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COCO, el perro que se metió en el partido entre Rosario Central y Tigre.
La historia del perro que interrumpió el partido de Rosario Central
La escena fue desopilante. Coco ingresó por el arco que defendía Tigre y empezó a recorrer la cancha como si estuviera en el patio de su casa. Los de seguridad corrían, se resbalaban en el césped mojado, se tiraban de a tres… y Coco hacía la gran enganche: amagues cortos, giros rápidos, cambios de dirección. Durante siete u ocho minutos nadie pudo atraparlo.
Y lo más increíble: el estadio entero acompañaba la función. Cada vez que zafaba de otro intento, desde las tribunas bajaba un coro unánime de “¡Olé, olé, olé!”. Los hinchas canallas, en pleno clásico instinto futbolero, celebraban las gambetas del intruso de cuatro patas.
Mientras tanto, a más de 30 cuadras del estadio, en el barrio conocido como “Café con Leche” por la cercanía histórica de las fábricas de Cotar y La Virginia, su dueña Julie estaba viviendo otra película. Coco se había escapado como tantas veces por el barrio y no volvía. Preocupada, empezó a buscarlo y decidió publicar su foto en redes. Pero antes de eso, Instagram le mostró algo que la dejó helada: un video viral de un perro corriendo dentro de la cancha de Central.
"Es hincha de Newell's"
“Ese es mío, no hay chance de que sea otro”, dijo. Julie, su “mamá humana”, no podía creerlo. Mientras trabajaba, descubría que su perro era tendencia en Rosario y protagonista del partido. Y hay un detalle que termina de convertir esta historia en una joya del folclore futbolero: Julie y Coco son hinchas de Newell's.
Sí. Un leproso infiltrado en el Gigante, ovacionado por los canallas.
Cuando finalmente lograron sacarlo del campo de juego, lo dejaron salir a la calle. Ahí apareció otra pieza clave de la historia: Camila, una joven que lo vio deambular, lo reconoció por las publicaciones y decidió llevárselo a su casa hasta dar con la dueña. Horas más tarde, Coco volvía a los brazos de Julie.
“Primero pensé: cuando se enteren quién es la dueña me matan. Frenó el partido, arruinó una jugada, todo. Después me empecé a reír. No podía creer cómo los pasaba a todos”, contó.
Coco, que tiene camiseta de Newell’s, pasó a ser por unos minutos el jugador más ovacionado del Gigante. No se asustó por los gritos, no se intimidó por la multitud, no dudó ante la seguridad. Jugó. Literalmente jugó. Corrió la pelota, gambeteó personas y se adueñó del espectáculo.
Desde ese día, en el barrio ya no es “el perro de Julie”. Es el perro más famoso de Rosario. El que recorrió media ciudad, pasó controles, ingresó a un estadio y se dio el gusto de escuchar a miles de canallas cantándole “¡Olé!” como a un crack.
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