Las negociaciones con la Unión Europea desde el referéndum fueron muy tensas y sólo hubo un momento en que la resolución pareció próxima, cuando a finales de noviembre se presentó un borrador de 585 páginas que pese a que dejaba muchos puntos abiertos, parecía una verdadera guía de la ruptura.
El acuerdo debía votarse en el Parlamento el 11 de diciembre, pero ante lo que iba a ser una derrota segura Theresa May sucumbió a las presiones y decidió posponer la votación. Mientras busca concesiones de la Unión Europea para alargar los plazos de la negociación e intenta sacar adelante su proyecto, repasamos algunos de los puntos más delicados del acuerdo alcanzado.
Según lo pactado, el Reino Unido tendría que pagar un saldo negativo cercano a los 50 mil millones de euros a favor de la Unión Europea. Este monto corresponde al cumplimiento de las obligaciones financieras de los británicos que se describen en los presupuestos de la UE hasta 2020.
Los tres millones de ciudadanos de la Unión Europea que viven en el país y el millón de británicos que residen en otros países dentro de la UE iban a poder seguir gozando de los mismos derechos de residencia, de trabajo y de acceso a la salud que disfrutan ahora.
La transición está pensada para intentar que sea lo más ordenada posible y no cause una disrupción en el desarrollo de los países europeos, sobretodo en términos económicos y comerciales. Hasta diciembre de 2020 la situación actual prácticamente no se verá alterada, con la diferencia de que el Reino Unido no tendrá derecho de voto en las decisiones que se tomen en los órganos parlamentarios europeos. Por ejemplo, seguirá perteneciendo al mercado común, pero no podrá votar sobre las normativas que se vayan decidiendo.
La ciudad de Londres juega un papel de centro neurálgico de las finanzas que lo sitúa a la cabeza tanto de la Unión como del mundo. Pase lo que pase con la negociación del Brexit finalmente, está previsto que este papel podría verse muy rebajado, ya que el acuerdo no sería nada favorable. Según se pactó, las instituciones financieras de Londres deberían ser tratadas como cualquier otra institución fuera de la UE, lo que seguramente le haría perder atractivo frente a las empresas.
Esta era la cuestión más delicada de todas dentro del acuerdo. Ambas partes querían evitar que exista una frontera entre el norte y la República Irlandesa, para que no haya controles entre las dos partes. Sin embargo, no se alcanzó un decisión.
La solución es que si no se alcanza un acuerdo ad hoc que deje satisfechas a ambas partes antes de que expire el tiempo estipulado para la transición, el Reino Unido entero permanecerá en una unión aduanera con el conjunto de la países de la UE. Esto permitirá la libre circulación de las mercancías en toda esta área, pero a cambio el Reino Unido deberá seguir las normativas que regulan el mercado interior.
Este asunto es políticamente muy complicado para el Reino Unido y puede ser visto como una gran derrota en las negociaciones, ya que implica que deberá seguir reglas sobre las que no tiene ningún poder de decisión. Sin embargo, este punto afecta solo a las mercancías: no lo hará sobre la libre circulación de personas, bienes y servicios.
Compartimos este video realizado por EL PAÍS, de España explicando cuatro puntos claves del Brexit y cómo afecta a los países de Europa.
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