Sequías inéditas, lluvias repentinas, olas de calor recargadas y cada vez más frecuentes: la crisis climática generada por el calentamiento de la atmósfera por las emisiones contaminantes de las actividades humanas tensiona como nunca antes a la naturaleza y a la infraestructura verde de las ciudades.
El arbolado urbano, en muchos casos pensado o diseñado hace décadas, en otro escenario climático, padece las consecuencias del clima extremo y se ofrece, a la vez, como una de las soluciones al alcance de la mano para que los grandes centros urbanos sigan siendo vivibles.
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En el trabajo “Urban forest facing climate risk” publicado en septiembre del año pasado en la muy prestigiosa revista científica internacional Nature, investigadores de diferentes países evaluaron el impacto probable del calentamiento global en los árboles plantados a lo largo de las calles y parques plantados en 164 ciudades en 78 países.
Su conclusión: más de la mitad de las especies de árboles ya están en riesgo en algunas ciudades debido al aumento de las temperaturas y los cambios en las precipitaciones. Y para 2050, se prevé que esta proporción aumente hasta alcanzar entre el 70% y el 80%.
“La crisis climática hará más difícil la vida diaria en las ciudades y poder moderar ese impacto dependerá en gran medida de la conservación del verde urbano”, explicó César Massi, naturalista y viverista experto en vegetación nativa.
Una tendencia mundial
Existe muchísima literatura científica que explica los beneficios de un arbolado urbano en buena salud: además de brindar sombra fresca y potenciar la biodiversidad, pueden mejorar la salud física y mental de los pobladores, son importantes en la integración social y ayudan a mitigar los efectos del aumento de la temperatura y la contaminación sonora y visual.
Esta gran lista de beneficios ecosistémicos que proporcionan los árboles en las ciudades está amenazada por el calentamiento del planeta, según el estudio publicado en Nature. Allí se afirma que existen en la actualidad más de 1.000 especies en riesgo de desaparecer: según esa investigación, el 56% de las especies estudiadas experimentan condiciones climáticas que superan sus márgenes de seguridad de temperatura, mientras que hasta el 65% de las especies experimenta algo parecido por las precipitaciones.
Según detalló en un parte de prensa el autor principal del estudio, Manuel Esperón-Rodríguez (Universidad de Sydney Occidental, Australia), esto no quiere decir que esas especies vayan a morir, sino que podrían estar experimentando condiciones climáticas estresantes “que pueden afectar su salud y desempeño, lo que pone en riesgo la provisión de los múltiples beneficios y servicios que proveen los bosques urbanos”.
El trabajo académico detalla que las especies comunes de ciruelos, robles, arces, álamos, olmos, pinos, tilos, zarzos, eucaliptos y castaños se encuentran entre las especies que han sido señaladas en riesgo debido al cambio climático en la mayoría de las ciudades.
El panorama regional
César Massi, quien trabajó muchos años en el vivero de plantas nativas de la municipalidad de Rosario y ahora tiene su propio emprendimiento “El tala”, en la localidad de Bigand, recordó que en los últimos seis años la región atravesó cuatro eventos ENSO-Niña con altísimas temperaturas (los veranos 2017/2018, 2020/2021, 2021/2022 y 2022/ 2023) y numerosas olas de calor.
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“Esto no solo impacta en la vida de las personas, sino en la salud del espacio público y particularmente del arbolado acelerando su deterioro, dañando algunas especies por estrés hídrico y bajando drásticamente la supervivencia de los nuevos ejemplares que se plantan” dijo el especialista, quien agregó que “se espera que estos fenómenos empeoren y que el arbolado urbano quede expuesto no solo a más altas temperaturas o sequía, también a vientos y lluvias más intensas”.
En el caso del arbolado de alineación, una característica propia de las grandes ciudades, destacó que los ejemplares también sufren cada vez más daños por el avance de la construcción y el trabajo en la infraestructura subterránea. “Crecen la poda reiterada de raíces y los huecos que empiezan a generarse en las alineaciones, al mismo tiempo aumenta la necesidad de sombra y de minimizar los efectos de isla de calor, con lo cual la planificación del arbolado a futuro es central para sortear estos desafíos”, dijo.
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