Si la dinámica de interacción humana con la naturaleza no cambia con urgencia, la multiplicación de pandemias como la actual dejará de ser una amenaza difusa para volverse una hipótesis inquietantemente real y cercana. Así se desprende del reporte "Escapando de la era de las pandemias” elaborado desde la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica (IPBES), que advierte sobre “crisis peores a las que vivimos en la actualidad” y en la necesidad de que los gobiernos se enfoquen en eliminar los riesgos más que en intentar paliar sus consecuencias.
La lista de temas sobre los cuáles se debe avanzar ya es conocida y la deforestación y el comercio de fauna salvaje son dos de los más importantes. ¿Por qué apuntar allí? Porque según los científicos, existen un reservorio de entre 540 mil a 850 mil virus aún desconocidos en la naturaleza susceptibles de infectar a los humanos. “Se prevén pandemias más frecuentes, mortales y costosas cuyo impacto económico es 100 veces más alto que lo que costaría la prevención”.
Otro enfoque, urgente
Según el reporte publicado esta semana por la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos si nada cambia de manera rápida en el futuro mediato las pandemias serán “más frecuentes, rápidas, dañinas y mortales” que la del Covid-19. Los expertos recordaron la estrecha correlación que existe entre la degradación de la naturaleza y el aumento en riesgos de pandemia: “hay que ir de la reacción a la prevención”.
Para ubicar el debate en el presente, conviene hacer un breve repaso en la historia cercana: la pandemia de Covid-19 es al menos la sexta que afecta a la salud global desde la gran gripe de 1918 y si bien se originó en microbios transportados por animales “su aparición ha sido completamente provocada por la actividad humana”, según el informe.
Los especialistas estiman que existen otros 1,7 millones de virus que aún no han sido descubiertos tanto en mamíferos como en aves, de los cuales alrededor de 850 mil podrían tener la habilidad de infectar a las personas.
“Las mismas actividades humanas que causan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad también provocan los riesgos de pandemias a través de los impactos que causan en nuestro entorno. Los cambios en el uso de tierras, la expansión e intensificación de la agricultura y el comercio, la producción y el consumo insostenibles alteran la naturaleza y aumentan el contacto entre la fauna salvaje, el ganado, los patógenos y los seres humanos. Este es el camino hacia las pandemias”, explicaron desde el Ipbes.
El extractivismo, en la mira
La agricultura y la extracción de recursos naturales son los dos procesos productivos que más impactan en el cambio del uso del suelo, lo que genera una destrucción de la naturaleza. Los modelos extractivistas son los que más han influido de manera negativa sobre los ecosistemas en los últimos 50 años, y causan una cuarta parte de las emisiones de gases que provocan el calentamiento global.
Estiman que existen otros 1,7 millones de virus que aún no han sido descubiertos tanto en mamíferos como en aves
“La agroindustria y la minería son dos de las actividades que más alteran el equilibrio natural junto a la deforestación, la caza y la pesca” señalaron los expertos, para agregar que sólo la agricultura cubre más de un tercio de la superficie terrestre.
Reducción de riesgos, la clave
Por fuera de las alertas, los científicos que componen el panel del Ipbes también lanzaron recomendaciones sobre la manera en la que los gobiernos, si se deciden, pueden reducir de forma significativa los riesgos de más y nuevas pandemias.
En primer lugar, hay que limitar las actividades humanas que producen pérdida de biodiversidad, conservar las áreas protegidas y establecer medidas para prevenir la explotación insostenible de regiones de elevada biodiversidad. “Esto controlará el contacto entre fauna salvaje-ganado-seres humanos y contribuirá a prevenir el riesgo de desborde de nuevas enfermedades”, según el informe.
“Proteger la naturaleza, es una de las medidas más inmediatas que podemos tomar para reducir el riesgo de futuras pandemias”, ya que se estima que las políticas de prevención cuestan mucho menos que las políticas necesarias para responder a ellas.
“Las infraestructuras naturales como los bosques, los humedales y los manglares suelen funcionar mejor y a menor costo que sus homólogos convencionales como las defensas contra las inundaciones y la irrigación”, sintetiza el trabajo.
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