Redacción Aire Digital
Cuco era un perro ya anciano, que tenía 15 años y vivía en la Asociación Protectora de Animales de Vilagarcía de Arousa, en Pontevedra. El pasado sábado 10 de agosto fue encontrado sin vida por una de las voluntarias del lugar. “Se había quedado dormido durante la noche y ya no despertó”, contó Ángeles Cifuentes, presidenta de la fundación.
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Más allá de su fallecimiento, lo llamativo es que sucedió unas horas antes de que muriera su dueña de toda la vida: se trataba de una mujer de 96 años que había pasado los últimos años en una residencia para personas mayores.
“Cuando descubrimos que la propietaria había fallecido por la noche el mismo día que Cuco, nos quedamos impactados, se nos pusieron los pelos de punta. Nosotros creemos que se fue delante de ella para guiarla”, relató Cifuentes. Además, desde la cuenta de Facebook de la asociación compartieron el caso y añadieron que “la dueña del perro lo cuidó hasta que las fuerzas se lo permitieron”.

“Hace un tiempo, Cuco llegó a nosotros. Su humana había ingresado en una residencia y Cuco necesitaba de nuestra ayuda. Ayer, nuestras voluntarias lo encontraron dormido, había emprendido su gran viaje hacia el puente del arcoiris. Hoy nos hemos enterado de que su humana, la mujer que lo cuidó y quiso hasta que le fallaron las fuerzas, había emprendido el mismo viaje. Arriba la han recibido tanto Cuco como todos los gatos a los que cuidó, porque también estaba pendiente de ellos”, indica el texto.
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Los últimos cinco años, el perro había quedado a cargo de un familiar de la mujer, pero ella siempre mantuvo el contacto con Cuco. “La mujer cuidaba muy bien de él así como de una colonia de tres gatos que vivían en la calle”, confirmó Cifuentes.
En febrero, “la persona que se quedó a cargo del perro tras ingresar su dueña en el geriátrico lo trajo a la protectora porque ya no estaba en condiciones para cuidarlo”. Sus cuidadores cuentan que el perro se mostraba tranquilo y sociable, aunque era “un poco cascarrabias” y “le gustaba ladrar”. El perro pronto se adaptó a la protectora, cuyo personal “siente debilidad por los lactantes y los ancianitos”, concluyó Ángeles.



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