La misma tuvo un notable auge en la I Guerra Mundial y, concluida la misma, se multiplicaron los intentos por establecer distintos récords con estas novedosas máquinas, las que mejoraban sus prestaciones sostenidamente.
Por caso, entre el 20 y el 21 de mayo de 1927, Charles Lindbergh se convirtió en el primer hombre que cruzó solo el Atlántico al unir Nueva York y París en 33 horas y 32 minutos, volando sin interrupción 3600 millas (unos 6670 kilómetros), que hacen parecer insignificantes los 37 metros que, durante 12 segundos, Orville Wright había completado casi 24 años antes.
Asimismo, otra de las marcas que se perseguían era la del vuelo más largo sin aterrizar. La primera que se estableció fue la lograda entre el 27 y 28 de agosto de 1923 por el capitán Lowell H. Smith y el teniente John Paul Richter en el aeródromo de Rockwell Field, California, a bordo de un biplano Airco DH-4B y, realizando el primer reabastecimiento en el aire de la historia, volaron un día 13 horas 15 minutos y 14 segundos.
Entre el 13 y 30 de julio de 1929, el nuevo récord quedó en manos de Dale Jackson y Forest O'Brine quienes, con un Curtiss Robin, estuvieron 17 días 12 horas y 17 minutos sobre los cielos de St. Louis, Missouri.
Y esta es, precisamente, la marca que cuatro hermanos intentarían batir al año siguiente. Temerarios, aventureros y pioneros de la aviación de su tiempo, Albert, John, Walter y Kenneth Hunter lograrían un registro que, más de 90 años después de haberlo alcanzado, sigue siendo un ejemplo de cooperación y trabajo en equipo entre los miembros de una familia, ya que a las mujeres de la misma también les cupo aportes clave para poder conseguirlo.
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John (izquierda) y Kenneth Hunter establecieron el por entonces récord mundial de vuelo ininterrumpido entre el miércoles 11 de junio y el viernes 4 de julio de 1930, sobre el aeropuerto Sky Harbor en Northbrook, Illinois, con un registro de 553 horas, 41 minutos y 30 segundos, que equivalen a 23 días sin aterrizar.
Nacidos para volar
Albert (nacido en 1896), Mabel (1899), Irene (1901), John Alexander (1903), Walter (1906) y Kenneth (1908, a quien todos llamaban Beans –Frijoles, por su delgadez–), eran los seis hijos de los granjeros Alexander Hunter e Ida Jane Blair, y todos habían nacido en Six Mile Prairie, una zona rural de Cutler, Illinois. El padre murió en un accidente en el río Big Muddy en julio de 1912 y, para ayudar a mantener a la familia, los mayores debieron salir a trabajar.
Albert tenía 15 años cuando se incorporó al taller de la empresa Ford en Sparta, a 20 kilómetros de donde residían –también lo haría en las minas de carbón de Roseboro–, mientras que Mabel, de apenas 11, comenzaría a hacerlo en horario nocturno como operadora de la compañía telefónica del mismo pueblo.
En 1915, la familia se radicó en Sparta, donde los hermanos varones –que ya integraban las cuadrillas de la mina de carbón de Moffat– ganarían notoriedad rápidamente por sus acrobacias conduciendo motos. En marzo, cuando la mina despedía a la mayoría de los trabajadores, los cuatro iban en sus motos hacia St. Louis y las cambiaban por modelos más nuevos y potentes.
A principios de junio de 1924 y, en uno de estos viajes, pasaron por lo que actualmente es el Aeropuerto Internacional Lambert, en St. Louis, donde vieron varios biplanos de cabina abierta estacionados junto a la planta de la Robertson Aircraft Corporation y, literalmente, fue amor a primera vista: en vez de cambiar sus motos, decidieron comprar un avión y aprender a volarlo.
Era un J-1 Army de la I Guerra Mundial y, al convertirlo para el uso civil, se le reemplazó el motor Hall-Scott de 100 HP por un V8 Hispano-Suizo, refrigerado por agua, de 150 HP. Los hermanos lo bautizaron Old Hisso (Viejo Silbido).
