Pasadas las 14.15 del caluroso sábado 5 de septiembre de 1970, durante la clasificación del GP de Italia de Fórmula 1, que se disputaría al día siguiente en el veloz circuito de Monza, de 5.750 metros de cuerda, donde el promedio de vuelta rozaba los 250 km/h –y que no tenía las chicanas actuales–, el líder del certamen salió de los boxes en busca de una nueva pole. Había logrado cuatro en los nueve GP anteriores, y dominaba con autoridad esta temporada.
Faltaba poco para cerrar la quinta vuelta de la tanda. Había dejado atrás la curva del Vialone –donde hoy está la variante Ascari– y venía a fondo pero, muy poco antes de ingresar a la curva Parabólica, el Lotus 72C-Cosworth N° 22 –que no utilizaba el alerón trasero para ganar velocidad pero, al tener menor carga alar, era más inestable– se desvió primero hacia la derecha y, luego, encaró violentamente hacia el guardarrail que estaba a la izquierda. Había fallado el eje conectado al disco de freno delantero derecho y, el impacto a más de 170 km/h contra la defensa, devolvió el auto hacia la pista, donde realizó varios trompos, hasta que se detuvo más adelante, sobre la grava.
La parte delantera del chasis de aluminio había desaparecido. El piloto fue trasladado a la enfermería del autódromo y, tras una serie de masajes cardíacos, el doctor Piero Carassai decidió derivarlo al Ospedale Niguarda, de Milán. Cabe destacar que el protagonista del accidente acostumbraba utilizar sólo cuatro de los cinco puntos de sujeción del arnés de seguridad, y no lo llevaba abrochado en la entrepierna por lo que, en el momento del durísimo golpe, se deslizó bajo las correas.
Sus heridas eran muy graves –tenía la tráquea rota, el tórax y el abdomen aplastados y, ambas piernas, presentaban múltiples fracturas– pero, no obstante, es poco probable que el correcto uso del arnés hubiera evitado el trágico desenlace con un auto que no estaba diseñado para soportar semejante impacto frontal, como sí lo hacen en la actualidad.
Por eso, Karl Jochen Rindt fue declarado oficialmente muerto cerca de las 15.25. Tenía 28 años y, pocas semanas después, los 45 puntos que había acumulado hasta entonces fueron inalcanzables para sus rivales y se coronaría campeón post mortem –el único a la fecha– de la máxima categoría del automovilismo mundial.
El alemán-austríaco
Rindt nació en Mainz, Alemania, el sábado 18 de abril de 1942. Su madre, Ilse Martinowitz, era austríaca y, su padre, Karl Rindt, un abogado de buena posición económica, era alemán. En julio de 1943, cuando tenía solo 15 meses, perdió a sus progenitores durante los devastadores bombardeos aliados sobre Hamburgo, en el marco de la Operación Gomorra de la II Guerra Mundial y, entonces, sus abuelos maternos lo llevaron junto a su hermano Uwe –por parte de su madre– a Graz, Austria, donde creció.
Los mismos decidieron que mantuviera la nacionalidad alemana. Su abuelo, el doctor Hugo Martinowitz, quien era abogado, gestionó el pasaporte germano para su nieto, documento que éste utilizó a lo largo de su vida pero, durante toda su trayectoria deportiva, Rindt competiría con una licencia austríaca, nacionalidad que finalmente nunca adoptó. Una vez calificó a sus orígenes como una "terrible mezcla" y, cuando le preguntaron si se sentía más austríaco que alemán, o viceversa, solo respondió: "Me siento como un europeo".
Siendo muy joven se fracturó el cuello del fémur mientras esquiaba durante unas vacaciones y, tras varias cirugías, una pierna le quedó casi 4 centímetros más corta que la otra, por lo que cojeó levemente durante el resto de su vida.
A los 16 años ya participaba de pruebas de motocross; en 1960, sus abuelos le regalaron un Volkswagen Beetle –el conocido Escarabajo–, con el que conducía a gran velocidad y, al año siguiente, su pasión por las competencias automovilísticas se incrementó al asistir al GP de Alemania de Fórmula 1, en el legendario y peligroso trazado de Nürburgring, de 22,810 kilómetros de cuerda donde, el domingo 6 de agosto, y bajo una persistente lluvia, se impuso el británico Stirling Moss con un Lotus 18-Climax.
