Por Facundo González
El 8 de mayo del año pasado Argentina anunció su vuelta al FMI. Fue un martes por la mañana y solo bastó menos de 3 minutos de conferencia de prensa.
En un breve discurso, el presidente Macri realizó el anunció en Casa Rosada, en medio de una nueva escalada en la cotización del dólar, las tensiones por los incrementos tarifarios y la presión sobre los precios, que la Argentina volvía a pedirle ayuda externa al Fondo Monetario Internacional (FMI).
El contexto financiero había cambiado, y los mercados comenzaron a darle la espalda al programa económico de Cambiemos.
“Durante los dos primeros años tuvimos contexto favorable y eso hoy está cambiando. Está subiendo la tasa de interés, está subiendo el petróleo, entre otras variables que nosotros no manejamos. Somos de los países del mundo que más dependemos del financiamiento externo”, indicó en ese entonces el presidente.
“Frente a esta nueva situación he decidido iniciar conversaciones con el FMI para que nos otorgue línea de apoyo financiero“, agregó.
“Frente a esta nueva situación internacional, y de manera preventiva, he decidido iniciar conversaciones con el FMI para que nos otorgue una línea de apoyo financiero”.
“Hace minutos hablé con Lagarde y me confirmó que trabajaremos hoy mismo en un acuerdo“. Esto “nos dará mayor respaldo para evitar crisis como hemos tenido en nuestra historia”, completó.
De “manera preventiva” y de “uso precautorio”. Ese fue el objetivo inicial, poder contar con una reserva de fondos como respaldo ante coletazos del mercado.
Solo apenas 2 semanas antes, más precisamente el 25 de abril, las luces amarillas se encendieron. El BCRA, en ese momento comandado por Federico Sturzenegger, tuvo que salir a cubrir con ventas récord de reservas, más de u$s 1.470 millones en un día, para mantener el dólar y que no se mueva de los $20,55. A partir de ahí, la demanda no se detuvo.
El clima comenzaba a cambiar, el mercado aún digería la fatídica conferencia de prensa del “28D ”, que se interpretó como una clara señal de intervención política a la independencia del Banco Central. Se habían modificado el programa de “metas de inflación” y acelerado el recorte de déficit fiscal, a eso sumado a un nuevo impuesto a la renta financiera para “residentes del exterior”, terminó de agregar más leña al fuego.
La inflación en los primeros meses del 2018 no cedía del 2% mensual y ponía a prueba las exigentes metas del 15% anual, (que evidentemente no se llegarían a cumplir).
El programa de “gradualismo” de los años previos entró en duda. La sangría de dólares se acentuaba y surgieron complicaciones en la consistencia del programa financiero.
Así el martes 8 de mayo, el presidente Macri tomaba la decisión y anunciaba al país, que Argentina volvía a pedir asistencia financiera al FMI.
En un principio los fondos iban a servir de contención ante eventuales disrupciones en el mercado de crédito, si la Argentina no conseguía financiamiento externo. Cosa que no sucedió.
El impacto de la noticia, no alcanzó para frenar la turbulencia. Un rebrote en los precios, puso en jaque el programa original de metas de inflación y desafió al sistema de libre flotación del dólar que pasó de $22,90 a $28,43 a mediados de junio y decretó el fin de Federico Sturzenegger a cargo del BCRA. En su reemplazo asumió el ex-ministro de Finanzas, Luis Caputo.
Así, el 20 de junio, la conducción del organismo multilateral que lidera Cristine Lagarde, aprobó en Washington la carta de intención presentada por el Gobierno argentino. De esta manera, concedió un “préstamo stand by” por 3 años a la Argentina de u$s 50.000 millones (el mayor en la historia del Fondo). Y destrabó un primer desembolso por u$s 15.000 millones, de los cuales la mitad se destinará a apoyo presupuestario y el resto a cubrir reservas del BCRA.
La credibilidad se había roto, la corrida contra el peso no se detuvo y las expectativas se deterioraron.
