Argentina llegaba de una manera totalmente distinta al partido decisivo, con lesionados y suspendidos. 4 años antes se consagraba en México 1986 al vencer a los teutones por 3 a 2. Un final distinto y triste esperaba en la tarde-noche del Olímpico de Roma.
En la entonación de los himnos, Diego Maradona ya dejaba sus marcas en la historia. Los insultos al aire a los italianos, que los habían recibido hostilmente (distinto al partido disputado en Nápoles), hizo estallar al capitán argentino.
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