Eduardo Feinmann vivió una pesadilla por el coronavirus. Todo empezó con una simple disfonía que atribuyó al cambio de clima y se terminó convirtiendo en un calvario. A varios días de haber recibido el alta, recuperó fuerzas y se hizo presente en sus trabajos, donde además de dar detalles de lo mal que la pasó exclamó que está muy decepcionado y furioso con una vecina. ¿Qué le hizo?
"Te transformás en un apestado. La sociedad, desgraciadamente ante esta enfermedad te toma como un apestado. La señora del tercer piso del edificio... ¡las barbaridades que dijo! El día que yo la encuentre en el ascensor señora... Ya me voy a ocupar de usted, señora. Te transformás en un potencial asesino en el edificio de tu casa", dijo muy molesto en su ciclo de A24.
El periodista aseguró que apenas le dieron el diagnóstico, el 19 de agosto, se preocupó más por sus compañeros que por él mismo, ya que tenía miedo de haberlos contagiado: "Yo siempre pensé en ellos. Aunque no hay responsables. No hay asesinos ni apestados. Somos víctimas de este bicho chino de mierda. ¡Algún día nos vamos a ocupar de los chinos! El planeta se va a ocupar de ustedes".
Feinmann estuvo tan enfermo que hasta pidió que rezaran por él. La fiebre nunca superó los 38 grados, pero no había forma de bajársela. El malestar se hizo tan intenso que hasta le costaba levantarse de la cama, aún cuando el médico le dijo que podía retomar sus actividades.
“Mirá que tuve muchas enfermedades. De chico me las pescaba todas: paperas, hepatitis, todo bicho que volaba. Pero nunca pasé una situación similar. Nunca en mi vida. Un día te resulta que te internan, te tiran en una cama y ahí quedás. No podés ver a nadie. No le ves la cara a los médicos, a las enfermeras. No le conozco la cara a nadie. Solo los ojos. Los médicos te dicen 'vamos a ver cómo evolucionás. Hoy te hago una placa radiográfica y veo tus pulmones y mañana te hago otra. Y esperemos que no avance'. Ahí la cabeza juega un papel muy fuerte donde vos tenés que estar luchando el virus, pero no hay nada que haga que el virus no avance. No hay un medicamento", precisó Eduardo, que afortunadamente se encuentra mucho mejor.
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