Sus abuelos lo mandaron a Chichester, West Sussex, para aprender inglés y, poco después de arribar al Reino Unido, probó un Jaguar Sport en Goodwood. La primera carrera que disputó fue el Flugplatzrennen –en un circuito de 2700 metros que recorría parte de las pistas y las calles de rodaje del aeropuerto de Aspern, al noreste de Viena– el domingo 16 de abril de 1961, con un Simca Abarth 2000, que era de su abuela.
Luego condujo un Alfa Romeo Giuletta GT 1300, con el que logró ocho victorias y, en 1963, pasó a la Fórmula Junior con la ayuda económica de Kurt Bardi-Barry, el rico propietario de una agencia de viajes y uno de los pilotos austríacos más reconocidos de entonces.
Rindt debutó en la categoría el domingo 7 de abril de ese año, con un Cooper T59-Ford del equipo Ecurie Vienne y, en la fecha inicial del certamen, en el autódromo de Vallelunga, Italia, de 3200 metros, marcó la pole aunque, en la carrera (que ganó su coequiper, Bardi-Barry, con un Cooper T67-Ford), debió abandonar por problemas mecánicos. Pero esta desazón se convirtió en alegría cuando, solo una semana después, se impuso en la segunda fecha del certamen, luego de 35 vueltas al trazado de Cesenatico, en Rímini, de 2750 metros.
El domingo 12 de abril de 1964 debutó en la Fórmula 2 con un Brabham BT10-Cosworth en el Preis von Wien, en Aspern, donde abandonó. El domingo 17 de mayo arribó tercero en Mallory Park, Inglaterra, de 2173 metros de cuerda –donde marcó la pole–, en una prueba que ganó el formidable escocés Jim Clark (Lotus 32-Cosworth).
Al día siguiente, Rindt ganó el London Trophy en el circuito de Crystal Palace, escoltado por el británico Graham Hill (Cooper T71-Cosworth), quien había sido el poleman. Aparte de alzarse con la victoria, el austríaco marcó ese lunes el récord de vuelta en la carrera, al emplear 58” para recorrer los 2237 metros del trazado inglés.
Por sus 29 victorias (obtuvo 23 durante los cinco años que integró el exitoso equipo del británico Roy Winkelmann, nueve de ellas en 1967, con un Brabham BT23-Cosworth), lo llamarían el Rey de la Fórmula 2, categoría en la que participó hasta el domingo 30 de agosto de 1970 –cuando ya hacía seis años que competía en la F1, y solo seis días antes de su trágica desaparición–, al disputar el Festspielpreis en el circuito de Salzburgo, de 4238 metros, con un Lotus 69-Cosworth. Ese día, Rindt abandonó en la primera serie por un problema de motor, se impuso en la segunda y, en la General, el triunfo fue para el belga Jacky Ickx (BMW 270).
Además de los monopostos, Rindt también corrió con Turismos y, en 1965, junto con el estadounidense Masten Gregory, conquistó las legendarias 24 Horas de Le Mans con la Ferrari 250LM N° 21 del North American Racing Team, tras conducir casi toda la noche. Asimismo, sería subcampeón de la Tasman Series en 1969, con un Lotus 49B-Cosworth. Este certamen de siete pruebas –cuatro en Nueva Zelanda y tres en Australia– se disputó entre el 4 de enero y el 16 de febrero de ese año y, el campeón, fue el neozelandés Chris Amon (Dino 246 Tasmania, el último monoplaza de Ferrari que, a la fecha, compitió en un campeonato distinto a la Fórmula 1).
Rindt también disputó las 500 Millas de Indianápolis de 1967 (con un Eagle-Ford, prueba que ganó el local AJ Foyt) y 1968 (con Brabham-Repco, donde se impuso el local Bobby Unser) pero, por sendos problemas en su motor, abandonó en ambas ediciones, tras largar 32° y 16°, respectivamente.
