El trabajo de periodista deportiva siempre fue calificado como el "criticón" de lo que hacen los atletas sin, muchas veces, siquiera intentar o haber practicado esa actividad que el deportista ejecuta. El cronista nunca compite, por lo tanto nunca pierde y así como critica o califica la actuación de otro es apuntado a su vez por el público que lo consume. Pero en el fútbol, hubo varios casos de periodistas que decidieron bajar del peldaño para probar sus condiciones como entrenadores.
En Argentina, el caso de José Gabriel González Peña es recordado hasta el día de hoy. El padre del también afamado humorista Fernando Peña, recibió una oferta para dirigir a Huracán en 1961 y probar así que no solamente era filoso frente al micrófono, sino que podía transmitir y poner en práctica su filosofía en cancha.
"Pepe" Peña era uno de los periodistas más reconocidos del país por aquella época. Siendo una de las plumas más destacadas de El Gráfico, además de ser miembro de "Fútbol al centímetro" -programa radial que integraba junto con Dante Panzeri y Adolfo Pedernera-, el trabajador de los medios fue tentado para tomar las riendas del Globo en reemplazo de Néstor "Pipo" Rossi, una figura del fútbol local por aquellos años.
Sin dudar renunció a sus trabajos y cambió la máquina de escribir por la pizarra. Fiel a su estilo irónico, siempre buscando generar polémica, sarcástico, Peña anticipó cómo sería su metodología de trabajo en Huracán. Sin darle chances a sus excolegas de mirar los entrenamientos porque "hay espías" o colocando neumáticos en los alambrados para que sus jugadores practiquen puntería, Peña preparó al plantel para el torneo local.
Su debut en el banco fue nada menos que en el clásico ante San Lorenzo, donde jugaba José Sanfilippo, a quien le había puesto el mote de "pescador" por cómo jugaba. "Estaba en el área chica con una caña de pescar", lanzó Peña en una de sus innumerables frases al aire o escritas para crear discusiones entre los oyentes. Claro, ahora como entrenador tendría que padecer al "Nene", quien era un goleador implacable.
En 50 minutos de juego el Huracán de Pepe Peña caía por 5-0 con el Ciclón. Sanfilippo había anotado dos. El partido terminó 5-2 y el futuro no sería mejor. Con Vélez cosechó un empate 2-2 y en el tercer partido (y último) ante Atlanta volvió a perder por 4-2. La dirigencia del Globo despidió al periodista que volvió a trabajar en su área y nunca otra vez se calzó el buzo de DT.
El estilo del comunicador no pudo verse plasmada en la cancha, algo que no modificó su humor cada vez que le consultaban sobre por qué no funcionó en su rol de entrenador. Siempre corrió el rumor de que el plantel de Huracán se había puesto de acuerdo para no dar el 100% y así hacer quedar mal periodista.
Lo de Peña forma parte de una cadena de experiencias de otros periodistas que antes o después dejaron de lado los micrófonos para ponerse al frente de un plantel. Saverio Vicente Iozzi, Alejandro Yebra, Luis Ventura, Rodolfo De Paoli o João Saldanha son otros de los casos de trabajadores de medios que pusieron y ponen en juego en la cancha el invicto que construyeron con palabras.
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