“Cuatro vuelos exitosos el jueves por la mañana, todos contra un viento de 21 millas, comenzaron desde el nivel con la potencia del motor solo, velocidad promedio en el aire 31 millas, el más largo, 57 segundos, informe a la prensa en Navidad”.
Este fue el telegrama mediante el cual Wilbur y Orville Wright anunciaron a su padre, Milton, un logro sorprendente: el primer vuelo controlado a motor del mundo. Fue el 17 de diciembre de 1903, una gélida jornada que comenzó con charcos de lluvia cubiertos de hielo y vientos de hasta 27 mph (43,4 km/h).
Aunque a las 10 los vientos no habían amainado, los hermanos, que habían tenido que superar innumerables fracasos en intentos previos, decidieron no esperar más para probar su máquina voladora. Eran las 10.35 y, el vuelo inestable de 12 segundos y un trayecto de 36,4 metros (120 pies), a unos 3 metros (10 pies) del suelo, que completó el menor, fue el inicio –hace hoy 120 años– de la era de la aviación.
Unos auténticos visionarios
Desde tiempos inmemoriales, la humanidad siempre estuvo fascinada con la idea de volar y, por ello, a lo largo de los siglos se construyeron distintos artilugios para cristalizar tan anhelado sueño, pero ninguno tuvo éxito.
A partir de la década de 1780, ya se transportaban pasajeros en globos aerostáticos pero, estos artefactos más livianos que el aire, solo se dejaban llevar por el viento. Recién en el siglo XIX se lograron algunos avances hacia la invención de una máquina voladora más pesada que el aire aunque, después de incontables intentos fallidos, muchos llegaron a la conclusión de que el esfuerzo era una pérdida de tiempo.
Pero, a pesar de todo, dos hermanos demostrarían absolutamente lo contrario y, merced a su constancia y dedicación, cambiarían el mundo, llegando más lejos que cualquier ser humano antes.
Wilbur Wright (nacido el 16 de abril de 1867 en Millville, Indiana), y Orville Wright (quien vino al mundo el 19 de agosto de 1871 en Dayton, Ohio), evidenciaron desde muy jóvenes su interés por poder lograr volar.
En 1892 centraron su atención en el ciclismo y abrieron la Wright Cycle Company, donde vendieron, repararon y comenzaron a producir su propia línea de birodados y, esta experiencia como mecánicos de bicicletas, resultaría fundamental para resolver el problema del vuelo propulsado.
El interés de ambos por surcar los cielos se renovó cuando se enteraron de la muerte del ingeniero alemán Otto Lilienthal, un pionero de los vuelos sin motor que falleció el 10 de agosto de 1896 tras sufrir un fatal accidente con un planeador. Tras estudiar el tema, los Wright llegaron a la conclusión de que la clave era idear un sistema que pudiera controlar una máquina en el aire y, además, decidieron aprender a volar en un planeador antes de hacerlo con una máquina con motor.
En septiembre de 1900, habían diseñado y construido su primer planeador y estaban listos para probarlo. Necesitaban un lugar con vientos constantes de 15 a 20 mph (24 a 32 km/h), altas dunas para los lanzamientos, terrenos suaves para los aterrizajes, y aislamiento para tener privacidad.
Estos requisitos los llevaron a Kitty Hawk, en los Outer Banks de Carolina del Norte y, hasta diciembre de 1903, los Wright viajaron varias veces por año desde Dayton, Ohio, a dicha zona, para realizar sus experimentos de vuelo.
Wilbur salió de Dayton, Ohio, el 6 de septiembre de 1900, con algunos suministros básicos y cajas que contenían partes del planeador y, una semana después –viajando en tren y en barco–, arribó a Kitty Hawk, donde pocos días más tarde, Orville hizo lo propio encontrar a alguien que se ocupara de la tienda de bicicletas.
Las primeras pruebas
Antes de realizar sus propios intentos de vuelo, Wilbur y Orville estudiaron cuidadosamente el trabajo de otros precursores, sobre todo los publicados por el Instituto Smithsonian de Washington, donde se detallaba que solo unos pocos habían logrado algunos avances en la mecánica del vuelo.
