El avance de Rusia contra Kiev, la capital ucraniana, provocó que el Gobierno decretara un toque de queda total y comenzó un éxodo masivo a otras ciudades. Salir de la ciudad parecía imposible. Conseguir nafta y alimentos también es muy difícil, ya que la crisis humanitaria es cada vez más grave. "Conseguir comida todos los días es un verdadero laburo", reconoció Germán de los Santos, el enviado especial de Aire de Santa Fe que lleva diez días cubriendo la guerra.
"El problema es la comida. Logramos conseguir una lata de pescado, como una caballa, con unas galletas, y comimos eso anoche en un pequeño pueblo de 500 habitantes", contó este martes el periodista en su primera salida en vivo en AIRE. "En los hoteles tampoco había comida. El desayuno es una rodaja de pan con manteca y un café. Las raciones para comer y tomar son cada vez más chicas", señaló de los Santos.
En los últimos días, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, denunció que Rusia está bloqueando el ingreso de alimentos, agua y medicamentos en el puerto de Mariúpol, en la costa del Mar de Azov, una ciudad que quedó en ruinas tras la invasión.
Conseguir nafta también parece una misión imposible. "Las estaciones de servicio están cerradas. No hay combustible. Dima (el acompañante ucraniano de Germán de los Santos) consiguió dos bidones de nafta de diez litros con la gente de resistencia", relató el enviado especial de AIRE.
Con poca nafta y comida, y con las rutas colapsadas, la salida de Kiev antes de que empiece el toque de queda en todo el país se volvió una odisea.
"El lunes logramos salir de Kiev porque no se puede salir a la calle durante dos días. Decidimos salir de la ciudad. Eso hicieron la mayoría de los periodistas. El mensaje del ejército dice que si uno sale a la calle es considerado un objetivo militar. Vamos a ver si podemos retornar después del toque de queda", explicó de los Santos.
Las demoras son infernales. En cinco horas, Germán de los Santos y Dima apenas pudieron hacer unos 80 kilómetros debido a la cantidad de tránsito y los controles militares.
"Dormimos en la casa de una familia, en un pequeño pueblo cercano a la ruta, porque empezaron a alquilar habitaciones. A nosotros nos tocó el sillón. Había mucha gente como nosotros. Algunos durmieron en los autos, pero con el frío se hacía complicado", dijo el enviado de AIRE.
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