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Espectáculos

“Uniendo fisuras” a cinco años de la muerte de Gustavo Cerati

Uniendo Fisuras: Signos y la consagración continental de Soda Stereo, es un libro escrito por el periodista rosarino Diego Giordano. En la obra analiza el contexto que rodeó al disco que le abrió definitivamente las puertas al éxito masivo al grupo liderado por Gustavo Cerati, secundando por Zeta Bosio y Charly Alberti. Este 4 de septiembre se cumplen cinco años de la muerte de Gustavo Cerati.

Redacción Aire Digital

La obra, publicada por la editorial Vademecum, se entromete no sólo en cómo se terminó de conformar el particular sonido del trío, sino que también hace un permanente vaivén entre lo musical y el influyente “caldo de cultivo” postdictadura en la creación de lo que significó en la carrera de Soda Stéreo el  tercer álbum de estudio. Este disco les dio el pase libre a los escenarios de gran parte de Latinoamérica trascendiendo en todo el continente.

En diálogo con el programa Anticipos del día de Aire de Santa Fe, Diego Giordano, autor del libro manifestó que Signos es el disco más importante en la carrera de Soda Stereo no solo desde lo artístico sino además porque se profundizan las diferencias internas del grupo y la pelea por los derechos autorales.

Volvé a escuchar la entrevista con Diego Giordano

En el día en que se cumplen cinco años de su muerte, compartimos un adelanto exclusivo del capítulo Las canciones. “Tema por tema” se analizan las composiciones de Signos desde diversos ángulos.

‘Sin sobresaltos’
(Cerati-Bosio)

Al tratarse de la apertura del disco, es válido considerar a ‘Sin sobresaltos’ como una suerte de manifiesto. En Nada personal, el grupo había diseñado una propuesta bailable y contracturada, sostenida por un sonido de corte pirotécnico. La primera y más notoria diferencia que marca el arranque de Signos es una concepción sonora más acústica y equilibrada.

Para el líder de Soda, cambiar de piel una y otra vez en pos de nuevas ideas era una necesidad, y en la discografía del trío cada álbum representa un quiebre con su antecesor: “Para mí, es importante cambiar, porque es natural que, después de un par de años que estoy tocando la misma cosa, necesite realmente un refresh […] ojalá yo pudiera emprender mejor ese método, de sacarme la ropa vieja y no porque es vieja, sino porque significa ‘hacer lo mismo’ o que las cosas son de esa manera y no pueden ser de otra…”, le confesó Cerati a Gustavo Bove.

El planteo rítmico de ‘Sin sobresaltos’ es furioso: atornillando los cuatro tiempos del compás en el redoblante, Alberti persigue frenéticamente al bajo por el laberinto de contratiempos con el que Bosio subraya el riff de la canción desde las cuatro cuerdas de su Kubicki Ex Factor. No hay desvíos en el acoso, apenas unos bombos en los descansos y algunos truenos de rototoms ubicados en lugares clave. Cada golpe que Alberti entrega con precisión maniática remacha las palabras de la letra con la prepotencia de una declaración de guerra.

El ascenso a la fama, temática que había sido abordada en clave irónica en el primer disco, reaparece en uno de los breves instantes que ofrecen reposo entre tanta urgencia acelerada, cuando Cerati lanza una sentencia a la altura de sus intenciones imperiales: “Imagino que siempre hay un reino para destronar, y luego olvidar”.

Gigante y arrogante, ‘Sin sobresaltos’ anuncia la conquista latinoamericana a pura adrenalina y evidencia el crecimiento del trío como unidad musical.

Pablo Schanton afirma:

Solo Purple Rain [1984], de Prince, que acá se escuchaba y se analizaba con obsesión, o Born in the USA [1984], de Bruce Springsteen, y aquí Piano bar [1984] empezaban tan arriba. Cerati canta: ‘Un poco de blanca, un poco de fama’. La fama viene con subidón de cocaína, y esa cuestión del ascenso y la fama y el subidón permeará toda la década, en canciones como ‘Cable a tierra’, de Fito Páez, ‘No te animás a despegar’, de Charly García, o ‘La mirada de Freud’, de Spinetta. ‘Sin sobresaltos’ se propone cerrar la temática de los discos anteriores para proponer el subtexto de todo el disco: la semiótica erótica.

Los arreglos de vientos son centrales en la factura de la canción. Su autor, Juan Pollo Raffo, era un viejo conocido de Cerati. A finales de los años 70, el líder de Soda integraba los grupos Vozarrón y Savage, junto con Marcelo Kaplan. El primero era un ensamble folclórico, y el segundo animaba fiestas con música bailable, interpretando versiones de grupos como Kool & the Gang o Electric Light Orchestra. En una ocasión, Raffo reemplazó a Kaplan en Savage. Cerati y Raffo volvieron a encontrarse cuando integraron la banda de acompañamiento del cantante Ian Durand para una presentación en el programa Domingos para la juventud, en Canal 9.

Cuando ya se había formado Soda, Raffo lideraba el grupo instrumental El Güevo, que tocaba en el mismo circuito que el trío en sus primeros años. Raffo asistió a un par de ensayos, de los que se llevó un casete con la grabación de las canciones sobre las que debía trabajar. Cerati le pidió que usara como referencia los arreglos de vientos de So (1986), el disco de Peter Gabriel. Apunta el arreglador:

Para ‘Sin sobresaltos’ buscamos un arreglo soulero, en la onda de Otis Redding. Preparé algunas cosas y se las mostré a Gustavo en el piano. Es un arreglo que va muy arriba todo el tiempo, pero yo no sabía que era la canción que abría el disco. El “uh uh” que canta Gustavo entre las estrofas no estaba en la versión original de la canción, él agregó esas voces doblando los vientos que yo había escrito.

Al momento de grabar al cuarteto de vientos integrado por Diego Urcola (trompeta), Pablo Rodríguez (saxofón alto), Sebastián Schön (saxofón tenor) y Marcelo Ferreyra (trombón), Mariano López le mostró a Raffo una foto de la banda de Bob Mintzeren, la que todos los vientos estaban en círculo alrededor de un micrófono estéreo. López intentó replicar el experimento, pero el resultado no fue satisfactorio, por lo que se decidió grabar de una manera más convencional. Raffo cuenta que se buscó un buen ambiente y se tomó al ensamble de un modo acústico: “Solo pusimos un micrófono más cerca para compensar algunas cosas. Después, Gustavo chequeaba las mezclas con un casete en un radiograbador hogareño”.

 

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