martes 12 de noviembre de 2019

Policiales |

El clan Caminos y el negocio de la muerte y las barras de fútbol, con el narcotráfico como eje

Hace años que Rosario sangra por la alianza entre barras y narcos: colonizar las tribunas garantiza territorialidad para vender drogas y comprar protección.

 

Por Germán de los Santos

A través de la causa en la que se condenó en un juicio abreviado el lunes pasado a 26 años de prisión a Andrés Caminos, sobrino del histórico jefe de la barra de Newell’s Roberto “Pimpi” Caminos, asesinado en 2010, se trasluce cómo funciona esa mezcla indisoluble que alimenta las falsas pasiones en torno a una tribuna, con el narcotráfico como eje.

Los tiros abren espacios en las tribunas y en los barrios, donde los colores de las camisetas amplían las fronteras en una ciudad que sangra por la alianza entre barras y narcos. Un nexo que no distingue pasiones, sino que se alimenta de ellas. Colonizar las tribunas garantiza territorialidad para vender drogas y comprar protección.

Leer más ► Los policías corruptos que el 10 de cada mes pasaban a cobrarles a los narcos

Andy Caminos, socio de Alexis, preso en la cárcel de Coronda, fue condenado por tres ejecuciones. El crimen de Lorena Ojeda, y los asesinatos de Carlos Juárez, que ocurrió el 25 de diciembre de 2016 y el de Cristian Reynoso el 19 de abril del 2018.

Andrés Caminos en Tribunales (Foto: Juan José García)

Andrés acataba órdenes de Ariel “Tubi” Segovia, quien era el “delegado” de Los Monos en la barra de Newell’s, y que su final también quedó encerrado en el espiral de violencia en torno a ese núcleo mafioso. Murió en una celda de Coronda salvajemente acuchillado por un grupo de atacantes encapuchados que le asestaron decenas de puñaladas mientras uno lo ahorcaba con un cable.

Leer más ► El crimen de Ariel Segovia: habían pedido que “Tubi” esté “a resguardo”, pero la Justicia lo denegó

 

Segovia había comenzado como un sicario de Máximo Cantero, alias “El Viejo”, líder más veterano de Los Monos. Le pagaban con el gerenciamiento de búnkeres, con los que empezó a acumular su capital que invirtió en emprendimientos turísticos en la provincia de Córdoba.

“Andy” recibía las órdenes que Segovia les daba desde la cárcel de Piñero. “Tubi” había caído preso tras ser herido en el pecho en octubre de 2016. Dio un nombre falso y cuando los efectivos de la guardia del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA) lo reconocieron les ofreció un millón de pesos.

Lo buscaban por las ejecuciones que se habían dado esos meses en torno a la barra de Newell’s. Los liderazgos en la tribuna eran efímeros en ese momento. Todo estaba envuelto en una convulsión permanente tras la caída de Diego “Panadero” Ochoa, quien había sucedido a Pimpi en 2008 tras los 14 años de reinado del fallecido Eduardo López en la presidencia del club del parque Independencia.

El que asumía como jefe lo mataban unas horas después. Así habían sido ejecutados Maximiliano La Rocca y Matías Franchetti. El otro asesinato era el de Jonathan Rosales, que Segovia había eliminado porque se había negado a matar a “Cuatrerito” Franchetti, un pesado con una extensa historia sobre el lomo.

“Cuatrerito” cargaba en su prontuario haber cumplido en 2012 una condena a tres años de prisión en Portugal por el caso Carbón Blanco, uno de los mayores contrabandos de cocaína de la historia.

Matías Franchetti era jefe de la barra de Newell’s y fue asesinado el 7 de junio de 2016 frente al “Coloso” Marcelo Bielsa

Jonathan fue ejecutado cuando iba con su pareja Brisa Ojeda, de 18 años, y su hijito. Era la única testigo. Y eso le preocupaba a Tubi Segovia. Por eso le ordenó a Andy Caminos que había que silenciarla para siempre.

A Lorena Ojeda, de 16 años, la mataron porque era parecida a su hermana Brisa. Se confundieron. Segovia llamó en diciembre desesperado desde el penal de Piñero a su abogado Marcos Cella. Y le hizo un pedido que le costó muy caro. “Tubi” le ordenó a su defensor que suspendiera la rueda de reconocimiento de la única testigo, Brisa Ojeda.

“Amplialo para la semana que viene. Yo veo si la hago desaparecer”, le dijo Segovia a su abogado, según las escuchas judiciales a las que accedió Aire de Santa Fe. Y eso ocurrió.

Tubi ordenó matar a la joven. Cuatro hombres, entre ellos Andrés Caminos, fueron al otro día hasta su casa en Vera Mujica y Rueda, y dispararon cuando una chica abrió la puerta. Era Lorena, de 16 años, muy parecida a su hermana. Murió cinco días después por los dos tiros que le perforaron el tórax.

El abogado fue detenido e imputado como “partícipe necesario” del asesinato, pero pagó una fianza de 1.000.000 de pesos y salió en libertad. Juró “por Dios” que nunca escuchó a su cliente decir que iba hacer desaparecer a la testigo. En diciembre de 2018 fue condenado a tres años de prisión. No pudo pisar más los tribunales. Ahora tiene una librería en el centro de Rosario.

“Tubi” Segovia (en el centro de la imagen) fue asesinado en la cárcel de Coronda en abril de 2018

El de Lorena no fue el único crimen que Segovia ordenó desde el penal de Piñero. Por teléfono sus hombres recibieron las directivas de matar a Lautaro Funes, uno de los líderes del clan contrario a Los Caminos, los nuevos socios de Los Monos. Pero la emboscada que planeó no salió como esperaba. Sus sicarios fallaron. “Lamparita” Funes no sufrió un rasguño y en cambio las balas impactaron en Lisandro Fleitas.

Ese error le costó la vida a “Tubi”. Una de las versiones más fuertes es que Segovia no pudo cumplir con un nuevo encargo: asesinar a Funes dentro de la cárcel, donde fue enviado el 22 de septiembre de 2016 luego de que lo apresara la Policía Federal. En abril de 2018 Segovia fue asesinado a cuchillazos dentro de una celda en la cárcel de Coronda, donde sus verdugos fueron un grupo de presos encapuchados.

Dejá tu comentario