menu
search
Espectáculos

Álex de la Iglesia: “Encontré mi propia mesura en el desequilibrio”

Por Andrea Romanos

La ficción es una lucha contra el aburrimiento, sobretodo para alguien que asegura disfrutar de la sensación de apocalipsis constante. El cineasta español Álex de la Iglesia se paseó esta semana por Buenos Aires para participar en la conferencia Encuentro con los Maestros en el Teatro Coliseo, donde habló de todo aquello que la gente desconoce de la industria cinematográfica y del proceso creativo en un largometraje.

“Hacer una película es todo menos lo que la gente cree que es hacer una película”, contó el director en conversación con Aire Digital. “Lo más normal es que un día llegues al set y el decorado no esté, no puedes grabar porque tu localización está cerrada o falte un actor. Por eso la labor del director es solventar la infinidad de imprevistos que rodean un rodaje”.

El director de El día de la bestia, Balada triste de trompeta y Perfectos desconocidos quiere romper esquemas sobre el tecnicismo que se le presupone al hecho de armar una película, porque para él el arte es una expresión vital. Le gusta ir a los extremos, dice, “porque para lo demás ya está la vida”.

Sus entornos son claustrofóbicos, sus escenas grotescas, y sus personajes se encuentran siempre contra las cuerdas. La razón es que decidió dejar la mesura “para gente más inteligente”, bromea. “Los que somos torpes y no sabemos construir una historia adecuadamente nos deleitamos en el caos. Por suerte o por desgracia, yo encontré mi propia mesura en el desequilibrio”.

Pero hasta alguien con una impronta tan particular sobre el propio arte debe luchar contra negocios e imposiciones, por eso admite que todos los días el sistema aprieta sobre su creatividad. “Yo dirijo lo que puedo. Haría películas absolutamente distintas, lo que pasa es que vivo de esto”, lamenta, a la vez que admite que el diálogo no solamente se establece con el público sino también con el distribuidor, el exhibidor o el inversor.

“En una película convencional existe un primer acto donde conocemos a los personajes y se plantea un situación, en el segundo empiezan a aparecer los obstáculos y en el tercero se resuelve. Eso lo vemos en todos los cines, y creo que a todos nos aburre muchísimo. ¡Qué maravilla sería romper eso! ¿Pero quién lo paga?”, dijo a Aire Digital.

Si bien hace mucho que la inocencia del principiante lo abandonó, recuerda con cariño su primer contacto con el mundo del arte, algo que entre su grupo de amigos “era un concepto peyorativo y bastante vilipendiado”. Eso no les impidió abrir una galería en Bilbao donde hacían exposiciones que, según dice, “eran muy divertidas porque siempre se prendía fuego”.

Agradece a sus compañeros que tuvieran la galantería de dejarse acompañar, pues según reconoce, por aquél entonces “yo era un patán y para mí, ellos eran la cumbre del sentimiento punk”. El cine vino después.

Desde entonces ha llovido mucho y la experiencia pesa, sobretodo en la relación con sus protagonistas. “Cada vez me gusta más la dirección de actores. Al principio, cuando era joven, los actores me parecían una parte de la ecuación como podía ser el decorado”, reconoce, pero luego reconoce que descubrió que trabajar bien con ellos “permite amplificar el poder de los hechos”.

Admite sin complejos que a veces recibe alguna queja sobre el reto físico que a veces suponen sus films: “Ellos dicen que los trato como muñecos. Yo hago un dibujo donde alguien está colgado en un balcón y luego agarro un balcón y les digo que se cuelguen. Me hago un poco el sorprendido cuando me comentan que no es tan fácil”. ¿La solución? Buscar que todos se diviertan: “Hago tonterías como colgarme yo primero, por ejemplo, para suavizar”.

Aunque no sabe cuando volverá, en Argentina siempre tiene proyectos en mente. Es una vieja fijación suya la de poder filmar El eternauta. “Mañana tengo una reunión para intentarlo”, dijo este lunes ante el público expectante del Coliseo. “Es una historieta que me vuelve loco”, reconoció, y su voluntad sería poder grabarla respetando al cien por cien el original, haciendo una transcripción literal.

En todo ello hay algunos puntos en contra: “Creo que se desarrolla en 1953, con lo que habría que mostrar un Buenos Aires antiguo. Además están las enormes cucarachas y los extraterrestres, con lo que saldría una película cara. Habrá que esperar a ver si el proyecto prospera y comprobar si delante de un film de esos “que solo te dan problemas” De la Iglesia se crece ante la adversidad.

 

Fotos: Juan Ignacio Martínez de Bonis

 

Dejá tu comentario