Por qué Frankenstein de Guillermo del Toro sigue conquistando Netflix en Argentina este fin de semana
La nueva Frankenstein de Guillermo del Toro impulsa debate y cautiva en Netflix. Su estética y atmósfera la convierten en uno de los estrenos más comentados.
Frankenstein de Guillermo del Toro, debutó en noviembre de 2025 en la plataforma de streaming Netflix.
La nueva adaptación de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro para Netflix es, ante todo, una declaración de amor hacia los monstruos y una relectura emocional del mito fundacional del horror moderno. Estrenada en 2025, la película logró sostenerse entre lo más visto enArgentina no solo por la firma de autor, sino porque encuentra un equilibrio singular entre lo gótico, lo trágico y lo profundamente humano.
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Frankenstein de Guillermo del Toro: un despertar que marca el tono
La primera gran secuencia del film —el despertar de la Criatura interpretada por Jacob Elordi— condensa el espíritu de la película: un cuerpo nacido entre la violencia y la fragilidad, una conciencia que se abre camino entre el espanto y la curiosidad. Del Toro construye este instante con una cámara íntima, cercana, casi respirando sobre la piel del monstruo. No hay una creación espectacular al estilo hollywoodense, sino un nacimiento inquietante, casi triste. Es un momento que recuerda al Frankenstein literario, pero filtrado por la sensibilidad melancólica del director de El laberinto del fauno.
Elordiinterpreta a la Criatura con un registro sorprendente. Cada movimiento parece cargar el peso de un cuerpo que no pidió existir y que debe aprenderlo todo a través del dolor. El lenguaje corporal, más que las palabras, sostiene la actuación: torpeza, fuerza desbordada, temor infantil. Por eso muchos críticos lo destacan como el corazón emocional de la película. En la reseña de Rotten Tomatoes se resume la recepción general de su trabajo: “encuentra la humanidad en uno de los monstruos más icónicos del cine… y ofrece los momentos más vivificadores del film”.
Jabob Elordi interpreta a la Criatura en Frankenstein con un registro sorprendente.
Jabob Elordi interpreta a la Criatura en Frankenstein con un registro sorprendente.
La mirada del creador y el espejo del monstruo
En contraposición a Elordi aparece Oscar Isaac como Víctor Frankenstein, un hombre atrapado entre la obsesión científica y una culpa tan vasta como su ambición. Del Toro opta por mostrar un Víctor menos idealista que en el libro de Mary Shelley y más emocionalmente quebrado. Isaac aporta una contención que funciona como contrapunto perfecto al despliegue doloroso de la Criatura. La relación entre ambos es el eje que sostiene la película, no como antagonismo clásico entre héroe y villano, sino como un vínculo perverso en el que ambos son víctimas de un mismo experimento fallido.
Oscar Isaac como Victor Frankenstein en Frankenstein de Guillermo del Toro.
Oscar Isaac como Victor Frankenstein en Frankenstein de Guillermo del Toro.
La presencia de Mia Goth añade un matiz perturbador pero sensible. Su personaje funciona como puente entre el mundo humano y el mundo de la Criatura, pero también como una figura que encarna la fascinación y el rechazo hacia lo monstruoso, un tema central en la filmografía de Del Toro.
Mia Goth en Frankenstein, la actriz es conocida por su magnetismo en pantalla y su habilidad para interpretar personajes complejos.
Mia Goth en Frankenstein, la actriz es conocida por su magnetismo en pantalla y su habilidad para interpretar personajes complejos.
Estética, artesanía y espiritualidad visual
Desde lo visual, Frankenstein es una expansión natural del universo estético del director. La iluminación tenue, los escenarios húmedos, la textura opresiva de cada pared, cada aparato y cada fragmento de laboratorio construyen un ambiente que combina lo artesanal con lo macabro. Del Toro vuelve a trabajar con la idea de que lo monstruoso también puede ser bello.
La secuencia en la que la Criatura observa a la familia De Lacey es una de las más comentadas por la crítica. Filmada casi sin diálogos, utiliza el silencio como recurso expresivo. La emoción surge de las miradas que nunca se cruzan, de la distancia que no logra romperse, de la melancolía que llena cada plano. Es un momento de pureza narrativa que muestra el enorme cuidado de Del Toro por la sensibilidad del personaje.