A finales del siglo XIX, Otto Lilienthal realizó casi 2000 vuelos en planeadores tripulados. El ingeniero alemán había estudiado el vuelo de los pájaros y diseñó las alas de su planeador con una suave curvatura que le proporcionara sustentación. Sin embargo, la única manera de controlar esta aeronave era desplazar su peso de un lado a otro mientras colgaba suspendido entre las alas y, aunque todos estos vuelos se consideraron exitosos, el tiempo más largo que estuvo en el aire fue de solo 15 segundos.
Asimismo, entre 1896 y 1898 el ingeniero estadounidense Octave Chanute había probado con éxito un planeador tripulado sobre las ventosas dunas cerca del lago Michigan –el vuelo más largo duró 14 segundos– y, su diseño biplano, influiría decisivamente en el trabajo de los hermanos.
Wilbur y Orville concluyeron que Lilienthal había sido el investigador más exitoso y que había recopilado los datos más confiables, en particular sus cálculos sobre la presión del aire. Así, dedujeron que se necesitaban tres cosas para que una máquina tripulada pudiera volar: alas para elevarla, potencia para impulsarla, y un sistema para controlarla en vuelo en lugar de simplemente ir hacia donde se dirigiera el viento.
Los dos primeros aspectos habían sido elaborados hasta cierto punto por otros pero, el tercero, resultó mucho más difícil. Se necesitarían mecanismos para controlar tres tipos de movimiento en un avión: rotación de las alas de lado a lado (alabeo); movimiento hacia arriba y hacia abajo de la nariz (cabeceo), y girar hacia la derecha o la izquierda (guiñada).
Un día, basándose en la observación de cómo los pájaros se estabilizaban en vuelo, se les ocurrió la idea de girar las puntas de las alas de una cometa o vela (kite) en direcciones opuestas para controlar el movimiento lateral (rolido). Así, a mediados de 1899, los hermanos construyeron su primer avión experimental: una cometa biplano con una envergadura de 1,5 metro (5 pies) y una cola horizontal para mayor estabilidad.
La cometa tenía cuerdas unidas a las puntas de cada ala que le permitían al operador “deformar” o “torcer” un conjunto hacia arriba y, el otro, hacia abajo. Una vez que demostraron que su revolucionaria teoría de la "deformación de las alas" funcionaba, construyeron un planeador lo suficientemente grande como para transportar a un hombre.
Del vuelo sin motor, al vuelo controlado
Wilbur Wright llegó a Kitty Hawk el 13 de septiembre de 1900, y se quedó con la familia de William (Bill) Tate, el director de correos local, mientras ensamblaba el planeador. Cuando llegó Orville, instalaron una carpa cerca de la casa de Tate.
Los hermanos habían determinado las dimensiones de su primer aparato y la curvatura de las alas basada en los cálculos de Otto Lilienthal. El avión ensamblado era un biplano de 22,6 kilos (50 libras), con una envergadura de 5,1 metros (17 pies) y, la estructura de madera, estaba recubierta de satén francés.
Un timón horizontal móvil (el elevador), se extendía delante de las alas para controlar los movimientos hacia arriba y hacia abajo (cabeceo). Tumbado boca abajo en el ala inferior, el piloto inclinaba el elevador hacia arriba o hacia abajo con un control manual y accionaba los cables de deformación del ala con los pies.
Las pruebas del planeador como cometa mostraron que la deformación del ala equilibraba la máquina, pero la respuesta del elevador no fue consistente y, las alas, no produjeron la sustentación necesaria.
Ansiosos por intentar vuelos tripulados y, junto con Bill Tate, los hermanos arrastraron el planeador 6,4 kilómetros (4 millas) al sur de Kitty Hawk hasta un grupo de altas dunas conocidas como Kill Devil Hills y, con mucho esfuerzo, lo llevaron a la más alta (de unos 30 metros), que los Wright llamaron Big Hill, y donde Wilbur se ubicó como piloto.
