martes 29 de septiembre de 2020
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"Recuerdos que mienten un poco": hace 19 años, Los Redondos tocaban por última vez

El 4 de agosto de 2001, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las bandas más influyentes del rock nacional, daba su último recital. Fue en Córdoba. Algunas memorias de un final ¿inesperado?

Algunos rumores de separación o de peleas entre las dos principales cabezas de la banda, el Indio Solari y Skay Beilinson, empezaron a dar vueltas allá por el año 1998, durante la grabación del Último Bondi a Finisterre, pero fueron desmentidas por los propios protagonistas. Es por eso que las versiones no fueron muy tenidas en cuenta por el público.

Sin embargo, el sábado 4 de agosto de 2001, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las bandas más influyentes y convocantes de la historia del rock nacional daba su último recital.

Fue en Córdoba, en el entonces estadio Chateau Carreras (hoy Mario Alberto Kempes) ante casi 40. 000 personas.

Para diciembre de ese año estaba previsto otro recital, en el estadio Unión de Santa Fe, pero la crisis social lo impidió. Ese show nunca se reprogramó y fue el final, inesperado, de Los Redondos.

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Algunas memorias del “último viaje”

En mi cabeza, como todo ansioso, el viaje a “la misa” empezó un mes antes, apenas tuve mi entrada al show en la mano y la mitad del viaje pagado. Como era costumbre en los tours de rock, la otra mitad se pagaba antes de subir al colectivo.

La “previa” la hice con un amigo (Mariano) quien entonces tenía un kiosco en 25 de mayo e Hipólito Irigoyen, con cerveza y Redondos a todo volumen.

La salida de los colectivos estaba prevista para el sábado por la mañana desde la terminal de ómnibus de la ciudad de Santa Fe, espacio “copado” por ricoteros durante horas.

Si no se tiene en cuenta algún pequeño “incidente” en alguna estación de servicio en la zona de San Francisco, podría decirse que el viaje fue tranquilo. Mucha cerveza, mucho fernet y cantando canciones de los Redondos sin parar.

Pero la llegada a la zona del estadio no fue de las mejores. La Policía mostró, de entrada, que de amabilidad no sabía demasiado. Más allá de eso, ingresamos sin inconvenientes al campo y comenzamos a buscar un lugar estratégico donde ubicarnos.

Como era costumbre en cada recital de Los Redondos, las banderas con frases de canciones o de los lugares de origen eran incontables.

Por momentos, en el ambiente se respiraba cierta tensión y rápidamente volvían recuerdos de lo ocurrido en River, sobre todo cuando se producía algún movimiento masivo por el ingreso de la gente o alguna que otra corrida.

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Minutos antes del comienzo del show, el estadio era un hervidero. Casi 40.000 almas cantando por Los Redondos, acompañados por el color y el humo de las bengalas, lo que conformaba un inolvidable paisaje.

Como ocurría cada vez que la banda subía al escenario, apenas se apagaron las luces, el Chateau explotó. Rápidamente comenzó a sonar una música de Tchaikovsky y las pantallas gigantes aparecieron figuras de flores coloridas.

Luego se escuchó un “Hola Córdoba”, del señor calvo y empezaron a sonar los primeros acordes de Unos pocos peligros sensatos. Sin dar respiro y como aviso de que se venía un show inolvidable, vino El pibe de los astilleros.

Luego, llegó un paseo por los dos últimos discos, El Último Bondi a Finisterre y Momo Sampler, que incluyó Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cybersiberia, Una piba con la remera de Greenpeace, Pool, Averna y papusa, Templo de Momo, Pensando como una acelga y Rato molhado.

Como los ánimos estaban calmos, la banda liderada por el Indio, decidieron que era buen tiempo para el rocanrol y largaron Vamos las bandas, Nadie es perfecto y Mi perro dinamita.

El Indio Solari, quien realizó el recital “decadrón mediante”, tuvo su momento de enojo, cuando un ricotero le arrojó una zapatilla y le rozó la cara. “Vení al camerino a tirarme algo, boludo”, gritó.

Pero las bandas iban a tranquilizarse a otra vez con La Murga de los Renegados y Sheriff, dos temas del último disco que rápidamente se convirtieron en himnos ricoteros.

Murga purga, Dr. Saturno y Murga de la Virgencita fueron la antesala de los clásicos.

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Clásicos y el final

Queso ruso, Ñam Fri Fruli Fali Fru y Rock para los dientes volvieron a poner en clima al público que luego le dieron paso a la emoción con Juguetes perdidos.

Las canciones del recuerdo también tuvieron su momento con Preso en mi ciudad y Noticias de ayer.

Después sonó el tema que provocó “los pogos más grandes del mundo”, Jijiji y la banda se fue del escenario. Pero el pedido de la gente logró que volvieran y se despidieran de una inmejorable manera: Un ángel para tu soledad y todo fue delirio.

Llegaría el final. No solo el final de un show maravilloso, sino el final de una banda que dejó un legado musical, cultural y social invalorable. Pero además, que se convirtió en la banda sonora de mi vida y de miles de argentinos.

Ya hace 19 años de ese recital. De ese final inesperado. ¿Cómo no sentirme así?

Los Redondos en el "Estadio Chateau Carreras" de Córdoba (04/08/2001) - Fragmento del recital