Este martes, Estados Unidos termina de emitir su voto popular para la conformación del Colegio Electoral que definirá quién será el próximo presidente de ese país. En la última semana, los candidatos se enfocaron en estados clave: Carolina del Norte, Florida, Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Arizona, Georgia y Texas.
Cada estado tiene un determinado número de votos en función de su población y el aspirante que consiga mayor número de sufragios populares en ese territorio se suele llevar todos esos votos electorales. Algunos estados tienen bien definido su color: los rojos Republicanos y los azules Demócratas. Sin embargo, hay estados indecisos y es en donde los candidatos, Donald Trump y Joe Biden pusieron su atención. Se trata de los estados "péndulo" o "bisagra".
Carolina del Norte, con 15 votos electorales, era un firme bastión republicano antes de que el expresidente Barack Obama lo ganara en 2008 por un pequeño margen. Trump ganó acá en el 2016, por casi un 4% después de que Obama lo perdiera en el camino a la reelección en 2012.
Florida tiene 29 votos electorales. Las últimas encuestas lo sitúan como un territorio muy disputado, donde no hay una ventaja clara ni de Biden ni de Trump. Desde 1964, todo candidato que gana en Florida gana las elecciones.
Según explicó la BBC, los encuestadores coinciden en que Trump necesita Florida para ganar las elecciones. Si lo pierde, sus posibilidades de mantener la Casa Blanca se reducen a un 1%, estima el portal especializado FiveThirtyEight.
Desde 1964, todo candidato que gana en Florida gana las elecciones.
Si Trump gana en Florida, la atención se girará hacia los tres estados que se consideraban un bastión Demócrata en el 2016 y que Trump consiguió voltear por un estrecho margen de votos. Se trata de Wisconsin, Michigan y Pensilvania. Allí Trump ganó por unos 80.000 votos en conjunto y menos del 1% en cada estado. En los tres estados, Biden le saca una ventaja al presidente de entre 4 y 6 puntos porcentuales.
Georgia, Arizona, Texas reúnen juntos con 65 votos electorales y tienen una asentada tradición de voto republicano. Los tres apostaron por Donald Trump en 2016. Y los tres se consideran estados en juego este año.
Quizá el más sorprendente de todos ellos sea Texas, que no vota por un candidato demócrata desde 1976 y se ha empezado a considerar "campo de batalla" desde hace relativamente poco.
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