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Espectáculos Bad Bunny | River |

El video de Bad Bunny en River que es furor: "El que no salta es un inglés"

El artista puertorriqueño sorprendió a todos al sumarse a un clásico cántico de la tribuna argentina.

Bad Bunny consolidó su romance con el público local durante su segunda función en el Estadio River Plate. Ante una multitud que superó las 80 mil personas, el artista desplegó un espectáculo que trascendió los límites del reggaetón y marcó un hito en la industria musical. En medio de un clima de euforia, Benito Martínez Ocasio mostró una complicidad absoluta con sus seguidores al sumarse a los cánticos populares que retumbaron en todo el Monumental.

Un refugio tras la tormenta política

El cantante llegó a Buenos Aires apenas una semana después de su explosiva actuación en el Super Bowl, donde utilizó la pantalla gigante para lanzar mensajes contra las políticas migratorias de Donald Trump.

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Sobre el escenario porteño, el artista abrió su corazón ante los fanáticos: “Estaba loco por volver a mi isla y por volver a la Argentina. Después de dos semanas muy intensas, se siente como volver a casa”. Con estas palabras, el músico agradeció el recibimiento argentino tras enfrentar las críticas de los sectores conservadores en Estados Unidos.

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El salto que unió a Bad Bunnny con Argentina

Uno de los momentos más comentados de la noche ocurrió cuando el público inició el clásico cántico futbolero: “el que no salta es un inglés”. Bad Bunny, lejos de mostrarse indiferente, escuchó el grito de guerra mientras se acercaba a saludar a los invitados especiales en el sector de "La Casita". El artista no dudó en acompañar el ritmo y comenzó a saltar junto a las gradas para estrechar el vínculo con los fanáticos que ocupaban las primeras filas del campo.

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Este gesto de cercanía reafirmó la conexión cultural entre el puertorriqueño y su audiencia local. El show más esperado del año no solo destacó por su despliegue técnico y visual, sino por la capacidad del intérprete para mimetizarse con la pasión argentina. Bad Bunny cerró la jornada demostrando que, para él, tocar en Buenos Aires representa mucho más que un compromiso laboral: es el reencuentro con un público que lo adoptó como propio.

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