Hacia la consagración mundial
Rindt debutó en la Fórmula 1 el domingo 23 de agosto de 1964 en el GP de Austria, en el circuito de Zeltweg, de 3200 metros de extensión, con un Brabham BT11-BRM del equipo de Rob Walker, y abandonó en la 58ª vuelta por la rotura de su barra de dirección. En la temporada siguiente, se convirtió en piloto oficial de Cooper y, su coequiper, fue el neozelandés Bruce McLaren. Debutó en esta escudería el viernes 1 de enero de 1965, en el GP de Sudáfrica, disputado en el circuito Prince George de East London, de 3920 metros, que ganó Jim Clark (Lotus 33-Climax), y donde Rindt debió abandonar en el 39° giro por problemas eléctricos en el motor de su Cooper T73-Climax.
Su mejor resultado de este año fue un 4° puesto en el GP de Alemania (ahora con el modelo T77), disputado el domingo 1 de agosto en Nürburgring. Luego, el domingo 3 de octubre, finalizaría 6° en el GP de Estados Unidos, en Watkins Glen, de 3780 metros, y ocuparía la 13° posición en el campeonato, con 4 puntos.
El domingo 12 de junio de 1966, con un Cooper T81-Maserati, logró su primer podio en la Fórmula 1, al arribar 2° en el GP de Bélgica, en el antiguo trazado de Spa-Francorchamps, de 14,120 kilómetros, mismo resultado que alcanzaría el domingo 2 de octubre siguiente en el GP de Estados Unidos, en Watkins Glen, y finalizó 3° en el campeonato, con 22 puntos, detrás del australiano Jack Brabham (quien, además, se había consagrado campeón en 1959 y 1960), que sumó 42 unidades, y el británico John Surtees (monarca en 1964), que acumuló 28.
En 1967 solo sumó dos cuartos puestos: con el modelo T81B, lo hizo en el GP de Bélgica, el domingo 18 de junio y, con el T86, en el de Italia, en Monza, el domingo 10 de septiembre. En marzo del mismo año, Rindt se había casado con la modelo finesa Nina Madeline Lincoln, hija del piloto sueco Curt Richard Lincoln y, el 7 de agosto de 1968 –temporada en la que se sumó a Brabham–, nació su hija Natasha.
A pesar de incorporarse al equipo que había logrado los dos últimos campeonatos de Constructores, este año también sería opaco en resultados para el austríaco: con el Brabham BT24-Repco, finalizó 3° en el GP de Sudáfrica, el lunes 1 de enero, en el circuito de Kyalami, de 4104 metros, y con el BT26-Repco, arribó en la misma posición en el GP de Alemania, el domingo 4 de agosto, en Nürburgring. En las otras diez fechas, debió abandonar... Encima, el domingo 7 de abril y, en una carrera de la Fórmula 2 en Hockenheim, Alemania, había fallecido Jim Clark –monarca en 1963 y 1965–, cercano amigo de Rindt, quien quedó profundamente afectado por esta pérdida.
En 1969 y, convocado por el ingeniero y diseñador británico Colin Chapman para reemplazar al Escocés Volador, se sumó a Lotus, campeón de Pilotos y de Constructores en la temporada anterior. Los Lotus siempre revolucionaron a la categoría con sus innovaciones técnicas, que les permitieron lograr numerosas victorias a sus pilotos pero, también, recibían críticas por ser frágiles y peligrosos. Rindt mantendría con Chapman una relación con altibajos, ya que llegó a criticar públicamente la seguridad de los autos –y al mismísimo dueño del equipo– por el accidente que protagonizó el domingo 4 de mayo en el trazado callejero de Montjuic, de 3791 metros, que albergó el GP de España, donde se fracturó el tabique nasal tras perder el alerón de su Lotus 49B-Cosworth y estrellarse en el mismo sector de este peligroso circuito donde poco antes lo había hecho su coequiper, Graham Hill.