Por su parte, Orville y Tate agarraron las puntas de las alas y corrieron cuesta abajo hasta que el planeador estuvo en el aire por sí solo. Así, Wilbur realizó una docena de deslizamientos, cada uno de los cuales duró menos de 20 segundos y cubrió una distancia máxima de casi 122 metros (unos 400 pies).
Los hermanos abandonaron los Outer Banks el 19 de octubre de 1900 y regresaron a Dayton, donde se abocaron a diseñar un planeador mejorado que, con suerte, resolvería los problemas encontrados durante las primeras pruebas.
El planeador de 1901 tenía una envergadura de 6,7 metros (22 pies), ahora cubierto con tela de algodón, y pesaba casi 45 kilos (100 libras). En lugar de usar un control de pie, el piloto ahora accionaba los cables de deformación de las alas moviendo sus caderas en un soporte para la misma.
Como no querían esperar para probar el nuevo planeador, los hermanos contrataron al mecánico Charlie Taylor para que se ocupara del taller de bicicletas. Llegaron a Outer Banks en julio y se establecieron en la base de Kill Devil Hills para estar más cerca de su lugar de lanzamiento, e instalaron una tienda de campaña y construyeron un hangar de madera para guardar la aeronave.
Del 27 de julio al 17 de agosto realizaron casi 100 deslizamientos, pero las alas del planeador aún no producían suficiente sustentación, el elevador no siempre era confiable y, también, experimentaron problemas con el sistema de deformación de las alas que provocaron que el piloto perdiera el control de la aeronave.
En lugar de darse por vencidos, los hermanos trabajaron para resolver los problemas y diseñaron un pequeño túnel de viento dentro del taller de bicicletas para recopilar sus propios datos. Después de probar las formas de las alas dentro del túnel de madera y metal, se dieron cuenta de que un ala más larga y estrecha funcionaría mejor.
Entre enero y septiembre de 1902 construyeron un nuevo planeador de 54,4 kilos (120 libras) con una envergadura de 9,7 metros (32 pies). El planeador ahora presentaba un timón vertical fijo que se extendía varios centímetros hacia atrás, que esperaban solucionara el problema de deformación de las alas controlando la guiñada.
Hasta el 24 de octubre de ese año, los hermanos habían completado varios cientos de vuelos desde Kill Devil Hills y, aunque el planeador mejoró mucho, a veces seguía siendo impredecible. Para resolver el problema, hicieron que el timón fuera móvil y lo conectaron a los cables de alabeo para que girara automáticamente en la dirección correcta.
Por fin, esa máquina de 1902 fue un gran éxito, ya que podía ser controlada totalmente por un piloto, y realizaron deslizamientos de más de 180 metros (600 pies) en 26 segundos. Todo estaba listo para dar el siguiente paso: agregar un motor y hélices para crear una máquina voladora propulsada.
De regreso en Dayton, los hermanos –con la ayuda del mecánico de su taller de bicicletas, Charlie Taylor–, construyeron un motor de cuatro cilindros, de aluminio fundido, que completo pesaba casi 91 kilos (unas 200 libras), y erogaba unos 12,5 HP. El diseño de las hélices resultó ser aún más difícil porque no se utilizaba nada similar pero, con los datos del túnel de viento, fabricaron dos de 2,58 metros (8,5 pies) de largo que giraban en direcciones opuestas.
Las hélices estaban unidas al motor, que estaba colocado en el ala inferior –a la derecha del piloto–, mediante una transmisión por cadena similar a una bicicleta. El Flyer (Volador), como bautizaron a la aeronave, tenía una envergadura de 12 metros (40 pies), pesaba 274,4 kilos (605 libras) y, su construcción, costó unos 1000 dólares de la época.
Cuando hicieron historia
Los Wright regresaron a Kitty Hawk el 26 de septiembre de 1903 y, a principios de noviembre, el Flyer estaba casi armado. Pero cuando una prueba del motor dañó los ejes de la hélice, obligaron a Orville a regresar a Dayton para fabricar otros nuevos y, el 11 de diciembre, volvió a los Outer Banks.
