La Unidad de Intervenciones Cardiovasculares (UDIC) de Grupo MIT de Santa Fe incorporó tecnología de última generación que eleva los estándares de calidad en procedimientos de alta complejidad y permite optimizar el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades coronarias.
Se trata del IVUS (ultrasonido intravascular) y el Rotablator, tecnologías que, según explicó el director de UDIC, el doctor Víctor Moles: “No son de uso rutinario, pero resultan fundamentales cuando uno quiere asegurar el mejor resultado en casos complejos”.
Cardiología intervencionista: cómo el IVUS permite ver dentro de las arterias
El IVUS representa un cambio significativo en la forma de estudiar las arterias. A diferencia de la angiografía tradicional, que muestra el paso del contraste, esta tecnología permite observar directamente el interior de la pared arterial.
“Estamos acostumbrados a ver las arterias mediante radiología, pero esto permite inspeccionar el interior, conocer la composición de la obstrucción y entender si hay calcio, colesterol o tejido fibroso”, explicó Moles.
Esa información es clave. El especialista detalló que no todas las obstrucciones se comportan igual: “Las lesiones cálcicas son duras y pueden impedir que el stent se expanda correctamente. Saber esto antes cambia la estrategia”.
El rol del Rotablator en lesiones calcificadas
En ese contexto aparece el Rotablator, una herramienta diseñada específicamente para tratar obstrucciones severamente calcificadas.
“Es una fresa diminuta que va en la punta de un catéter y permite fracturar el calcio dentro de la arteria”, explicó el médico. Su uso permite modificar esas lesiones duras que dificultan los procedimientos.
Moles describió una de las complicaciones más frecuentes: “A veces uno implanta un stent y queda como un reloj de arena, expandido en los extremos pero no en el medio. Eso es muy malo. Con esta tecnología podemos evitarlo”.
Estas herramientas permiten resolver casos que antes eran más difíciles de tratar.
La tecnología aplicada en casos de alta complejidad
El uso de IVUS y Rotablator se reserva para situaciones específicas. No se trata de herramientas de rutina, sino de recursos estratégicos para intervenciones complejas.
“Hay casos donde uno se tiene que asegurar el resultado, como el tronco de la coronaria izquierda, las bifurcaciones o cuando es la última arteria permeable”, señaló Moles.
En esos escenarios, la precisión es fundamental. Las arterias no son tubos rectos, tienen ramas y particularidades anatómicas que aumentan la dificultad del procedimiento.
El IVUS también permite verificar el resultado final: “Después de colocar el stent, podemos chequear que esté bien expandido y bien pegado a la pared. Esa información no la teníamos antes”.
El avance sostenido de la cardiología intervencionista
El especialista destacó que estos desarrollos forman parte de una evolución constante en la cardiología.
“La primera angioplastia coronaria fue en 1977. Desde entonces, los avances han sido revolucionarios”, recordó. Con el tiempo se sumaron los stents, la doble antiagregación y los dispositivos farmacológicos.
Hoy, incluso, existen procedimientos que permiten reemplazar válvulas cardíacas mediante catéter, sin necesidad de cirugía abierta.
La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo y en Argentina.
La importancia del equipo médico y el seguimiento
Más allá de la tecnología, Moles fue claro: el resultado depende de múltiples factores. “No hay que minimizar estos procedimientos. Uno trabaja dentro de la arteria con el corazón latiendo y el paciente despierto. La clave es tener profesionales idóneos y buen soporte tecnológico”, afirmó.
También subrayó el rol del seguimiento: “El cardiólogo clínico es fundamental. Si los cuidados posteriores fallan, se puede perder todo lo ganado”.
Tras la colocación de un stent, es imprescindible cumplir con la medicación indicada. “Hay que tomar dos fármacos antiagregantes y no suspenderlos, porque el cuerpo puede formar un trombo y obstruir el stent”, explicó.
El mensaje para los pacientes
El especialista insistió en la importancia de la comunicación médico-paciente. “Hay que preguntar, entender los riesgos y confiar en el equipo”, señaló.
También remarcó la necesidad de abordar los factores de riesgo: tabaquismo, alimentación y actividad física. “El éxito no termina en el procedimiento. El paciente tiene que volver a su cardiólogo, seguir las indicaciones y cuidarse”, enfatizó.
El seguimiento y los hábitos son claves para sostener los resultados a largo plazo.
Cardiología intervencionista: innovación y trabajo conjunto
La incorporación de estas tecnologías en la UDIC de Grupo MIT se realizó con el apoyo de la empresa Tecno Health, que brinda soporte técnico durante los procedimientos y en el seguimiento.
Desde la institución destacaron que esta alianza permite acompañar el crecimiento del servicio y mejorar la calidad de atención.
El objetivo, concluyó Moles, es claro: “Desarrollar tecnologías que mejoren el tratamiento de nuestros pacientes y acompañar una medicina cada vez más precisa y segura”.
Temas








Dejá tu comentario