Tiene 42 años. Nació en lo alto de Petare y su infancia, dice, fue la calle y el “básquetbol”. Fue profesional y, según cuenta, alcanzó a jugar dos ligas completas como titular en Las Panteras de Miranda, un popular club de barrio de Caracas. Es pobre y se gana la vida alquilando por minutos seis teléfonos celulares en la Plaza del Metro de su barrio. “A los problemas de los venezolanos los resolvemos los venezolanos, no necesitamos que nadie venga a hacerlo por nosotros”.
Parece el dueño de la estación de Petare. Mira todo con atención y severidad. Lleva una musculosa naranja que llama la atención y acepta hablar sin problemas. Elvis nació allí, y parece decidido a morir allí también, “cuando Dios lo diga, como lo hizo con dos hermanos mios”, que fueron asesinados en los últimos tres años.
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Tiene 1,92, una cabellera trenzada con estilo Bob Marley y un cuerpo que denota mucho trabajo de gimnasio. Se gana la vida alquilando líneas de móviles y por las tardes, cuando llega la hora de “los malandros”, se guarda en su pequeña casa y entrena a algunos chicos de su cuadra en pesas.
Le cuesta mucho aceptar que grabemos la charla, y nos perdimos lo más rico de su relato por su negativa. Al final, cuando la charla iba sonando a despedida me ordena: “Prende el móvil, que quiero repetirte lo del gobierno”.
“Lo del gobierno” es lo mismo que me había dicho minutos antes el mototaxista Juan Antonio que lleva a las mujeres desde la estación de Metro de Petares hacia las alturas del barrio: “Estos son los gringos que quieren quedarse con nuestra riqueza“.
Y así es que Elvis- un nombre que heredó del fanatismo de su padre por el Rey del Rock and Roll- comienza la charla grabada: “Yo no quiero a los yanquis en Venezuela, esto se resuelve entre venezolanos y de la única manera que sabemos: con elecciones. Pero no anticipadas. Sino cuando termine el mandato Nicolás Maduro“.
A Elvis no le gusta demasiado Maduro, pero acepta que es el “heredero” que ordenó Hugo Chávez. Y cuando menciona al difunto expresidente se le llenan los ojos de lágrimas: “Chavez era único, es único. El nos dió lo que nadie nos había dado antes. Nosotros nos volvimos visibles gracias a él. Nos permitió ser iguales al resto. Nadie lo hizo antes que Chavez”.
Lo que piensa Elvis se repite en millones de Venezolanos, se calcula que casi un 30%, que siguen apoyando el “proceso revolucionario” a pesar de todos los pesares.
“Lo que nos pasa no es culpa de Maduro. Lo que nos pasa nos tenía que pasar porque está escrito en la Biblia. El problema somos los hombres que no sabemos respetarnos unos a otros. ¿Cómo vas a echarle la culpa al único que nos ayudó de verdad?”, pregunta.
Sabe que la están pasando mal. Sabe que hoy tienen muchos problemas. Pero dice que esos problemas no se solucionan con “los gringos que vienen con Guaidó”
Habla de Básquetbol. Dice que de fútbol sólo sabe de Maradona. Y cuando habla de Maradona le brillan los dientes retocados. “El vino a apoyar a Maduro, pero era amigo de Chávez“.
Como tantos otros venezolanos tiene una anécdota con el Comandante. Nunca sabremos si fue cierta, pero el la cuenta con añoranza:
“Vino a Petare y nos preguntó qué necesitabamos. Y le pedimos la pista de Básquetbol. Y cuando la inauguró, cantó con nosotros guajiras y nos bendijo. Los niños de Petare lo ven todos los días, en el muro. Y yo me encargo de decirles “nunca se olviden que jugamos aquí gracias al Comandante”.
No reniega de la violencia ni de las muertes cotidianas en Caracas. 51 asesinatos diarios, que la convierten en la ciudad más violenta y criminal de Sudamérica. Pero niega que eso sea asunto de los grupos paramilitares que responden al gobierno. Y entonces le pregunto por las FAES, las Fuerzas Armadas Especiales, que ganaron mala fama en las noches de Caracas.
“No, amigo, esos están financiados por los gringos. Para sembrar terror, para que crean que los manda Maduro y así justificar una invasión. Yo no quiero a los gringos, ni a Guaidó. Si ellos quisieran ayudarnos ya lo habrían hecho. Ya podrían habernos mandado medicamentos, dejar pasar los dólares y permitir que sea el presidente que elegimos los venezolanos el que se encargue de repartir la ayuda. ¿ Por qué quieren ellos entrar a repartirlo? Para quedarse con todo lo que tenemos. Eso es lo que quieren“.
Elvis se ríe poco, pero es muy amable. Le pregunto si es seguro sacar el celular allí, e inmediatamente le ordena a su empleado para que se ponga a mis espaldas. “Aquí la gente buena cuida a la gente buena. Tu no viniste a hablarme mal. No viniste como hacen otros a mentir sobre lo que ocurre aquí. Esta tierra bendita es rica, tiene petróleo, oro, y muchas riquezas. Si las cosas salen mal será porque Dios así lo dispuso. Pero nunca le podemos echar las culpas a los únicos que ayudaron a los pobres. Nunca. Hay que ser agradecidos”.
Al final, le pregunto si defendería con armas a Venezuela y al gobierno. Lo piensa un segundo, me mira con firmeza a los ojos y dispara: “Si es contra los gringos si. Yo no quiero que entren a mi país. Contra ellos si. No vamos a dejar que entren. Le tienen miedo a Petare. Y entonces nos verán bajar a todos, amigo. A todos”.
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