Redacción Aire Digital
Bárbara Hoffman, la hija mayor de Sergio, vive en Lago Puelo, pero se mantiene al tanto de todo y de vez en cuando se expresa en redes sociales. En estos días, al cumplirse seis meses del accidente de su padre, escribió una fuerte carta que publicó en Facebook. Allí transmitió su dolor pero también cierto fastidio por lo que les toca enfrentar.
“Ya 6 meses… Durante todo este tiempo hubo, hay y habrá de por vida mucho sufrimiento”, comenzó diciendo. Y en otra parte comenta: “Lamentablemente nunca se lo nombró tanto en los mejores momentos de su carrera y sí en esta situación y eso jode”.
“Muchos mensajes fueron muy lindos y alentadores pero como en todo, muchas personas fueron muy desubicadas y faltas de respeto (sic)”, agregó. Luego cerró: “Papá sigue sin cambios, aún no despierta. Esperamos lo mejor para él, que tanto lo merece”.
Todos ellos están conectados a través de un grupo de chat que crearon después del accidente.
Diego Colombo también forma parte de ese círculo íntimo. Es el histórico abogado de Sergio, pero mucho antes que eso es su amigo y hombre de confianza desde hace más de 50 años. Va a verlo todos los viernes, y la semana pasada fue testigo de un momento que lo estremeció.
“Fuimos a verlo con Federico, con el hijo, y le decíamos lo de siempre: ‘Negro, tenés que salir’, ‘Dale Negro, con fuerza, que te esperamos’, ‘Vamos a salir y vas a estar bien'”, le relató a Clarín, en exclusiva.
Leer más►Bianca Iovenitti se desnudó en las redes y explicó por qué se separó de Fede Bal
“Y bueno, en un momento lagrimeó. Le dije a Federico que tenía una lagrimita y se la sacamos con el dedo. A veces soy exagerado con mi deseo y veo o siento cosas que no son, pero la lágrima estaba ahí, la tocamos”, explicó Diego.
No es el único que nota que el cantante se moviliza con ciertos estímulos. En algún momento, Cacho Castaña se comunicó con Carlos para sugerirle que no dejen de hablarle a Sergio, que insistan, que tengan fe, que él vivió una situación similar y que, cuando despertó, se acordaba de todo.
Cada vez que alguien entra a la habitación, Sergio abre sus ojos. “Pero tiene una mirada distinta, no es perceptiva”, aclara Colombo. Se alimenta a través de una sonda, por supuesto. Si bien perdió algo de peso y masa muscular, su aspecto no es para nada chocante.
Nadie se pone plazos: todo este proceso está regido por la paciencia y la fe. Esa actitud que Sergio sacó a relucir a lo largo de su vida cada vez que tocó fondo, como cuando quebró y perdió todos sus ahorros, en los años noventa, o luego cuando estuvo a punto de quedarse sin voz. Siempre volvió.
En esa pequeña habitación donde desde hace meses todo es silencio y quietud, Sergio y los suyos la están peleando día tras día.
Temas








Dejá tu comentario