Los hermanos habían soportado períodos de vientos y lluvias extremas, junto con muy bajas temperaturas y, por ello, estaban ansiosos por probar la máquina antes de que el tiempo empeorara aún más.
El 14 de diciembre intentaron lanzar el Flyer desde la suave pendiente inferior de la duna porque el viento no era suficiente para despegar desde un terreno llano, pero este primer intento fracasó cuando Wilbur levantó el avión en un ángulo demasiado pronunciado, lo que provocó que entrara rápidamente en pérdida y se dañara el elevador en el aterrizaje forzoso.
Hasta que en la mañana del jueves 17 de diciembre, con temperaturas cercanas al punto de congelación y vientos de entre 32,1 y 43,4 km/h (20 y 27 mph), los hermanos Wright estaban listos para intentarlo de nuevo. Tres hombres del puesto de salvamento (establecido en los Outer Banks para ayudar a las víctimas de posibles naufragios) y otros dos lugareños llegaron para ayudar.
Colocaron las secciones de una pista de lanzamiento de madera de 18,2 metros (60 pies) en un terreno plano a unos 30 metros (100 pies) al oeste de su campamento y, Orville (que le había ganado a su hermano la posibilidad de volar cuando la moneda que habían lanzado al aire cayó del lado que había elegido), tomó su lugar como piloto.
Probó que la palanca que controlaba el ascenso y el descenso funcionara; ubicó su cuerpo en la cuna que balanceaba con sus caderas, lo que deformaba las alas y movía los estabilizadores verticales y que, combinados, hacían virar la máquina, más pesada que las anteriores.
Detallista como era, Orville había instalado cuidadosamente su cámara antes de subir al avión y le pidió a John Daniels, uno de los miembros del puesto de salvamento, que abriera el obturador justo cuando el Flyer se despegara del suelo.
Finalmente soltó el cable de sujeción. El avión viajó a lo largo del riel de lanzamiento, se elevó unos 3 metros en el aire (10 pies) y aterrizó en la arena después de un vuelo inestable de 12 segundos y recorrer 36,4 metros (120 pies). Eran las 10.35 y, hace hoy 120 años, Orville Wright completó el primer vuelo controlado a motor del mundo.
Orville escribió en su memorias: "Este vuelo duró solo 12 segundos, pero fue, sin embargo, el primero en la historia del mundo en el que una máquina que transportaba a un hombre se elevó en el aire por su propia fuerza en pleno vuelo, navegó hacia adelante sin reducción de velocidad y, finalmente, había aterrizado en un punto tan alto como aquel desde el que había comenzado”.
Wilbur realizó el segundo vuelo, que recorrió 53,2 metros (175 pies) en 12 segundos; luego, Orville voló 60,8 metros (200 pies) en 15 segundos y, a las 12, Wilbur voló 260 metros (852 pies) y permaneció en el aire durante 59 segundos (en el telegrama que le enviaron a su padre se equivocaron y consignaron 57 segundos) a una altitud de entre 2,4 y 3,6 metros (8 y 12 pies) antes de que el avión aterrizara y sufriera daños menores.
Todos regresaron al campamento para descansar cuando, una repentina y muy fuerte ráfaga de viento, volcó al avión y lo dañó irreparablemente. El Flyer de 1903 jamás volvería a volar, pero había protagonizado el nacimiento de la era de la aviación y, además, aseguró un sitio de honor en la Historia para Orville y Wilbur Wright.
El imborrable legado
En 1904, los hermanos comenzaron a construir una versión mejorada de su avión, ya que deberían realizar varios cambios antes de que el mismo pudiera considerarse confiable. La nueva zona de pruebas fue Huffman Prairie, un pastizal de casi 340.000 m² a casi 13 kilómetros de su casa.
El 5 de octubre de 1905 y, después de muchos meses de intentos fallidos, volaron la tercera versión de su avión, donde el piloto ya iba sentado y acompañado por un pasajero: ¡recorrieron casi 40 kilómetros en 39 minutos!
