Pero eso se convierte en una bola de nieve, porque cada mes crecen las necesidades y, por supuesto, la deuda también. Hasta que ya no se puede pagar.
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Ese es el otro dato que genera alerta: según el propio BCRA, el índice de morosidad trepó a más del 10 por ciento, el más alto en los últimos 20 años.
“Creemos que estamos llegando a una situación límite, que tiene que ver con, como dicen distintos autores, con la paciencia de los y las trabajadoras, pero también, si fuera en términos de sustentabilidad económica, el límite ya lo atravesamos, porque no no hay más resto para tomar deudas, por eso se están creciendo los índices de mora”, explica Lucía Cavallero, socióloga y militante feminista, quien estudia este tema desde 2017, junto a Verónica Gago.
La paciencia ante el ajuste
Como lo saben miles de lectoras y lectores que día a día piensan cómo hacer para pagar sus deudas, la situación es crítica. Para Cavallero, hay tres aspectos que explican el escenario actual: congelamiento de salarios, desregulación de precios y tasas usureras.
INFLACION 25 noviembre
Para muchas familias, la deuda es la única opción de encontrar dinero para sostener la vida.
Es que hoy las entidades financieras tienen la libertad de establecer las tasas de interés sin regulación. “Tenemos las tasas de interés liberadas”, señala la socióloga y agrega: “No se controla lo que están cobrando las empresas, mucho menos las de billeteras virtuales".
No hay indicios de solución. "Este modelo está llegando a un nivel de insustentabilidad que lo vemos en los índices de mora, que no paran de crecer, y estamos viendo hasta dónde se puede seguir tomando deuda para vivir. Por eso, hoy, medir el endeudamiento también es medir la paciencia de los trabajadores y las trabajadoras ante esta situación de ajuste”.
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Lo que mostró el último informe de “Inclusión Financiera” del Banco Central de la República Argentina (BCRA), publicado en octubre, fue un aumento neto de 1 millón de nuevos deudores en comparación con diciembre de 2024.
Endeudamiento para vivir
La situación llegó esta misma semana a la Cámara de Diputados, donde hubo una reunión ampliada de la comisión de Defensa del Consumidor, del Usuario y de la Competencia, presidida por el diputado nacional Hugo Yasky (UxP).
La comisión, que sesionó el miércoles, recibió a especialistas de todo el país para aportar su mirada a los 18 proyectos de ley presentados para abordar el tema.
Una de las convocadas fue Cavallero, y también estuvo Alejandra Fernández Scarano, del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). “A peor calidad del crédito la tasa es mayor porque hay una mayor morosidad y mayor riesgo”, indicó Fernández Scarano.
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El endeudamiento familiar ya no es opcional.
Como Cavallero empezó a estudiar este tema hace años, puede señalar un hito histórico. “Hay un punto de inflexión que es la vuelta del Fondo Monetario a la Argentina en 2018, cuando empiezan a caer sostenidamente los ingresos populares. Luego, sus ingresos en el gobierno de Alberto Fernández no se recuperan”, mira hacia atrás.
“El endeudamiento se ha ido masificando, es decir, derramándose hacia sectores de clases sociales que antes no tenían el crédito como obligación para llegar a fin de mes”, avanza sobre las consecuencias del empobrecimiento de las clases medias.
A partir de 2018, considera que hubo “un cambio cualitativo” que llaman “endeudarse para vivir”. Ya no se trata de elegir si se puede tomar o no una deuda, con un fin específico, sino que la única opción es encontrar dinero para sostener la vida.
Ingresos insuficientes
Eso queda claro en el informe del Instituto Argentina Grande (IAG), realizado por Candelaria Rueda y Violeta Carrera Pereyra. En el tercer trimestre del año pasado, “el 47% de los hogares no llegaron a fin de mes con sus ingresos corrientes”.
¿Qué hicieron? “Casi la mitad de los hogares tuvieron que hacer por lo menos algunas de las siguientes cosas: gastar ahorros, pedirle plata a conocidos/as, endeudarse con entidades financieras y/o vender pertenencias”.
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Las investigadoras lo desagregaron: el 34,7% de los hogares gastó ahorros para llegar a fin de mes; el 15,7% pidió plata a conocidos/as; el 15,4% se endeudó con entidades financieras y el 9,5% vendió pertenencias.