Los Hunter resolvieron que John se quedara en el aeródromo y aprendiera a volar la aeronave, mientras los otros tres hermanos regresaron a Sparta. Al día siguiente y, después de solo 90 minutos de instrucción, John voló guiándose por los caminos y, el aterrizaje (por así llamarlo) en un campo de pastura de animales en Tilden, cerca de Sparta, no fue el mejor: al hacerlo con viento cruzado, dañó el tren de aterrizaje y la hélice, aunque resultó ileso.
Con el avión ya reparado, Harlan A. Gurney –conocido como Bud– les enseñó a volar a cinco de los Hunter –ya que, además de los varones, Irene también se convertiría en piloto– y, durante las semanas siguientes, los habitantes de Sparta presenciaron casi a diario los vuelos de los hermanos Hunter y las acrobacias aéreas que aprendieron a realizar.
Poco después compraron dos aviones más y comenzaron a presentar un espectáculo llamado The Hunter Flying Circus (El circo volador de los Hunter) aunque, también, se los conoció como The Birds from Egypt (Los pájaros de Egipto). Sus actuaciones iniciales tuvieron lugar del 9 al 13 de septiembre de 1924 en la Feria del condado de Jersey, en Jerseyville, Illinois y, del 16 al 19 del mismo mes, en la Feria del condado de Randolph, en Sparta.
El show consistía en caminar sobre las alas, saltos en paracaídas y cambiar de un avión a otro en el aire –todas estas actividades eran realizadas por Herbert Budd, mecánico de los aviones de los Hunter–, loopings y otras arriesgadas acrobacias. Además del espectáculo aéreo, también realizaban vuelos de bautismo, de una duración de entre siete y diez minutos, cuyo costo era de 3 dólares.
Un artículo periodístico de la época describió al espectáculo como una "atrevida exhibición de vodevil aéreo", que incluía "casi todo lo conocido en el mundo aeronáutico”. Además, se hicieron buenos amigos de Charles Lindbergh, que se convertiría en el aviador más famoso de su tiempo.
Huelga decir que, en esa época, volar era una actividad extremadamente riesgosa y, los Hunter, protagonizaron varios accidentes. En 1924, Charles Exiter, quien trabajaba con ellos en las acrobacias aéreas, murió en Brookville, Indiana, por el impacto que recibió en un aterrizaje forzoso que debió efectuar Albert tras plantársele el motor a 200 pies (60 metros); al año siguiente, Grace Lamar y Pearl Baysinger, dos niñas que realizaban un vuelo de bautismo con John –quien sufriría quemaduras en sus manos–, murieron carbonizadas cuando el avión se estrelló poco después de despegar de Cape Girardeau, Missouri.
Ese mismo año, Kenneth se fracturó la muñeca izquierda y sufrió politraumatismos tras saltar en paracaídas en una feria del condado de Sparta y, en mayo de 1928, John, Mabel e Irene lograron escapar de un avión en llamas al norte del mismo pueblo.
Desde 1926, John y Walter Hunter estaban contratados por la Robertson Aircraft Corporation –por recomendación de Lindbergh, que era el piloto principal de este emprendimiento– para vuelos del servicio de correo aéreo entre St. Louis y Chicago a través de Springfield y Peoria.
En esa época, los pilotos de correos aéreos volaban en contacto visual con el suelo, en toda clase de condiciones meteorológicas, buenas y malas y, los informes del clima, no eran fiables. A menudo, los vuelos que comenzaban con buen tiempo terminaban con malas condiciones, o niebla. No existía la comunicación por radio con los aeropuertos y, las pistas de aterrizaje, eran terrenos poco preparados y solo contaban con una manga de viento.
Tiempo después, John voló la ruta de St. Louis, Evansville, Indiana y Chicago, mientras que Walter hizo lo propio con la de St. Louis a Chicago. Por su parte, Kenneth Hunter trabajaba en un aeropuerto de South Bend, Indiana, como instructor de vuelo.
El primer intento de lograr el récord
Entre el 1 y el 7 de enero de 1929, el comandante del Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos, general Carl Spaatz, junto con el capitán Ira Eaker, el primer teniente Harry A. Halverson, el segundo teniente Elwood Quesada, y el sargento Roy W. Hooe permanecieron en vuelo durante 6 días 15 horas y 40 minutos sobre el aeropuerto de Van Nuys, california, con un trimotor Fokker C-2A llamado Question Mark (Signo de interrogación) y, para lograrlo, realizaron 42 reabastecimientos en el aire.
