Por Andrea Romanos
El huracán Dorian sigue avanzando por el Atlántico en dirección a la costa estadounidense. En su paso furioso por Bahamas dejó un rastro que lo hace temer: inundaciones, coches destrozados, casas devastadas, zonas sin comunicación y hasta una víctima mortal.
A pesar de que el huracán se debilitó ligeramente este lunes, disminuyendo de la categoría 5 a la 4, todavía se mantienen en alerta los estados de Florida, Georgia y Carolina del Sur, donde se obligó a un millón de personas a evacuar sus hogares.
Ante el fuerte fenómeno, los habitantes de estas zonas temen –comprensiblemente– la visita de Dorian. Sin embargo, si se atiende sólo al impacto sobre el ecosistema, los expertos apuntan a que este tipo de huracanes pueden llegar a tener algunos efectos beneficiosos.
Un estudio dado a conocer por la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) ya resaltó en 2011 que algunos lugares tradicionalmente secos pueden beneficiarse de la caída de fuertes lluvias que ayuden a nutrir sus tierras. La evidencia recopilada desde entonces ha fortalecido esta tesis.
Los huracanes son, de hecho, fenómenos que se forman en zonas tropicales donde se transfieren enormes cantidades de energía desde el agua caliente del océano hasta la atmósfera. El aumento de la temperatura de las aguas puede deberse muchas veces a la contaminación, con lo que el levantamiento de un huracán actúa como un sistema de protección y enfriamiento del planeta, de forma que se regulan las temperaturas.
A veces, la lluvia que deja una precipitación tropical donde hay escasez y puede terminar con largas sequías, de modo que hasta los agricultores pueden beneficiarse de ellas. También traen precipitaciones a zonas áridas y proporcionan cierta humedad a lugares donde hay desierto.
La humedad, a su vez, contribuye a mantener verdes y vivas las zonas boscosas y sobre ellas el viento también surte un buen efecto. Los vientos fuertes pueden ayudar a que caigan naturalmente los árboles enfermos allí donde hay mucha densidad forestal, de manera que se regenere la vegetación de la zona.
Algo parecido ocurre con la vida marina: el movimiento que las fuertes tormentas tropicales provocan en el mar agita el océano hasta el punto en que ayudan a eliminar bacterias acumuladas en sus aguas. Asimismo, los vientos intensos son capaces de oxigenar el agua de la superficie, ayudando a que florezcan los ecosistemas.
Huracán Dorian ya es categoría 5, en éste momento está azotando Las Bahamas con vientos sostenidos sobre los 300 km/h. #Prayforthebahamas #Dorian #HuracanDorian pic.twitter.com/zRYxBsLrJA
— Keylin Acosta (@KeylinAcosta) September 1, 2019
También son los huracanes los que contribuyen a la formación de “islas barrera”, acumulaciones de arena, sedimentos del océano y nutrientes que restauran y protegen a las líneas de la costa de la erosión. La fuerza de las tormentas ayuda a su formación y también a preservar los corales, donde habitan multitud de especies marinas que los necesitan para vivir.
Por último, los ciclones a menudo tienen un impacto sobre el florecimiento de vegetales en las zonas por donde pasaron. Esto se debe a que con el viento y la lluvia las esporas y semillas vuelven al interior de la tierra, con lo cual después de estos fenómenos luego suele observarse cómo aparecen nuevos brotes.
Te puede interesar







Dejá tu comentario