El 22,2% de la población urbana -9 millones de personas– redujeron en forma involuntaria las porciones de comida (intensidad moderada) y/o atravesaron experiencias de "hambre” (intensidad severa) por problemas económicos – falta de dinero para comprar alimentos básicos--durante los últimos 12 meses. Se trata del mayor registro de "inseguridad alimentaria” de toda la década, según la reciente medición del Observatorio de la Deuda Social de la UCA (Universidad Católica Argentina).
Según el estudio ( 2010-2019), el problema es estructural porque entre 2010 y 2017 la "insuficiencia alimentaria” se mantuvo en niveles altos, comprometidos, en torno del 15%, -entre 5 y 6 millones de personas. Luego, en los dos últimos años, con la pérdida de los empleos más estables y caída del poder adquisitivo de los ingresos, tanto de salarios como de jubilaciones y prestaciones sociales, pegó un salto de 7 puntos porcentuales. Así, se agregaron otros 3 millones al contingente de personas con privaciones alimentarias.
Agustín Salvia, director del Observatorio, dijo que entregaron el estudio al presidente electo, Alberto Fernández, con el diagnóstico de "que no se trata de un fenómeno nuevo sino de un problema estructural de toda la década que se agravó durante 2018 y 2019”. También "es cierto, dijo, que hubo acciones de asistencia alimentaria directas, como comedores escolares, comunitarios, entrega de viandas, copa de leche, entre otros, y ayudas monetarias, pero no lograron frenar la profundización del fenómeno de la inseguridad alimentaria por la gravedad de la situación económico y social”. En consecuencia-- agregó-- "si bien se debe atender la emergencia, por ejemplo con una tarjeta alimentaria, el problema de fondo requiere crear empleo, con ingresos regulares reales por encima de las canastas básicas y de la inflación”.
Además, el Informe advierte que la situación de inseguridad alimentaria de los hogares es un fenómeno que afecta de modo particular a los niños/as en los hogares de estrato trabajador marginal y la tendencia desde 2014 es de crecimiento sostenido. "Dicha tendencia se profundizó desde 2017 y se fue extendiendo a las infancias del estrato obrero integrado y medio no profesional, a pesar de las transferencias monetarias, en relación a al AUH”.
Comparación
Salvia explicó que a diferencia de la pobreza, donde se comparan los ingresos de los hogares con el valor de la canasta básica total, la inseguridad alimentaria toma en cuenta en forma directa y absoluta si los hogares se vieron obligados a reducir las porciones de comida o si esas familias atravesaron por situaciones periódicas de "hambre”.
El Estudio marca que entre los chicos, menores de 17 años, las privaciones alimenticias llegan al 30,1%, al 22,9% entre 18 y 29 años, al 19,2% entre 30 y 59 años y al 12,7% entre los mayores de 60 años.
Por regiones, con el 27,4%, el conurbano bonaerense encabeza el ranking de insuficiencia alimentaria total.
Otro dato significativo es que la inseguridad alimentaria golpea también a los que tienen trabajo. El Informe destaca que afecta al 43,7% de los trabajadores marginales y al 24% de los obreros integrados, por la pérdida y bajos ingresos.
Por regiones, con el 27,4%, el conurbano bonaerense encabeza el ranking de insuficiencia alimentaria total, un 19% en el resto del país urbano, con excepción de CABA donde afecta al 9,4% de la población porteña.
Por edades, las inseguridad alimentaria severa, es del 14,1% entre los menores de 17 años, del 9,2% entre 18 y 29 año, del 7,4% entre 30 y 59 años y del 4,5% entre los mayores de 60 años.
Con todos estos datos, el presente y el futuro están más que comprometidos porque los niños son los más afectados por la indigencia y la pobreza, y también los más golpeados por las privaciones alimenticias básicas, con momentos de “hambre”.




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