Luego de 205 capítulos, Argentina, tierra de amor y venganza, llegó a su fin: la última contienda de la guerra personal entre el perverso Torcuato (Benjamín Vicuña) y el noble Bruno (Albert Baró).
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Los otrora compañeros de pelotón en la guerra civil española se convirtieron en enemigos acérrimos. La lealtad murió aquel día del disparo a traición de Ferreyra, que no pudo acabar con la vida del catalán.
El primero construyó un imperio con la fortuna ajena, donde el soborno, la corrupción y el crimen organizado eran ley. El segundo debió sortear numerosos obstáculos y aprender a reconstruirse para recuperar todo lo perdido.
Las obsesiones y las ansias de poder ilimitado de uno frente a la activa búsqueda de justicia y del amor verdadero del otro.
Era el duelo final. Ya no había vuelta atrás. Era a matar o morir.
Asimismo, fue el último enfrentamiento entre Trauman (Fernán Mirás), el explotador sexual más poderoso del país, y Raquel (Eugenia China Suárez), la polaca traída engañada de Europa.
La joven tuvo que soportar todo el yugo del cafishio pero con el tiempo pudo tomar coraje y levantarse contra aquel hombre nefasto que solo buscaba dominarla y suprimirla.
Aldo (Gonzalo Heredia) fue su salvador y su gran amor en medio de este infierno. Pero también se erigió como el principal oponente para el proxeneta.
Y la pobre Alicia (Mercedes Funes), la inútil, la siempre ignorada, la sombra de su hermano, intentó demostrar que estaba a la altura de las circunstancias.
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