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Jorgelina Hiba | Cambio climático | Foro Económico Mundial | Ambiente

Los riesgos ambientales, al tope de las preocupaciones de la elite económica y política global

En Davos (Suiza), referentes empresariales y políticos de todo el mundo identificaron al cambio climático como el mayor reto de la próxima década. En Argentina, la dirigencia mira para otro lado.

No lograr mitigar el cambio climático, no avanzar con rapidez en la adaptación al calentamiento del planeta, mayor recurrencia de eventos de desastres naturales y fenómenos meteorológicos extremos y riesgo de inminente colapso ecológico y pérdida de biodiversidad son los cuatro riesgos más grandes que enfrenta la Humanidad en los 10 próximos años. A eso se suma una crisis de los recursos naturales e incidentes ambientales a gran escala en el top 10 de preocupaciones de la elite económica global, según el último Informe sobre Riesgos Globales del Foro Económico Mundial presentado la semana pasada en la cumbre de Davos, Suiza.

Según el trabajo, la interconexión de los riesgos y crisis mundiales está dando lugar a la amenaza de múltiples crisis o “policrisis” en los próximos años”. Esta preocupación climática de los grandes tomadores de decisión globales -que, como reflexionó Eduardo Gudynas en un artículo publicado esta semana en el semanario uruguayo Brecha “no son ecologistas, sino que están preocupados por el curso de sus negocios”- choca de frente con la escasa percepción de la crisis ecológica en la elite local, que ve en el cuidado del ambiente una supuesta traba al desarrollo y a la llegada de dólares.

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“No hace falta otra ley de política ambiental”, dijeron las entidades gremiales del sector agropecuario hace pocos meses, mientras se debatía el proyecto de una Ley de Humedales. Otra muestra son las perlas que comparte en Twitter el jefe de asesores de Alberto Fernández, Antonio Aracre: “El ambientalismo debe incorporar el concepto de sustentabilidad. Porque somos un país con 40% de pobreza y necesitamos sumar exportaciones y trabajo”, escribió, omitiendo que este porcentaje de pobres y la actual crisis económica no se construyó, justamente, por restricciones ambientalistas al modelo de desarrollo.

Agenda corta y largo plazo

Un inicio de década marcado además por la pandemia y la guerra en Europa abrió la puerta “a una nueva serie de crisis alimentarias y energéticas”. “El riesgo a corto plazo está dominado por la energía, los alimentos, la deuda y las catástrofes, el clima y el desarrollo humano deben estar en el centro de las preocupaciones de los líderes mundiales, incluso mientras luchan contra las crisis actuales. La cooperación es la única forma de avanzar", dijo Saadia Zahidi, directora general del Foro Económico Mundial.

El informe, que usa datos de la Encuesta Mundial de Percepción de Riesgos 2022/2023, señala la crisis del costo de vida (la inflación) como la amenaza más grave a corto plazo, seguido por las catástrofes naturales y los fenómenos meteorológicos extremos. "El mundo se encuentra hoy en un punto de inflexión crítico. El gran número de crisis en curso exige una acción colectiva audaz", dice el reporte, que subraya la naturaleza interconectada de estas crisis y sus riesgos asociados como un peligro particular.

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"Las crisis concurrentes, los riesgos profundamente interconectados y la erosión de la resiliencia están dando lugar al riesgo de ‘policrisis’, donde crisis dispares interactúan de tal manera que el impacto global supera con creces la suma de cada parte", dice el documento.

Cuando los referentes de la elite económica y política mundial fueron consultados con una visión a 10 años, el riesgo de fracasar en la lucha contra el cambio climático aparece como el mayor conjunto de riesgos. Desde la incapacidad para mitigar el cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas, los 4 riesgos más graves para los próximos 10 años son todos medioambientales.

Además, el informe de este año explora cuatro posibles futuros para 2030 sobre la rivalidad por los recursos y las policrisis que podrían surgir como resultado de la competencia por los recursos naturales, una competencia impulsada por riesgos medioambientales, geopolíticos y socioeconómicos interrelacionados.

La desconexión local

“Los más ricos estén preocupados por la temperatura global y las emisiones de gases de efecto invernadero, no porque sean ecologistas, sino porque un grado más puede golpear sus negocios y su seguridad”, escribió en estos días en el artículo “Polémicas globales, ausencias locales” publicado por el semanario uruguayo Brecha Eduardo Gudynas, investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) de Montevideo y analista en temas de desarrollo sostenible.

Si bien Gudynas centra su análisis en Uruguay, lo que dice puede aplicarse sin mayores problemas a la Argentina: “Hay agentes económicos convencionales que rechazan ese o cualquier otro tipo de rectificación del capitalismo y desean preservar mercados liberalizados sin intervención estatal, reniegan de los impuestos, niegan o minimizan el cambio climático y quisieran mantener privatizados los servicios públicos como la educación y la salud. Los animadores más conspicuos son las corporaciones petroleras y mineras, los gigantes del comercio en agroalimentos y los agroquímicos, todos ellos particularmente visibles en América Latina”.

Por amor o por espanto, la elite del norte está preocupada por lo que la crisis ecológica global significa para la propia supervivencia del capitalismo del siglo XXI. Por negocios o por ceguera, la elite del sur no ve esa crisis, o directamente la niega. “Parecería que todo nuestro elenco partidario aborda las coyunturas con las mentalidades del siglo pasado y sigue sin entender el siglo XXI. No faltarán los que retruquen que considerar la reforma o el colapso del capitalismo expresa vocabularios e ideas pasadas de moda, pero esa es, justamente, la discusión que debemos iniciar. Otros ya lo están haciendo”, concluye el investigador.