Redacción Aire Digital
Sus padres, David y Louise Turpin, los castigaban, maltrataban e incluso solo dejaban que se bañaran una vez al año. David y Louise Turpin, fueron sentenciados a cadena perpetua en una corte de California en abril de 2019. En la audiencia de sentencia, dos hijos de la pareja fueron llamados por la Fiscalía porque deseaban decir unas palabras a sus padres. Desde el pódium, dijeron a sus padres que los perdonaban y que los querían mucho aunque uno de ellos dijo que aún tiene pesadillas sobre los maltratos contra sus hermanos. Los Turpin también dirigieron unas palabras hacia sus hijos lamentando lo ocurrido y deseándoles lo mejor.
Ahora están liberados del maltrato que sufrían en la “casa de los horrores” y dicen sentir que “cada día es como un regalo”, esto según las declaraciones que Jack Osborn, abogado y tutor de los hermanos, dio a NBC.
El maltrato que vivían los hermanos Turpin salió a luz cuando una de las adolescentes escapó para hacer una llamada a la policía y denunciar los abusos a los que ella y sus hermanos eran sometidos. Cuando los oficiales llegaron a la dirección que ella les indicó, en efecto encontraron una casa con olores desagradables y en condiciones insalubres.
Pero todo ese calvario quedó en el pasado. Ahora los hermanos mayores viven en una casa de campo en California y los más pequeños están a cargo del condado. Su tutor asegura que están aprendiendo a ser independientes y tener seguridad en sí mismos.
“Les encanta tener su habitación, su espacio en el armario para su ropa, poder usar el baño libremente, comer helado, comer comida mexicana y sobre todo, poder salir a la calle cuando quieran”, dijo el abogado a ABC News.
La grabación de la llamada de emergencia de Jordan Turpin, la adolescente de 17 años que logró escapar de la “casa del horror” en enero de 2017 y que puso fin a su pesadilla y a la de sus hermanos fue clave en el juicio. La joven logró salir por una ventana de la vivienda y llamar al número de emergencias con un celular, había tramao su escape por dos años. Otro de los hermanos escapó con ella pero regresó por miedo.
“Quería llamarlos así pueden ayudar a mis hermanas”, dijo con una voz infantil la menor, de tono agudo. Cuando le pidieron el domicilio, dijo que no lo sabía: “Nunca salí a la calle”.
“A veces me levanto y no puedo respirar de lo sucia que está la casa”, explicaba la joven, que aseguraba no haberse bañado casi en un año y que ella y sus doce hermanos podrían necesitar atención médica.



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