Los Wright debieron evitar que otros copiaran el diseño de su avión y, a la vez, trataron de obtener contratos para su venta. Intentaron –sin éxito– interesar al gobierno estadounidense y a algunos europeos para que compraran los derechos de la aeronave y, para preservar los detalles de su invento antes de que fuera patentado o vendido, no volaron durante más de dos años.
A principios de 1908, una empresa francesa firmó un contrato para construir y vender la creación de los hermanos y, el Cuerpo de Señales del Ejército de Estados Unidos, también expresó interés en el Wright Flyer, pero solo si podía cumplir con ciertos requisitos, entre ellos, demostraciones exitosas.
Wilbur deslumbró al público en Pau, Francia y, Orville, también realizó varios vuelos impresionantes en Fort Myer, Virginia. El 17 de septiembre de 1908 y, en este mismo lugar, la tragedia daría el presente: Orville y su pasajero, el teniente Thomas E. Selfridge, observador del Cuerpo de Señales del Ejército estadounidense, se estrellaron durante un vuelo de demostración, lo que convirtió a Selfridge, que murió a causa de sus heridas, en la primera víctima mortal en un accidente de aviación militar. Por su parte, Orville sufrió una fractura en la pierna izquierda y de cuatro costillas.
Después de lidiar varios años con el escepticismo de muchos, finalmente los Wright recibieron un merecido reconocimiento por sus logros. Ahora tratados como héroes, Wilbur y Orville continuaron estableciendo nuevos récords en distancia y duración frente a multitudes asombradas.
Para entonces habían cerrado el taller de bicicletas para dedicar todo su tiempo a la aviación y, en 1909, crearon la Wright Company para construir y vender aviones, así como para entrenar pilotos.
Pero, el 30 de mayo de 1912, la visión y constancia de los hermanos, que había llevado a la invención del avión –un sueño con el que la humanidad había soñado durante miles de años–, terminó abruptamente cuando Wilbur murió de tifus a los 45 años.
En la década de 1920, comenzó un esfuerzo para reconocer adecuadamente los logros de Wilbur y Orville Wright en la aviación. Un grupo de habitantes de Carolina del Norte organizó la Asociación Conmemorativa de Kill Devil Hills para reconocer y preservar el sitio de las pruebas y vuelos de los hermanos en los Outer Banks y, el 2 de marzo de 1927, el por entonces presidente Calvin Coolidge estableció el Monumento Nacional Kill Devil Hill.
El 17 de diciembre de 1928 –cuando se cumplieron 25 años del primer vuelo propulsado de la historia–, Orville Wright fue distinguido en los Outer Banks por la Asociación Nacional de Aeronáutica, que erigió un monolito de 1,80 metro en el lugar exacto desde donde despegó el Flyer hace hoy 120 años. Orville murió en Dayton el 30 de enero de 1948, a los 76, debido a un ACV.
En la actualidad, el sitio –renombrado desde 1953 como Wright Brothers National Memorial– comprende el monumento en Big Kill Devil Hill, el marcador en el lugar de despegue, cuatro más pequeños que designan los lugares de aterrizaje de cada uno de los vuelos y, en un pabellón, hay reproducciones del planeador de 1902 y del Flyer de 1903.
En julio de 1969, el astronauta Neil Armstrong, comandante del Apolo 11, llevó a la Luna restos de tela y la hélice del Flyer original. Así, en menos de 66 años, el hombre había pasado de realizar el primer el primer vuelo de un avión tripulado, propulsado por un motor y más pesado que el aire, ¡a caminar sobre nuestro satélite natural!
Por eso, un vuelo de 12 segundos puede parecer algo insignificante en la actualidad, donde los aviones de pasajeros transportan diariamente a millones de personas por todo el mundo con absoluta seguridad.
Pero esos primeros 12 segundos que Orville Wright estuvo en el aire el jueves 17 de diciembre de 1903 demostraron que el vuelo tripulado era posible, allanando el camino para todos los extraordinarios avances posteriores y que fueron dando forma a la actividad aeronáutica como hoy la conocemos.
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