Entre mayo y julio del mismo año este registro fue batido cuatro veces y, el último récord, establecido entre el 13 y 30 de julio de 1929, quedó en poder de Dale Jackson y Forest O'Brine quienes, con un Curtiss Robin, estuvieron 17 días 12 horas y 17 minutos sobre los cielos de St. Louis, Missouri.
Los Hunter –aventureros natos, y con sobrada experiencia de vuelo– buscaron quebrar esta marca y, a partir de las 6.52 del 30 de septiembre de 1929, John y Kenneth, piloteando un Stinson SM-1 Detroiter llamado Chicago We Will, despegaron desde Chicago para intentar superar el récord de Jackson y O'Brine.
Permanecieron en el aire durante 11 días (fueron 264 horas en total) pero, debido a una intensa niebla que hizo imposible el reabastecimiento (que estaba a cargo de Albert y Walter, en un avión similar, llamado Big Ben, que transportaba combustible, aceite y suministros varios), debieron cancelar el intento.
La marca mundial de los Hunter
A pesar de esto, los Hunter no se desanimaron y, al año siguiente, fueron por el ansiado récord mundial. El diario Daily Independent escribió que “la opinión en los alrededores de Sparta, donde se criaron los Hunter y obtuvieron su primera experiencia de vuelo, es que si alguien puede establecer un nuevo récord de resistencia, ellos lo harán”.
El avión que se utilizaría –ahora rebautizado como City of Chicago–, un Stinson SM-1 Detroiter, era el mismo del intento del año anterior. Era un monoplano de ala alta con capacidad para cuatro pasajeros, más dos pilotos. Medía 10 metros de largo y, su envergadura (la distancia entre las puntas de cada ala), era de 14,22 metros.
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El avión que utilizaron –llamado City of Chicago–, era un Stinson SM-1 Detroiter, un monoplano de ala alta que medía 10 metros de largo, con una envergadura de 14,22 metros. Su peso máximo de despegue era de 1580 kilos (3483 libras), estaba impulsado por un motor radial Wright J-6 de 300 HP y, su velocidad crucero, orillaba los 200 km/h (unos 108 nudos). Nótese a Kenneth Hunter fuera de la cabina, haciendo ajustes en el motor.
Su peso máximo de despegue era de 1580 kilos (3483 libras), estaba impulsado por un motor radial Wright J-6 de 300 HP y, su velocidad crucero, orillaba los 200 km/h (unos 108 nudos). Para alivianar su peso y ganar espacio para poder acostarse a dormir y transportar distintos artículos personales, junto con insumos y repuestos para el vuelo, se retiraron todos los asientos, exceptos los del piloto y el copiloto.
Durante más de tres semanas, los hermanos “vivirían” en esa cabina, donde dormirían (cuando y como pudieran), comerían, se asearían (por así decirlo) y hasta harían sus necesidades en un lugar extremadamente reducido.
El miércoles 11 de junio de 1930, John y Kenneth Hunter despegaron del aeropuerto Sky Harbor de Northbrook, Illinois, y comenzaron el vuelo que haría historia. Un artículo del Chicago Daily News del 13 de junio fue la primera mención del intento de establecer el récord y, al igual que el año anterior, Albert y Walter volarían el Big Ben, el avión de reabastecimiento de combustible.
Inicialmente, esta actividad se realizó cada seis horas pero, después de una semana en el aire, el reabastecimiento comenzó a hacerse cada tres, debido a una fuga en uno de los tanques de combustible del City of Chicago. En cada contacto entre ambos aviones, el Big Ben les proporcionaba carburante, aceite, comida caliente y ropa limpia a John y Kenneth, quienes se turnaban para dormir y estar al mando de la aeronave.
Incluso, en distintas ocasiones, uno de los dos salía del cockpit (aunque generalmente era Kenneth) y se deslizaba sobre un soporte que se fijó en el fuselaje –desde la cabina hasta la nariz del avión–, para cambiar las bujías, reponer el aceite y ajustar los pernos del motor.
Su madre, Ida Jane, y su hermana Irene lavaban a diario la ropa y preparaban sus comidas pero, Mabel, no pudo ser parte de los esfuerzos de la familia: estaba hospitalizada en Chicago ya que padecía tuberculosis.
