Durante una entrevista en el programa Ahora Vengo, Gill sostuvo que la situación podría derivar en una conflagración de mayor escala si no se priorizan salidas diplomáticas. “Hay que aprender de la historia”, planteó, al comparar el presente con el inicio de la Primera y Segunda Guerra Mundial.
Un mundo dividido y sin mediadores
Embed - MEDIO ORIENTE: alertan por ESCALADA GLOBAL y riesgo de GUERRA MUNDIAL
El referente de la comunidad musulmana señaló que el escenario global actual está marcado por una fuerte división en bloques. “Por un lado Estados Unidos con sus aliados, pero por otro Rusia, China, Irán y otros ejes”, explicó.
A ese contexto se suma, según indicó, la pérdida de peso de organismos internacionales. “Las Naciones Unidas casi han llegado a su ocaso”, afirmó, y remarcó la ausencia de mediadores con capacidad real de intervención.
Para Gill, esta combinación genera un vacío de poder similar al que se vivió antes de grandes conflictos del siglo XX.
El riesgo de una guerra sin salida
El teólogo advirtió que la violencia podría derivar en escenarios prolongados como los de Ucrania o Gaza. “Mi temor principal es que vamos a terminar en otro laberinto del que no vamos a encontrar salida”, sostuvo.
misil ucrania (1)
El teólogo advirtió que la violencia podría derivar en escenarios prolongados como los de Ucrania.
En esa línea, consideró que el conflicto podría expandirse a otros países a partir de alianzas militares. “Es un efecto dominó que va a involucrar a más países”, explicó, al mencionar posibles intervenciones de actores regionales y potencias.
Críticas a la indiferencia internacional
Gill también cuestionó la falta de acción de la comunidad internacional y la pasividad de distintos actores. “No me preocupa la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos”, señaló, retomando una frase de Martin Luther King.
Además, criticó tanto a potencias globales como a países musulmanes por no impulsar con firmeza un cese al fuego. “En vez de posicionarse a favor de la paz, son muy tibios”, afirmó.
Más allá de las disputas geopolíticas, el teólogo puso el eje en el impacto humano del conflicto. “No se trata de un juego de ajedrez. Hablamos de la vida de millones de personas”, remarcó.
En ese sentido, cuestionó la naturalización de la violencia y advirtió sobre sus consecuencias. “Las bombas no van a construir un mejor futuro, van a destruir todo”, expresó.
Para Gill, aún existe margen para evitar una escalada mayor, pero requiere voluntad política. “Si hay tantas opciones para resolver conflictos a través de la diplomacia, ¿por qué elegir la peor opción que es la guerra?”, planteó.
A tres semanas del inicio de la escalada, el escenario sigue siendo incierto. Mientras tanto, la advertencia es clara: sin un giro hacia la negociación, el conflicto podría profundizarse y arrastrar a más países en una crisis de alcance global.