“3 pesos con 60 centavos más tarde”, el miércoles 29 de agosto, Macri utilizó la Cadena Nacional para informar que la Argentina iba a pedir el adelantamiento de los futuros desembolsos para disipar dudas sobre el programa financiero de los próximos años.
En su discurso, el primer mandatario señaló: “La última semana hemos tenido nuevas expresiones de falta de confianza en los mercados, específicamente sobre nuestra capacidad de lograr financiamiento para 2019”.
Y agregó: “Por eso, quiero anunciarles que hemos acordado con el Fondo Monetario Internacional adelantar todos los fondos necesarios para garantizar el cumplimiento del programa financiero del año próximo.
Así, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne se reunió personalmente con la directora del FMI y negoció una revisión del compromiso alcanzado en junio que no alcanzó a frenar las turbulencias financieras.
Entre los cambios, la administración de Mauricio Macri se comprometió a lograr: el déficit cero durante el 2019, un superávit de 1% en 2020 y abandona definitivamente el sistema de metas de inflación.
Los desembolsos del FMI ingresarán para “apoyo presupuestario” y ya no serán “precautorios” como en el acuerdo original de junio, lo que quiere decir que ingresarán al país siempre y cuando se vayan cumpliendo con las metas reveladas en la carta de intención.
Entre las claves del nuevo acuerdo se encuentran:
Aumentan los montos y perfil de desembolsos para despejar dudas sobre el programa financiero.
* El monto total del préstamo se incrementa de u$s 50.000 millones a u$s 57.100 millones.
* Los desembolsos previstos se elevaron a:
* Ya no son de carácter precautorio, sino que pueden ser utilizados como soporte presupuestario.
* Se avanza más rápido hacia el resultado primario equilibrado (déficit cero en 2019).
* Se reemplazó el esquema de metas de inflación hacia uno de control de agregados monetarios.
A finales de septiembre y con el nuevo acuerdo casi cerrado, renunció Luis Caputo , y pasó al frente del BCRA, Guido Sandleris. Para afrontar un nuevo esquema de política monetaria y cambiaria. Que se diagramó conjuntamente con los ejecutivos del Fondo.
Se estableció un sstricto control de “agregados monetarios”, con una banda de flotación para el dólar que se fijó inicialmente en octubre de $34 y $44, en la cual, el BCRA no pueda intervenir.
Así el 2018 quedó sentenciado, golpeado por la turbulencia cambiara, falta de señales claras y mala praxis que deterioró la confianza y expectativas. El rumbo económico acusó recibo. Con una inflación de casi 48%, la más alta de los últimos 27 años, un salto en el tipo de cambio del 100%, suba de tasas de interés superiores al 70%, la consecuente pérdida del poder adquisitivo y la caída del consumo y un impactó en el nivel de actividad que se retrajo casi un 2,5%.

Hoy, exactamente un año después, llega al país una nueva misión del Fondo Monetario, para realizar la cuarta revisión de la economía argentina. Los técnicos auditarán formalmente, la evolución de las principales metas comprometidas al segundo trimestre de este año. Pero claro que también, como si fuera poco, pulirán los detalles del último cambio dentro del programa, con el giro desde el organismo en la decisión de avalar la nueva estrategia para frenar la divisa, y darle posibilidad al BCRA de que intervenga en el mercado de cambios, aun cuando el dólar esté dentro de la “virtual” zona de no intervención.
En todo este tiempo, la inflación superó el 54% interanual en marzo, la actividad cayó un 4,8% en un año y el dólar se duplicó pasando de casi de $23 a superar lo $46.
Finalmente, y a la luz de los hechos, como siempre pasa en argentina, queda el interrogante de si se evitó una crisis peor como dijo el Presidente. En un año electoral, algunos, dirán que sí, que de lo contrario la devaluación habría sido más alta. Para otros, el FMI solo la agravó.
Lo cierto es que, aún falta mucho para sortear y lograr el desafío de romper con el círculo vicioso que está inmerso la economía argentina en éste último tiempo, de inflación, devaluación y recesión.







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