"Cuando llegamos hace tres años, el ministro de Asuntos Sociales nos dijo que no había ninguna obra para recibir a los más abandonados. Si nosotros no estamos, las 35 personas que viven fijas con nosotros no tendrían dónde ir", contó el padre Montes en diálogo con el programa Ahora Vengo de AIRE. A ese número se sumaron recientemente 70 refugiados africanos que trabajaban en el sur del país y quedaron en la calle por los bombardeos.
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Fe en tiempos de guerra
Montes, quien pasó una década en Bagdad soportando promedios de 100 atentados mensuales, asegura que la presencia cristiana es un "fermento" vital en la región.
"Hay musulmanes que nos dicen directamente: 'por favor, les pedimos a los cristianos que no se vayan, no nos dejen'", relató el sacerdote.
Por su parte, Marcos Cabezas, integrante del movimiento Nazarenos Perseguidos, señaló que el sufrimiento paradójicamente aumenta la fe: "Al estar en contacto con la muerte todo el tiempo, la gente se centra en lo importante y elige defender lo más valioso: su familia y su creencia".
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La casa que gestionan los argentinos funciona como refugio para personas con distintos perfiles, pero en situación de vulnerabilidad: "En nuestra casa hay ancianos, hay discapacitados, hay familias enteras, hay gente tratando de recuperarse de adicciones. Ahora, con otra nueva guerra, se suman los desplazados internos".
El desafío de la subsistencia y cómo ayudar
Mantener la estructura del refugio es una tarea titánica en un país colapsado: "Nos falta el agua, la gente duerme en colchones y estamos en invierno; llueve y hace mucho frío", describieron los argentinos.
Mientras que la ONU asiste a los desplazados nuevos, la subsistencia de los residentes permanentes depende exclusivamente de la caridad: "Vivimos pidiendo. La providencia ayuda a través de la gente buena", afirmó el padre Luis. Para quienes deseen colaborar con esta misión desde Argentina o cualquier parte del mundo, pusieron a disposición sus redes sociales para coordinar donaciones: