La Unión Europea avanzó este viernes con la aprobación del acuerdo comercial con el Mercosur, un entendimiento que demandó más de dos décadas de negociaciones y que busca profundizar el intercambio entre ambos bloques.
La decisión, adoptada por una mayoría calificada de los Estados miembros, habilita a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a viajar a Asunción para la firma formal del acuerdo con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Según el cronograma previsto, ese paso podría concretarse el próximo lunes.
El respaldo al tratado se alcanzó pese a la resistencia de algunos países, entre ellos Francia, Polonia e Irlanda. Un factor clave para destrabar la votación fue el cambio de postura de Italia, que semanas atrás había acompañado el rechazo impulsado por París, pero que en esta oportunidad consideró que el pacto ofrece beneficios estratégicos y económicos para Europa.
Aunque la firma marque un hito político, el acuerdo no entrará en vigencia de manera inmediata. Para ello, deberá superar una instancia decisiva: la aprobación del Parlamento Europeo. Allí el escenario aparece abierto, ya que un grupo significativo de eurodiputados anticipó que podría recurrir a instancias judiciales para frenar su implementación.
Las conversaciones entre la Unión Europea y el Mercosur comenzaron en 1999 con el objetivo de conformar una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, que abarcaría a más de 700 millones de consumidores. El texto prevé la eliminación de aranceles para más del 90% del intercambio bilateral.
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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
En los últimos meses, el proceso estuvo atravesado por una creciente tensión interna dentro del bloque europeo. En Francia, el sector agropecuario encabezó protestas contra el acuerdo, al advertir que la apertura comercial podría afectar a los productores locales frente al ingreso de bienes sudamericanos más competitivos.
Los críticos del pacto sostienen que las diferencias en las normas de producción podrían generar desequilibrios en el mercado europeo, en especial en rubros como la carne, el arroz, la miel o la soja. A cambio, el Mercosur ampliaría el acceso para productos industriales y agroalimentarios europeos, como vehículos, maquinaria, quesos y vinos.
Desde la vereda opuesta, países como España y Alemania consideran que el acuerdo es una herramienta clave para diversificar las exportaciones europeas en un contexto global marcado por la competencia de China y las políticas comerciales de Estados Unidos.
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Los representantes del Mercosur.
En paralelo a las negociaciones, la Comisión Europea incorporó una serie de salvaguardas para atender las demandas del sector agrícola. Entre ellas, se establecieron límites a los cupos de productos latinoamericanos que ingresarán sin aranceles y mecanismos de intervención ante eventuales distorsiones del mercado.
Además, se incluyó la posibilidad de iniciar investigaciones si los precios de importación desde el Mercosur resultan significativamente más bajos que los europeos y si el volumen de ingreso supera determinados umbrales, una herramienta pensada para responder a escenarios de impacto económico negativo.
Con la aprobación política ya concretada, el futuro del acuerdo quedará ahora en manos del debate parlamentario, una instancia que promete ser tan intensa como las negociaciones que llevaron hasta aquí.