Un 24 de octubre pero de 1929 se desató en la bolsa neoyorquina la peor crisis financiera del siglo XX. Las muestras de debilidad de la economía y la subida artificial de los valores debido a la especulación fueron los ingredientes principales del colapso.
Aquel jueves de hace 88 años se desató el pánico, miles de órdenes de venta hicieron que el valor inflado de millones de títulos se esfumase. En sólo dos meses el índice de Wall Street se derrumbó más de un 48%.
La crisis pasó del sector financiero al industrial y de Estados Unidos al resto del mundo. El episodio supuso el comienzo de la Gran Depresión, la mayor crisis económica del capitalismo moderno.

El colapso de las acciones se dieron en tres etapas: Jueves Negro, Lunes Negro y Martes Negro, ya que el crack no se desarrolló en un único día.
La caída inicial ocurrió el Jueves Negro 24 de Octubre, pero fue el catastrófico deterioro Martes Negro (29 de Octubre), el que precipitó la expansión del pánico y el comienzo de consecuencias sin precedentes y de largo plazo para los Estados Unidos.
“El jueves 24 de octubre, según los historiadores, fue el primer día de pánico. Ese día se transfirieron 12.894.650 activos, muchos de ellos a precios que destrozaron los sueños y esperanzas de quienes las habían poseído”, afirmó John Kenneth Galbraith en su célebre El Crac del 29, uno de los libros paradigmáticos para el estudio de este período.
Sus consecuencias no sólo afectaron al terreno económico sino que dejaron también su impronta en las formas de vida de aquella sociedad moderna que había conocido una etapa de desarrollo y pronto conocería otra de enorme precariedad.
El martes negro 29 de octubre, confirmaría estas sospechas cada vez menos infundadas. El derrumbe total era una realidad inminente. Millones de inversores se vieron de un día para otro en la ruina económica: la Bolsa de Nueva York, el mercado de valores más importante del mundo, había explotado como una burbuja.
El colapso continuó durante un mes y coincidió con el comienzo de la Gran Depresión, un período de declive económico en las naciones industrializadas y que llevó al establecimiento de reformas financieras y nuevas regulaciones que se convirtieron en un punto de inflexión en la economía moderna.
La crisis del 29 ha sido, probablemente, la mayor crisis económica a la que se ha enfrentado el sistema capitalista.
La Bolsa de Nueva York (NYSE) era el mayor mercado de capitales. Los “Felices Años Veinte” fueron un tiempo de prosperidad y exceso en la ciudad y, a pesar de las advertencias contra la especulación, muchos creyeron que el mercado podría sostener niveles altos de los precios.
En el momento del crack, la ciudad de Nueva York había crecido hasta convertirse en la mayor metrópolis del mundo, y su distrito de Wall Street era uno de los centros financieros más importantes a nivel mundial.
La euforia y las ganancias financieras de la gran tendencia del mercado fueron hechas pedazos el Jueves Negro, cuando el valor de las acciones en la Bolsa colapsó. Los precios de los activos cayeron ese día y continuaron cayendo a un ritmo sin precedentes durante un mes entero. 100.000 trabajadores estadounidenses perdieron su empleo en solo tres días.
En palabras de Galbraith “el rasgo más singular de la catástrofe de 1929 fue que lo peor empeoraba continuamente. Lo que un día parecía el final de la crisis, se demostraba al siguiente que solo había sido el comienzo”. Efectivamente la situación no mostraba síntoma alguno de mejora: lo peor estaba por llegar. Y llegó.
La Gran Depresión dominaría el escenario económico durante casi diez años. El presidente americano, Herbert Clark Hoover, adoptó unas medidas económicas muy cuestionadas que no lograron revertir la situación y en las siguientes elecciones perdió la presidencia ante Franklin D. Roosevelt en 1933.
En materia económica optó por impulsar New Deal (1933-1937), caracterizado principalmente por la intervención estatal en la economía, que pasaría a ser una economía mixta. Entre las medidas que contemplaba el plan estaban el proteccionismo arancelario, grandes ayudas económicas a los bancos, el impulso de la producción industrial, la construcción de obras públicas. La política tardó en dar sus frutos y no fue hasta 1938 cuando comenzó a ser palpable una mejoría en la economía americana.
Fuente: Archivo El Mundo.es – La Vanguardia


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