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Mientras John y Kenneth iban por el récord mundial, fueron apoyados por sus hermanos Albert (izquierda), Irene y Walter. Los varones volaron un avión llamado Big Ben, desde donde les proporcionaron combustible, aceite y repuestos, además de comida caliente y ropa limpia, tarea que realizaban Irene y su madre, Ida Jane.
La comunicación entre el avión del intento del récord y el grupo de apoyo en el aeródromo se realizó mediante el intercambio de notas. En una de ellas, John y Kenneth le pidieron a su hermana Irene que les preparara “más panchos y huevos duros y menos pato y pollo de lujo”.
A medida que el vuelo de los hermanos Hunter se acercaba al récord establecido por Dale Jackson y Forrest O'Brine, comenzó a atraer cada vez más atención. Los artículos publicados en los diarios de Chicago hicieron que numeroso público visitara el aeropuerto Sky Harbor para presenciar el intento por batir la marca mundial.
Finalmente, el domingo 29 de junio de 1930 el City of Chicago superó el récord de resistencia. John, que en ese momento estaba al mando del avión, descendió y efectuó un vuelo rasante sobre el aeropuerto Sky Harbor –con su hermano Kenneth de pie en la pasarela saludando a una multitud estimada en 75.000 personas–, ante la mirada de su madre, Ida Jane. Cuando algunos funcionarios del aeródromo creyeron que estaba mareada y, por eso, quisieron buscar un médico para que la atendiera, Albert, uno de los hermanos que volaba el avión de reabastecimiento, le dijo: “Tráiganle una silla y déjenla que se siente. Ella ya vio cosas como esta antes”.
Hasta que el viernes 4 de julio de 1930, día de la Independencia de los Estados Unidos, los hermanos John y Kenneth Hunter aterrizaron después de haber estado en el aire durante 553 horas 41 minutos y 30 segundos (equivalentes a 23 días), estableciendo un nuevo récord mundial de vuelo ininterrumpido.
Podrían haber seguido más horas en el aire, pero habían tenido dificultades mecánicas todo ese día, ya que el motor presentó una fuerte pérdida de aceite que, incluso, se derramó sobre sus rostros. Como el impulsor comenzó a recalentarse por la falta de lubricante, John y Kenneth decidieron dar por terminado el vuelo antes de que se les plantara.
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Inicialmente, el reabastecimiento entre el Big Ben (arriba) y el avión del intento del récord (abajo) se realizó cada seis horas pero, después de una semana en el aire, comenzó a hacerse cada tres, debido a una fuga en uno de los tanques de combustible del City of Chicago.
Cuando el City of Chicago aterrizó en el aeropuerto de Sky Harbor y rodó por la pista, una verdadera multitud corrió hacia el avión, y, por eso, John se dirigió directamente hacia el hangar donde fueron recibidos, entre otros, por el alcalde de Sparta.
En el lugar hablaron por distintas cadenas de radio y, luego, junto con Albert y Walter, más su madre y su hermana Irene, fueron llevados en una larga caravana de autos al Hotel Sherman en Chicago, donde John y Kenneth disfrutaron de su primer baño en más de tres semanas.
Haber registrado el récord mundial significó fama y gran atención de los medios para los hermanos Hunter ya que, durante su intento de 1929, la prensa ni siquiera supo los nombres de John y Kenneth hasta que terminó el vuelo.
Por eso, para el de 1930 los cuatro hermanos contrataron a un encargado de prensa para que los ayudara con los aspectos comerciales y publicitarios del vuelo. Así fue que Will Rogers, un famoso actor, escritor y entusiasta de la aviación de la época, atrajo la atención nacional cuando voló en el avión de reabastecimiento durante el intento y, una vez que establecieron el nuevo récord, también organizó en Chicago un banquete para los hermanos.
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En distintas ocasiones, tanto John como Kenneth salían del cockpit (aunque generalmente era este último, foto) y se deslizaban sobre un soporte que se fijó en el fuselaje –desde la cabina hasta la nariz del avión–, para cambiar las bujías, reponer el aceite y ajustar los pernos del motor.
Además, diarios y programas de radio de todo el mundo entrevistaron a los miembros de la familia, los que se presentaron varias veces en el escenario del The Palace Theatre de Chicago para contar historias sobre su hazaña.