El clímax en el laboratorio helado, hacia el final del film, retoma la iconografía clásica, pero la revisita con un dramatismo más íntimo. Los experimentos, las enormes máquinas eléctricas y la tormenta no funcionan como espectáculo, sino como marco emocional de un duelo inevitable entre creador y creación.
Oscar Isaac junto a Guillermo Del Toro en rankenstein.
Oscar Isaac junto a Guillermo Del Toro en rankenstein.
Diálogo con Shelley: fidelidad emocional más que literal
Del Toro no busca replicar al pie de la letra la novela de Mary Shelley. Elige un camino distinto: respetar los pilares emocionales, pero reescribir la estructura narrativa para profundizar lo que más le interesa. Así, la Criatura gana un protagonismo sensible, introspectivo, mientras que la figura del científico se vuelve más trágica que heroica. La película omite algunos pasajes épicos de la novela para centrarse en la intimidad y el peso moral de la existencia.
A diferencia del texto de 1818, donde la venganza y la búsqueda de una compañera articulan gran parte del conflicto, Del Toro utiliza esas motivaciones solo como puntos de partida para construir un relato más reflexivo. La soledad, el rechazo y la necesidad de reconocimiento aparecen como ejes centrales, y la película los despliega con un lenguaje visual y emocional que retoma el espíritu romántico del siglo XIX sin abandonar la modernidad del cine actual.
Mary Shelle, la mujer que dio vida a “Frankenstein o el moderno Prometeo”, considerada una de las primeras obras de ciencia ficción.
Mary Shelle, la mujer que dio vida a “Frankenstein o el moderno Prometeo”, considerada una de las primeras obras de ciencia ficción.
Lo que dice la crítica: elogios, reservas y una conversación global
La recepción crítica ha sido mayormente favorable, aunque no unánime, lo que enriquece aún más la conversación en torno a la película.
Carlos Boyero, en El País, describe la experiencia como profundamente emotiva: “Del Toro provoca la hipnosis del espectador. Hay momentos en los que me estalla la lágrima”. Su comentario resume la sensación general de quienes encuentran en la película una fusión efectiva entre horror y sensibilidad.
En Rolling Stone Argentina, la crítica resalta el costado romántico del film y lo define como “la pieza más romántica de su filmografía”. Allí se destaca sobre todo la manera en que Del Toro humaniza al monstruo y lo sitúa como centro emocional del relato.
En FilmAffinity varias reseñas coinciden en que se trata de “una narración a escala épica de excepcional belleza, sentimiento y creatividad artística”, subrayando que la película debería verse en pantalla grande para apreciarse en su totalidad.
Desde una mirada más crítica, Jacobin señala que la película “es una gran, hinchada maraña… materia muerta galvanizada, toscamente cosida”, cuestionando que la narrativa a veces quede atrapada en un exceso de solemnidad visual sin alcanzar la profundidad del libro. Esta postura es minoritaria, pero aporta contraste al debate.
Espinof adopta un punto intermedio al afirmar que si bien la película no es una pieza compleja a nivel intelectual, logra ser “una revisión entretenida y estimulante” pese a ciertos tropiezos narrativos y momentos de exceso digital.
Finalmente, Christianity Today critica que la película no alcanza la riqueza de otros trabajos de Del Toro, aunque reconoce que la perspectiva de la Criatura es una aportación valiosa.
En conjunto, la crítica coincide en que Del Toro no ofrece una adaptación convencional ni complaciente. Su Frankenstein emociona, provoca discusión y, sobre todo, deja una huella estética.
El fenómeno argentino tiene explicación cultural y emocional. El público local se siente atraído por historias intensas, sensibles y de gran carga simbólica. A ello se suma la presencia de Jacob Elordi —enorme estrella internacional y de gran llegada entre los espectadores jóvenes— y la reputación de Del Toro como creador de mundos visuales inolvidables. La conversación en redes, la recomendación boca a boca y las reseñas positivas han sostenido su presencia en el ranking durante semanas.
Además, la película conecta con una sensibilidad contemporánea: la búsqueda de identidad, la soledad de quienes son distintos y la pregunta por los límites de la creación. En un contexto cultural donde estos temas resuenan con fuerza, Frankenstein encuentra un público dispuesto a dialogar con su propuesta.