“No hay una sola fuente de deuda. En un solo hogar pueden convivir la toma de deuda con distintas empresas. Puede ser con bancos; desde la pandemia crece la oferta de deuda desde las billeteras virtuales, pero también de financieras que están instaladas en los barrios”, suma Cavallero.
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Una encuesta realizada por el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) señaló que el 91,7% de los hogares tiene deudas y que el 65% mantiene entre 2 y 3 deudas activas, tomadas en 2024.
La alternativa más peligrosa
Ahí hay un elefante en la habitación. Cuando ya no hay resto para tomar deudas en las fuentes formales, llegan los créditos informales. “Lamentablemente, en el último tiempo ha crecido mucho también el dinero ofrecido en deuda para hacerlo entrar en un circuito legal que proviene de actividades criminalizadas”.
Narcotráfico y juego ilegal entran por esa grieta del empobrecimiento.
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Más de la mitad de las familias argentinas tuvo que recurrir al endeudamiento.
“Eso tiene una especificidad, y es que pone en riesgo la vida de la persona que toma esa deuda”, manifiesta en toda su crudeza Cavallero, que integra Ni Una Menos.
“Muchas veces esa también es la forma en que los varones jóvenes entran en las economías ilegalizadas como mano de obra para pagar deudas, o incluso las mujeres lo hacen también como forma de repago: entran en formas de prostitución para pagar esas deudas”.
El impacto en las mujeres
La deuda siempre sale cara, y eso ha deteriorado en muchos sentidos la calidad de vida de la población. No solo por todo lo que no se puede hacer porque la plata no alcanza. Ya no se puede festejar un cumpleaños, ni reponer un electrodoméstico roto, ni comer carne, entre tantos ajustes en la vida cotidiana.
Pero también, y eso es clave, ya no se puede vivir tranquila. Porque la deuda afecta especialmente a las mujeres. “Hoy se les pregunta a las personas cómo se sienten a partir de estar endeudados y endeudadas, y esa es exactamente una metodología que desarrollamos estudiándolo desde el movimiento feminista: qué impacto tienen los procesos macroeconómicos en la vida cotidiana de las personas”, cuenta Cavallero.
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¿Por qué a las mujeres? “Son endeudamientos destinados a cuidar que, por supuesto, son más informales, porque las mujeres están en mayores niveles de informalidad, pero también son endeudamientos que afectan de manera particular a las personas que sostienen las economías domésticas en momentos de crisis, que en general son mujeres”, sostiene la socióloga.
Si se tiene en cuenta que en Argentina hay un millón de hogares monomarentales, la inmensa mayoría a cargo de mujeres, son ellas las encargadas de proporcionar todo el sustento, ya que más de la mitad de los progenitores no cumple con la cuota alimentaria.
Y, según un informe realizado conjuntamente por el Ministerio de Economía y UNICEF en 2021, el 92% de estos hogares se encuentra bajo la línea de pobreza e indigencia.
Soluciones y paliativos
La socióloga sostiene que “la solución es estructural”, algo que hoy parece muy lejos en el horizonte. “Subir los ingresos, regular los precios principales de la economía —la salud, la educación, el internet, los alquileres— y, por supuesto, regular las tasas de interés; entrar en un proceso de recuperación salarial. Pero, mientras tanto, también hay paliativos, como pueden ser planes de quita, refinanciación y reestructuración”, establece Cavallero.
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Eso, justamente, es lo que se está discutiendo en la Cámara de Diputados. El tema llegó a la provincia. En marzo, el gobernador anunció un plan de desendeudamiento para el empleo público provincial. Y, en la Legislatura, se presentaron dos proyectos: uno de la diputada Lucila De Ponti, que plantea un régimen de regularización de deudas con reducción de intereses y quitas para la Empresa Provincial de la Energía y Aguas Santafesinas; y otro del diputado Marcos Corach, que propone una moratoria de impuestos provinciales.
Un problema de salud mental
Cuando toda la energía se destina a pensar cómo pagar las cuentas, de dónde conseguir dinero para afrontar las deudas, la vida se convierte en un infierno.
“Lo que estamos observando es que el endeudamiento está generando un impacto en la salud mental profundo. La sensación de aislamiento, la forma en que se vive como índice de fracaso individual, genera un impacto que hoy es mucho mayor”, sostiene Cavallero.
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Politizar la deuda implica, también, aliviar el sufrimiento: no es un problema propio, o de mala administración, de haber tomado malas decisiones. La plata no alcanza y esta situación cada vez más extendida, está llegando al límite.