Hollywood también los llamó: los hermanos firmaron un contrato con United Artists para una película que sería producida por Howard Hughes –el multimillonario cuya vida se retrató en la película El aviador, protagonizada por Leonardo DiCaprio– y Sid Grauman aunque, finalmente, el filme no se hizo.
Sin embargo, las imágenes del vuelo real fueron capturadas por cámaras de noticieros y proyectadas en todo el país y, los residentes de Sparta, pudieron por primera vez pocas semanas después de que terminara el vuelo.
Por otra parte, el vuelo que estableció la nueva marca mundial resultó rentable para la familia Hunter. Además de proporcionar el combustible y el aceite para el vuelo de resistencia, la Deep Rock Oil Company les pagó a los Hunter un estimado de 10.000 dólares, y recibieron otros 7000 por parte de una empresa extractora de malta que patrocinó la transmisión radial realizada durante el vuelo de resistencia.
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Una vez logrado el récord mundial, los hermanos posaron para los medios de prensa del país. En el centro, Kenneth y John (con la ropa sucia de aceite), los que establecieron la nueva marca y, en ambos extremos, Albert y Walter, quienes los reabastecieron durante 23 días.
También embolsaron una parte de lo recaudado por los tickets de ingreso al aeropuerto de Sky Harbor, calculada en unos 3000 dólares, y recibieron muchos otros obsequios de varios comerciantes, además de un flamante motor Wright J6 para el City of Chicago.
El 24 de diciembre de 1930, John Hunter voló con este avión sobre Sparta con cuatro pasajeros: una novia (Ruth Rankin), un novio (Miller Stephenson), un padrino (Wallace Stephenson, primo de Miller) y un ministro religioso (el reverendo James C. Murdock, de la Primera Iglesia Presbiteriana de esta localidad). ¿Y qué hicieron? Se casaron en vuelo.
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Este fue el registro que John y Kenneth Hunter confeccionaron cada media hora con el control de las RPM del motor, presión y temperatura del aceite, velocidad y altitud del avión, y fue realizado el viernes 4 de julio de 1930, el último día del vuelo en que establecieron el nuevo récord mundial.
El destino trágico de tres de los hermanos
Después de establecer el récord mundial de permanencia en el aire, a los cuatro hermanos les fue adjudicada una ruta de correo aéreo en el medio oeste del país, y que esperaban que fuera la base para una futura aerolínea, lo que finalmente nunca se concretaría.
Asimismo, la pasión de los Hunter por la actividad aeronáutica los llevó a encabezar una campaña para que se construyera un aeródromo permanente en Sparta. El domingo 17 de mayo de 1931 se inauguró oficialmente Hunter Field, ubicado 10 kilómetros al norte de la localidad y, a la fecha, es la principal aeroestación en el condado de Randolph, constituyendo la base para la operación de vuelos de helicópteros médicos de emergencia, cargas aéreas y servicios de fumigación. La inauguración del aeródromo se celebró con un show de acrobacias aéreas y la exhibición de tres de los aviones de los Hunter, incluido el City of Chicago.
Pero –valga reiterarlo– por más célebres y famosos que fueran, su tarea como pilotos continuaba siendo riesgosa y, tres de los hermanos, perderían la vida en otros tantos accidentes.
En 1932, John Hunter fue contratado para operar la ruta de correo aéreo desde Nueva Orleans a Pilottown, Louisiana y, para ello, compró varios aviones anfibios. El domingo 29 de junio de ese año, John y su hermano Kenneth despegaron desde Chester en sendas aeronaves de este tipo con rumbo a Nueva Orleans: el primero volaba un Ireland N- 1B Neptune propulsado por un motor Curtiss Wright J-5 de 220 HP con una hélice de empuje (es decir, ubicada detrás del motor) y, el segundo, estaba al mando de un Eastman E-2 Sea Rover con un motor Curtiss Challenger de 185 HP y una hélice tractora (fijada delante del impulsor).
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Los cinco hermanos Hunter que, trabajando en equipo, lograron que dos de ellos establecieran el por entonces récord mundial de vuelo ininterrumpido (que se mantuvo vigente durante cinco años), mientras los otros tres (más su madre), los reabastecieron y alimentaron durante los 23 días del vuelo. Desde la izquierda, Albert, John, Irene, Kenneth y Walter, posan frente al City of Chicago, el avión que voló 23 días sin aterrizar.
