El presidente y candidato liberal Emmanuel Macron y la referente de la ultraderecha Marine Le Pen protagonizarán mañana un crucial debate televisivo a cinco días del balotaje en Francia, que se perfila reñido y frente al cual el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon llamó a no abstenerse e, implícitamente, votar al mandatario.
Si bien la candidata de Agrupación Nacional (RN) acortó distancias respecto del duelo de 2017, cuando Macron alcanzó el 66,1% de los votos, frente al 33,9%, ahora los sondeos vuelven a dar como ganador al aspirante de centroderecha con entre un 53 y 55,5% de los sufragios, frente a entre un 44,5 y 47% para Le Pen.
"Prepararé el debate desde mi casa de forma normal, como hago para todas las emisiones", anticipó Le Pen, quien ayer se dio un baño de multitudes en Normandía antes de encarar la recta final de su tercera campaña presidencial.
Mélenchon, el candidato de Francia Insumisa, tercera fuerza política en la primera vuelta, instó a su electorado a no abstenerse en la segunda vuelta, a no conceder "ni un solo voto a Le Pen" y sí bien se manifestó en favor de Macron, lo hizo con reservas y sin ahorrar duras críticas contra el gobernante.
"No se abstengan, sigan siendo actores de esta historia", propuso Mélenchon en una entrevista para la cadena de televisión BFM, donde pidió que tampoco voten por Le Pen, con lo que dejó de forma implícita la única opción de apoyar a Macron.
Tras una consulta interna entre más de 200.000 personas que apoyaron la candidatura de Mélenchon, dos tercios pedían votar en blanco, nulo o abstenerse en el balotaje, mientras que el tercio restante abogó por votar al centrista. Para intentar convencerlos, Macron ya dio un paso atrás en su propuesta estrella -impopular entre los votantes de izquierda- de retrasar la edad de jubilación de 62 a 65 años. Un día después de la primera vuelta se dijo abierto a retrasarla solo hasta los 64 años.
El debate de mañana estará conducido por los periodistas de la televisión privada TF1 Gilles Bouleau y de la pública France 2 Léa Salamé, y será el primero de Macron, que rechazó debatir con sus rivales de la primera vuelta del domingo 10 de abril. Ambos finalistas quieren atraer a los votantes de Mélenchon, quien tuvo una excelente y sorpresiva performance al quedar a la puertas del balotaje con casi un 22% de votos.
Le Pen cambió su estrategia, tras el error cometido en el debate de 2017, que representó una debacle para la candidata de ultraderecha, a la que se le reprochó su "agresividad" y "su falta de preparación". Días después, reconoció un "error estratégico", un mea culpa que reiteró en la actual campaña.
Por su parte, Macron aprovechó el Lunes de Pascua, feriado en Francia, para conceder tres entrevistas en radio y televisión, en las que llamó a combatir la abstención y agitó el espectro de las consecuencias de la llegada de la extrema derecha al poder. "Piensen en lo que decían los ciudadanos británicos unas horas antes del Brexit o en Estados Unidos antes de la votación por (Donald) Trump: 'No voy a ir, qué sentido tiene?' Puedo decirles que al día siguiente se arrepintieron", dijo el actual mandatario en la cadena France 5.
Además, el candidato de La República en Marcha (LREM), de 44 años, se esfuerza en resucitar la imagen de radical de la heredera del Frente Nacional, que logró difuminar durante la primera vuelta al evitar poner el foco en temas como la migración o la seguridad. Tras una primera vuelta con perfil bajo y en la que se presentó como la defensora del poder adquisitivo, Le Pen, de 53 años, busca ahora tranquilizar a los franceses sobre su eventual gobierno, asegurando que dirigirá Francia como "una madre de familia".
La mayoría de candidatos derrotados en la primera vuelta llamaron a votar por el presidenciable de LREM o contra Le Pen, quien sumó el rechazo de sindicatos, deportistas, actores.
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