Sirven para mejorar la fertilidad de los suelos sin necesidad de recurrir a fertilizantes químicos. Y también permite a los productores librarse de los inconvenientes que puede ocasionar el desmanejo de la bosta y el orín en grandes cantidades.
En países de Europa y en los Estados Unidos es obligatorio devolver al campo los efluentes pecuarios, y para esto han desarrollado todo tipo de maquinarias específicas, según cada material a esparcir. A los desechos de granjas, tambos o feedlots se los puede catalogar como líquidos y semilíquidos (del lavado de las salas) y sólidos (del raspaje de corrales o piletas de decantación).
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La forma más económica es la de desparramarlos por la superficie del lote, con grandes bateas con platos que giran en su parte posterior para los sólidos, tanques con un pico que pega en un platito por detrás para los líquidos y semilíquidos, y hasta mangueras y cañones de riego para los líquidos que se pueden extraer de las lagunas luego del proceso de decantación. Todas estas máquinas existen en el mercado local y hay varias marcas que las comercializan.
Pero la forma más eficiente de depositar en el suelo los efluentes líquidos y semilíquidos es la de incorporarlos con mangueras post apertura del surco con cuchillas, como si fuera una siembra directa del abono. Es eficiente porque evita la evaporación del material en superficie, no se pierde nada, y permite medir qué cantidad exacta de nutrientes de está incorporando por cada metro cuadrado. Además, se minimizan los efectos de liberación de metano -gas de efecto invernadero- y los malos olores, algo muy importante en aquellos campos cercanos a los poblados.


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