. Para conseguir un número entre los primeros 100 hay que pagar 500 pesos”, apunta la mujer.

“Yo llego entre las 2 y 3 de la madrugada. A esa hora podés conseguir un número entre los 100 primeros. Eso te garantiza que puedas ingresar entre las 8 y las 9 de la mañana”, cuenta la pareja del preso.

Por domingo entran unos 900 visitantes a la prisión ubicada a 30 kilómetros de Rosario. Si el familiar no logra comprar un número, dispondrá de poco tiempo con el detenido que va a visitar. Recién podrá entrar entre las 13 y las 14, por lo que sólo podrá estar dentro del penal unas tres horas, porque a las 17 finaliza el horario de visita. “Se paga por tiempo”, reflexiona la mujer.

La disputa

El domingo 11 de agosto pasado desde un auto dispararon contra las personas que hacían a la madrugada la fila para entrar al penal. Dos mujeres resultaron heridas por los balazos. No fueron disparos dirigidos contra alguien en particular, sino al bulto.

Como ocurre desde hace mucho tiempo, los disparos configuran un lenguaje. Las balas buscan expresar algo, como los disparos que quedan marcados en las paredes y puertas de una casa que es atacada.

El fiscal Matías Edery sospechaba de qué se trataba ese ataque, que podría haber terminado con personas muertas. Porque en la investigación de dos crímenes de barrio La Tablada -uno de ellos el de Patricio Patiño, quien fue apuñalado y rematado con un disparo en la cabeza-, en el sur de Rosario, tenían varios teléfonos intervenidos y en las conversaciones aparecía, además del manejo de búnkeres y la usurpación de casas -otro negocio mafioso incipiente desde años-, el manejo del ingreso a la cárcel de Piñero a cambio de dinero, según describió Marcelo Saín, titular del Organismo de Investigación.

El mensaje de los disparos contra el portón de ingreso al penal de Piñero tenía una explicación. El 9 de agosto pasado se produjeron ocho allanamientos en el barrio La Tablada, donde hubo media docena de detenidos y se secuestraron siete armas, unas 300 balas y estupefacientes. Pero a Ramona Ávalos, alias “La Gringa”, no la lograron aprehender. Esta mujer de 43 años logró escapar, y se sospecha que podría haber sido avisada por alguien de la policía.

“La Gringa”, al ser finalmente detenida

Hasta ese fin de semana, “La Gringa”, quien pertenece a la banda de René Ungaro, alias El Brujo, condenado a 13 años de prisión por el crimen de Roberto “Pimpi” Caminos, histórico líder de la barra de Newell’s que fue asesinado en 2010, era la manejaba, con la ayuda de otras mujeres de presos pesados, la venta de números para el ingreso de la visita a la cárcel. Se presume que no sólo ofrecía ese servicio, sino otro más redituable que es el ingreso de drogas y teléfonos a la prisión. Y otro aún más importante que es el correo a presos que están calabozos a resguardo, aislados del resto de la población carcelaria. Hay pistas en la pesquisa de que habría agentes del Servicio Penitenciario implicados en esta trama mafiosa.

¿Por qué atacaron a balazos el ingreso a Piñero? La razón que ven en el Organismo de Investigaciones es que como “La Gringa” no pudo concurrir el sábado 10 de agosto a la cárcel porque estaba prófuga el negocio lo ocupó otro sector de la mafia rosarina, mujeres vinculadas a Alan Funes, perteneciente a una familia que sembró el terror en barrio Municipal en la guerra que libró con el clan Caminos durante los últimos tres años.

El lugar de “La Gringa” fue ocupado por Karen Falcón, una chica flaca de pelo rubio, que está ligada a los Funes. El mensaje de los balazos fue dirigido a ella y a su jefe. Unos días después los investigadores del Ministerio Público de la Acusación, quienes seguían con las escuchas a los involucrados, detectaron que el grupo encabezado por “La Gringa” estaba juntando armas -entre ellas una ametralladora- para emboscar a la gente de Alan Funes, que se había quedado con el negocio de la cárcel. Este desenlace sangriento se logró prevenir con un operativo en La Tablada.

“La Gringa” logró ser detenida el fin de semana pasado en un aguantadero en Capitán Bermúdez, junto a su pareja Claudio Alves. Pero los problemas siguieron en la puerta de la cárcel durante el fin de semana. El domingo, un grupo de mujeres rodeó a Karen Falcón, la delegada de Alan Funes, y la tomaron de su cabellera rubia y arrastraron por el pasto mientras le pegaban patadas. Esto derivó en un conflicto mayor, con enfrentamientos entre los familiares de los presos, mientras los efectivos del Grupo de Operaciones Especiales Penitenciarias (GOEP) miraban de lejos sin intervenir.

Los investigadores están convencidos que este conflicto y la pelea entre bandas que hasta hace poco tiempo fueron aliadas, como los Funes y los Ungaro, no se terminará con la detención de “La Gringa”, sino que temen que el ingreso a la cárcel de Piñero se transforme en un escenario de batalla, que podría repercutir dentro de los pabellones. La previsión es que el próximo domingo se realice un operativo en la puerta de la cárcel como si fuera un partido de fútbol, graficaron en la Justicia, para evitar males mayores.

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