Los tocones -troncos- de estos árboles resultan un sustrato especial para cultivar la gírgola (Pleurotus), un hongo comestible que promete ganar terreno en la gastronomía argentina, siguiendo la senda del champigñon y el portobello.
Juan Carlos García cuenta que produce estos hongos desde hace 15 años, cuando desde la Universidad del Comahue desarrollaron la variedad para la zona. “Somos varios los que nos enganchamos y formamos Girpat, una cooperativa ubicada en Gral. Roca, Río Negro, que nos permite tener llegada al consumidor”, dijo a Bichos de Campo.
“Se puede hacer de todo con la Gírgola, tanto en fresco como en conserva o deshidratado y hasta en polvo. Las propiedades son múltiples y puede reemplazar a la carne por tener 3% más de proteína que las verduras y ser muy rico en vitaminas y minerales”, explicó García.
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