Los dinonegacionistas aseguran que la información relativa a los animales prehistóricos es, a lo menos, endeble. Los más radicales piensan que es un invento del Estado para cubrir otras formas de vida secretas.
¿Existieron realmente los dinosaurios?
Desde 2015, una oleada de padres de familia atacó con reclamos agresivos al sistema educativo de Estados Unidos. Desde entonces, los afiliados a esta creencia sin sustento científico denuncian a los dinosaurios como un fraude, diciendo que el contenido relacionado con dinosaurios no es apto para la educación de sus hijos
El fundamento detrás de esta negación se sostiene en la falsa premisa de que los fósiles de dinosaurios son falsos, y fueron creados “para socavar la fe cristiana”. Principalmente, este tipo de afirmaciones proliferaron en el Bible Belt (el Cinturón de la Biblia), una región al sureste de los Estados Unidos, donde el arraigado cristianismo evangélico ha combatido teorías científicas tachándolas de ofensas que dañan los buenos principios.
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Una camada de padres escépticos
Los padres de familia de esta región sureña de Estados Unidos firmaron peticiones apasionadas para que cualquier asunto relacionado a los dinosaurios fuera eliminado de los planes de estudios de sus hijos, sin éxito alguno.
Algunas de estas afirmaciones nacen de las películas con efectos especiales que incluyen dinosaurios diseñados a computadora. El razonamiento es el siguiente: si la industria cinematográfica logró recrear estas formas de vida, ¿por qué no lo vendría haciendo la ciencia desde hace años?
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Una teoría de conspiración más
Estos padres escépticos están convencidos de que cualquier contenido educativo relacionado a los dinosaurios es, simple y llanamente, basura. Más aún: que es una amenaza a la educación cristiana de sus hijos, vulnerables ante las mentiras de la ciencia contemporánea.
El movimiento es relativamente reciente. Como no tiene sustento científico alguno, aquellos que dedican sus vidas al estudio científico de animales prehistóricos sencillamente lo descartan como un movimiento más de la edad posmoderna, sin fundamento alguno, tal y como ocurre con los negacionistas de COVID-19, los antivacunas o tierraplanistas.
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