Acuatizaron en Rosedale, Mississippi, sobre el río homónimo, para reabastecerse de combustible pero, como se desató una fuerte tormenta, debieron pasar la noche en la citada localidad. Cerca de las 6 del día siguiente, se prepararon para reanudar su viaje a Nueva Orleans y, después de poner en marcha el motor de su avión, John salió de la cabina para desatar la cola del mismo del muelle. En ese momento fue golpeado en la cabeza por la hélice de empuje y cayó al río. Su cuerpo recién pudo ser recuperado un día después de su trágica muerte. Tenía 29 años.
Su funeral, que tuvo lugar el miércoles 2 de julio, fue uno de los más grandes realizados hasta esa fecha en Sparta y, sus restos, descansan en el cementerio Caledonia de esa localidad.
A fines de 1936, Kenneth Hunter evaluó la posibilidad de que junto con su hermano Albert intentaran establecer otro récord mundial (el de John y Kenneth de 1930 había sido batido por los hermanos Al y Fred Key entre el 4 de junio y el 1 de julio de 1935, a bordo de un Curtiss Robin, sumando 27 días 5 horas y 34 minutos sobre Meridian, Mississippi) pero, en abril del año siguiente, decidieron que no lo harían.
Por eso, Albert centró su atención en administrar su granja y realizar mudanzas, volando solo por placer. El martes 3 de marzo de 1942, estaba retirando el techo de metal de una antigua planta de fundición de acero cerca de Murphysboro, Illinois y, cuando se sentó sobre una lámina del techo, esta se dobló y cayó al vacío desde una altura de 10 metros. Cuando su hijo Herschel y otros llegaron a socorrerlo, estaba vivo pero, aunque fue trasladado a un hospital, murió al llegar al mismo producto de la fractura de su cuello. Tenía 45 años, y fue sepultado junto a su hermano John.
Por su parte, Kenneth Hunter completaría una larga carrera como piloto militar y ejecutivo. Entre otras tareas, fue piloto de pruebas en Segunda Guerra Mundial y, voló cazas Lockheed P-38, bombarderos Hudson, aviones de patrulla PV-1 Ventura, transportes Lodestar y bombarderos B-17.
Luego fue designado Jefe de Pilotos Ejecutivos para Kerr-McGee Oil Company, que era la dueña de la Deep Rock Oil Company, que había proporcionado el combustible y el aceite para el vuelo de 1930 donde batió el récord mundial con su hermano John.
Kenneth continuó como piloto ejecutivo de Kerr-McGee durante casi 20 años y, a las 6 del 15 de enero de 1974, el North American Sabreliner –matrícula NA-265, y proveniente de Corpus Christi, Texas–, que volaba junto con su primer oficial, Jack Earnest Gardner, se estrelló mientras realizaba la aproximación final al aeropuerto Will Rogers de la ciudad de Oklahoma.
Ambos murieron y, el avión, quedó completamente destruido. El informe de la National Transportation Safety Board (NTSB) determinó como las causas más probables del accidente a la niebla que cubría el aeropuerto y la falta de descanso de la tripulación. Kenneth tenía 65 años y 21.500 horas de vuelo (2000 en el Sabreliner). Sus restos fueron sepultados junto a los de sus hermanos John y Albert el viernes 18 de enero siguiente.
Por su parte, Walter Hunter operó en 1953 el primer vuelo oficial de correo aéreo sin escalas de costa a costa del país, entre Nueva York y Los Ángeles. Se sumó a American Airlines, donde alcanzó la categoría de comandante e instructor senior de jets hasta su jubilación en marzo de 1966. Vivió en Town and Country, Missouri hasta su muerte en el Hospital St. John Mercy de St. Louis el martes 18 de octubre de 1983, a los 77 años, y está sepultado en el cementerio Cutler de Williamsville, Missouri.
Sin dudas, los hermanos Hunter dejaron una profunda huella en la historia de la actividad aeronáutica. Tal es así que, en 1980, al cumplirse 50 años de que establecieran el por entonces récord mundial de vuelo ininterrumpido, la localidad de Sparta recordó su logro con una exhibición aérea en el aeródromo Hunter Field y, el artículo del diario Southern Illinoisan sobre el homenaje, no pudo ser más claro al referirse a estos pioneros de la aviación: "Fueron los astronautas de su época".