En la teoría, un empresario es, entre otras cosas, aquél que fija los objetivos y toma las decisiones estratégicas de las empresas asumiendo responsabilidades comerciales y legales frente a terceros y por eso es un actor social que está construyendo constantemente relaciones jurídicas. Sin embargo, en la práctica, muchas de esas relaciones jurídicas penden de un hilo.
La asesoría y el acompañamiento que las pequeñas y medianas empresas solicitan a los estudios de abogados aparecen frente a situaciones límite que les están haciendo “apretar el zapato” como conflictos de tipo laboral, consultas relacionadas con reclamos sindicales, problemas fiscales, conflictos con acreedores y temas sucesorios.
De esto se puede inferir que las Pymes tienen una relación muy inestable con el destino de pequeñas partidas presupuestarias al pago de profesionales que participen activamente en el seguimiento de cuestiones legales porque si bien dejaron de ver la contratación de estos servicios como un gasto oneroso persiste un número importante de compañías que solicitan el salvavidas cuando ya están inmersos en un litigio.
Medidas de prevención
“Nosotros insistimos en la función preventiva”, dice Alejandro López Tilli, presidente de Adiras, la Asociación de Directorios Asociados. El especialista en derecho empresarial asegura que “las empresas que han aprendido a asesorarse de antemano, pueden prevenir problemas y por eso les va bien, crecen y mejoran aún en medio de una crisis”. Sin embargo, ese ideal raras veces se cumple porque el pequeño empresariado local “se mueve en el océano que conoce hasta qué temas relacionados con lo laboral o fiscales irrumpen en su realidad de manera brusca”. El pedido de ayuda tardío hace que el asesoramiento legal que puede darse sea de emergencia, con muchas menos opciones de respuesta, ineficaz y caro.
Los mayores inconvenientes que tienen las pequeñas empresas están relacionados con temas fiscales. En ese sentido, López Tilli asegura que, si se comienzan a “planificar los ejercicios fiscales de manera organizada y con un plan de cómo va a ser ese ejercicio, hay muchas acciones que las empresas pueden hacer para adaptar el negocio al esquema fiscal y evitar sorpresas”. Existen “opciones muy eficientes para que las pequeñas compañías puedan ahorrar impuestos -legalmente-. Y cuando se ejecutan esos mecanismos de prevención los niveles de multas disminuyen casi en una cuarta parte”, asegura.
Lo mismo sucede con la deficiente registración laboral, dónde muchas veces se miente sobre el inicio de la relación laboral, acerca de las tareas desarrolladas y dónde no coincide la remuneración declarada versus la realmente pagada y por beneficios laborales que no están tributados. Esas omisiones adrede en detrimento de los trabajadores derivan siempre en instancias de litigio sin retorno que implican mayores gastos y preocupaciones.
Un profesional que asesora a pequeñas y medianas empresas puede también influir de manera positiva en materia de contratos, en cuestiones societarias, sobre las relaciones laborales con los empleados o en lineamientos específicos de la actividad o el rubro en el que la pyme se desempeñe. Gestionar una habilitación municipal, asesorar en la actualización de leyes provinciales para la contratación de proveedores de un rubro determinado o trabajar en la prevención de un ciber ataque también son acciones de acompañamiento altamente importantes.
Armado de un nuevo plan de negocios
Otro de los servicios legales más comunes, de acuerdo a López Tilli, son las negociaciones con acreedores -financieros o comerciales- y destaca que, en la mayoría de los casos, con un correcto análisis de la situación y posterior negociación “muchas han podido afrontar sus deudas con acreedores porque nadie quiere que una empresa se funda y deje de existir”. Lo principal, para arribar a buen puerto, es hacer una investigación minuciosa previa de las razones de por las que una compañía llegó a esa instancia porque “eso te permite evaluar la viabilidad del proyecto empresario, analizar la estructura del capital de una empresa, saber cuál es la deuda tóxica, excesiva y cuál el capital de trabajo”.
La clave, sostiene el especialista, es sentarse frente al acreedor con “un plan de negocios nuevo de la empresa ajustado a la reestructuración de esa deuda”. Las malas decisiones financieras que llevan a una empresa a no poder afrontar sus compromisos tienen que ver, dice el abogado, “por no contar con un asesoramiento legal adecuado más allá de las tareas contables o administrativas que evalúen la viabilidad de las acciones futuras”.
Regulaciones, sindicatos e impuestos
Las causas por las que muchas pequeñas empresas llegan a la instancia de tener que negociar una deuda con sus acreedores tiene que ver también con complicaciones regulatorias (como autorizaciones para la circulación de producto) que demoran enormemente el crecimiento de las ventas. “Toda inversión y proyección que vos haces en una empresa depende de que el negocio esté en marcha y que suban las ventas; si eso no se cumple, cualquier crédito que hayas tomado se descalza y entrás en cesación de pagos”, asegura López Tilli.
Las deudas fiscales que generan reajustes por parte de la Afip, redeterminaciones de deuda y el embargo, cómo medida de presión más extrema, también son hoy un gran dolor de cabeza para aquellas compañías que no tengan sus cuentas al día.
Sobre los temas sindicales que a veces pueden interrumpir el funcionamiento de una compañía y hacer que se interrumpa la cadena de pagos, López Tilli asegura que “los abogados están ahí para lograr acuerdos, una instancia previa al litigio o conflicto sin retorno. “ Asegura que “todos los sindicatos con mayor o menor fuerza están organizados y tienen asesoramiento legal por lo que la negociación siempre es a través del intercambio de ideas y el entendimiento del impacto de una medida en la empresa”.
Más allá del tipo de relación que una empresa tenga respecto del cuerpo de profesionales que la asesora (departamento de legales in company o con un profesional externo que les provee de asesoramiento) los abogados son un actor activo dentro del mundo empresarial por la importancia que el asesoramiento legal tiene en los cursos de acción que cada empresa toma en sus diferentes ámbitos. Aún queda recorrer el camino para que las pequeñas y medianas empresas comprendan que el acompañamiento y asesoramiento constante generan, en el largo plazo, muchos menos imprevistos e inconvenientes para sus compañías.
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