La de Ucrania es la primera guerra con las redes sociales como plataformas claves de comunicación. El conflicto también se bate en ese espacio menos tangible que los bombardeos a las ciudades, y los gobiernos de Rusia y de Ucrania juegan su partido. Pero más allá de las estrategias de impacto en la opinión pública con la generación de fake news permanentes –Telegram es el mensajero más usado-, de uno y otro lado de las trincheras, el uso de las redes, sobre todo por parte de la población, logra saltar los muros del control de la información. Por eso en Ucrania, durante los últimos días, hay una demonización de las redes.
En Ucrania, el que twitea es el presidente Volodímir Zelensky. La población tiene prohibido usar las redes sociales, con amenazas de ir a la cárcel. Un caso “ejemplar”, como lo difundió el gobierno, fue el del "tiktoker" detenido el lunes de la semana pasado, horas después de un ataque demoledor contra el shopping Retrovil, donde murieron 10 personas.
El joven, cuya identidad se desconoce, fue encarcelado porque horas antes del bombardeo con misiles hipersónicos, había subido un posteo a esa red social en la que a sus espaldas se veía el mall. Lo detuvieron porque las autoridades ucranianas, sin ninguna investigación judicial ni nada por el estilo, consideraron que los rusos usaron el posteo para geolocalizar el centro comercial, que mide más de siete cuadras de largo. Suena increíble que un ejército como el ruso, uno de los más poderosos del mundo, no tenga identificado un blanco de esa magnitud con sus propios satélites. El tiktoker afrontará cargos por traición a la patria y espionaje con una pena de 10 años de cárcel.
Esa noticia tuvo un fuerte impacto entre los ucranianos. Pero en vez de repudiar o aunque sea dudar sobre la decisión del gobierno de detener a un tiktoker, la mayoría de la gente respaldó a Zelensky. El caso no solo generó un problema de garantías constitucionales, hoy sin efecto, sino que disparó en la gente una especie de poder de policía informal y una desconfianza hacia los que utilizan teléfonos o cámaras para obtener imágenes.
Dos días después de la detención del tiktoker, la periodista rusa Oksana Baulina murió en la playa de estacionamiento del shopping cuando registraba imágenes del bombardeo del lunes. Dos integrantes de su equipo, que pertenecen al medio The Insider, opositor a Putin, resultaron gravemente heridos. Inmediatamente después del hecho corrió la versión en Kiev que el ataque con un misil podría haber sido perpetrado por los rusos.
Baulina era además miembro de la ONG Fondo Anticorrupción, que encabezaba el líder opositor a Putin Aleksei Navalny, condenado en Moscú esta semana a nueve años de cárcel por manejo fraudulento de fondos. Con el correr de las horas empezó quedar más firme otra hipótesis, radicalmente diferente. En una de las esquinas del shopping, cerca de donde Baulina grababa su informe, hay dos puestos muy grandes de la llamada resistencia ucraniana. Lo que se sospecha es que los disparos de metralla que sufrió la cronista y su equipo podrían haber provenido de esas barricadas.
El viernes estábamos saliendo en vivo para Aire de Santa Fe cuando siete soldados nos rodearon de forma repentina porque estábamos registrando el ataque a una de las antenas de la TV oficial ucraniana. Nos sacaron el teléfono mientras salíamos al aire y revisaron si había fotos de ese “objetivo militar”. Yo no había obtenido fotografías de la antena porque estaba al aire. Lo iba a hacer después. Eso calmó a los soldados que me pusieron las manos contra el auto y me revisaron. También chequearon mi mochila y confirmaron que no tenía nada peligroso más que un celular.
Según un anuncio informado por el gobernador de Lviv, Maksym Kozytskyy, un hombre no identificado fue detenido por agentes de policía en la ciudad ucraniana hoy, domingo 27 de marzo. Presuntamente arrestado bajo sospecha de espionaje.
El domingo pasado el gobernador de Lviv, Maksym Kozytskyy anunció que la policía de esa provincia ucraniana había detenido a un hombre que se encontraba con un teléfono en las inmediaciones de los depósitos de combustible que un día antes habían sido bombardeados por los rusos en las afueras de esa ciudad. Según la información oficial, que difundió el gobierno ucraniano, en el smartphone de esa persona había una grabación de un video en el momento en que el misil impactó sobre los tanques de combustible. El gobernador Kozytskyy dijo que el material fílmico fue enviado a dos números radicados en Rusia.
Cuando llegamos a Ucrania y entramos a la ciudad de Lviv desde la frontera fílmanos un retén militar en uno de los accesos y los soldados nos advirtieron que estaba prohibido obtener imágenes de puntos estratégicos para ellos. Subestimé esa recomendación que parecía excesiva. Volví a fotografiar un puesto militar delante de un edificio y dos soldados me arrebataron el celular con violencia y luego borraron las fotos que había sacado. Me dijeron que si yo publicaba sus rostros sus familias podrían sufrir represalias por parte de los rusos. Me pareció exagerado pero tenía un mínimo de sentido.
Con el correr de los días esta estrategia del gobierno de bloquear la información que le es difícil controlar se agudizó. Y prendió en la propia población. Generó un clima de desconfianza permanente que va más allá, incluso, del trabajo periodístico.
Es increíble ver que en las redes hay muy pocos posteos realizados desde Ucrania. Solo hay videos muy cortos, muchos de ellos registrados por soldados, que muestran situaciones ventajosas frente a los rusos. El domingo, cuando viajábamos de Kiev a Lviv, en dos controles militares los chequeos pasaron todos los límites. A pesar de que presentamos todas las credenciales oficiales que nos otorgó el gobierno ucraniano para trabajar, los militares ya no sólo llegaron a revisar todo mi equipaje y mi documentación si no que tomaron mi teléfono y estuvieron más de 20 minutos repasando cada foto. Luego abrieron el WhatsApp y miraron los números con los que yo me había comunicado. Hicieron lo mismo con los mails.
Leer más ► AIRE en Ucrania: "Hoy alguien con un celular es peligroso"
Unas horas más tarde, el propio gobierno envió a los ucranianos recomendaciones para usar sus smartphones y los servicios de mensajería, algo que parece increíble en el siglo XXI. En el comunicado, el gobierno señala que “el teléfono inteligente se ha convertido en un arma digital universal en la guerra contra el agresor. Gracias a él podemos informar a las Fuerzas Armadas sobre el equipamiento de los ocupantes rusos, luchar contra su propaganda o simplemente comunicarnos con nuestros conocidos en mensajeros”.
El documento tiene otros tramos desopilantes. "Sin embargo, no olvide las reglas de correspondencia segura tanto en las redes sociales como en los mensajeros. ¡No compartas la geolocalización! Su ubicación, ubicación de las tropas ucranianas o depósitos de almacenamiento de municiones de las Fuerzas Armadas. ¡Todo lo que tu conocido puede leer en los mensajes puede ser visto por el enemigo!”, agrega.
Te puede interesar