El domingo 5 de octubre de 1969 lograría su primera victoria –y tras largar desde la pole– al alzarse con el GP de Estados Unidos, en Watkins Glen (donde Hill se fracturó ambas piernas, al estrellarse contra un terraplén en la 88ª vuelta, al haber perdido el control de su auto por la explosión de un neumático trasero al final de la recta principal). Además, Rindt se ubicó 4° en Inglaterra (el sábado 19 de julio, en Silverstone), 2° en Italia (el domingo 7 de septiembre, en Monza), y 3° en Canadá (el sábado 20 del mismo mes, en Mosport Park, Ontario). Finalizaría 4° en el Mundial, con 22 puntos, detrás del escocés Jackie Stewart (Matra MS80-Cosworth, campeón con 63 unidades), Jacky Ickx (Brabham BT26-Cosworth, escolta con 37), y Bruce McLaren (McLaren M7-Cosworth, tercero con 26).
Todo indicaba que 1970 sería el año de su consagración. Comenzó la temporada con el Lotus 49C-Cosworth, con el que disputó el GP de Sudáfrica, el sábado 7 de marzo, en Kyalami –donde el tricampeón Jack Brabham lograría su 14ª y última victoria en la Fórmula 1– y, en la 2ª fecha, el domingo 19 de abril, en Jarama, España, debutó el modelo 72C, diseñado por Chapman y el francés Maurice Philippe. Como al mismo todavía le faltaba desarrollo, Rindt volvió al 49C en el GP de Mónaco donde, el domingo 10 de mayo siguiente, logró en las calles del principado la primera de sus cinco victorias de este año.
En la 5ª fecha, en Zandvoort, el Lotus 72C –ahora con la suspensión mejorada– regresó con todo y mostró todo su potencial porque, a partir de allí, Rindt ganaría cuatro carreras consecutivas: la nombrada de Holanda (el domingo 21 de junio), Francia (el domingo 5 de julio, en el semipermanente de Charade, de 8055 metros), Inglaterra (el sábado 18 de julio, en Brands Hatch), y Alemania (el domingo 2 de agosto, en Hockenheim).
Pero la victoria en Zandvoort fue muy agridulce para Rindt ya que, en 22ª vuelta, otro muy cercano amigo, el británico Piers Courage –con quien había cenado la noche anterior–, murió instantáneamente al despistarse en la curva Tunnel Oost e incendiarse su De Tomaso 505-Cosworth. Rindt estaba muy conmovido por esta nueva pérdida, que se sumaba a la de Clark dos años antes, y comenzó a evaluar su retiro de las competencias.
El póker de triunfos terminó el domingo 16 de agosto siguiente, en el GP de Austria –justo en el de su tierra–, que se disputó en el trazado de Österreichring (el actual Red Bull Ring) donde, tras largar desde la pole, Rindt debió abandonar por fallas en su motor.
Hasta que llegó el fatídico GP de Italia...
Legado imborrable
Una victoria en Monza lo consagraría automáticamente campeón, siempre y cuando Jacky Ickx no finalizara en el 5° puesto, o menos. Sin el alerón trasero –ni los bigotes delanteros, que también había retirado de su auto– el motor Cosworth de su Lotus ganaba unas 800 rpm, lo que incrementaba sensiblemente la velocidad final, que rozaría los 330 km/h.
El británico Peter Warr, el team manager de Lotus, recordaría años después que, en la noche previa, Rindt había manifestado sus intenciones de retirarse si conquistaba el título. Para la clasificación del sábado, el austríaco colocó neumáticos duros a la izquierda, y blandos a la derecha –porque, excepto en un par de curvas, el sentido de giro de Monza siempre es hacia la derecha– y, tras cuatro vueltas, sus tiempos se acercaban al 1’25” que se había propuesto marcar para adueñarse de la mejor posición de partida.
Pero, en la quinta vuelta, los neumáticos duros todavía no habían alcanzado su temperatura óptima de rendimiento. Y, si a esto se le suma la falla del eje del freno delantero derecho de su desbalanceado e inestable Lotus –que, recordemos, giraba sin alerones–, el desastre fue inevitable.
El primero en llegar al lugar del accidente fue Bernie Ecclestone, a quien Rindt conoció cuando integraba el equipo Cooper y, a partir de allí, el británico lo asesoró en la firma de sus contratos y otras cuestiones comerciales. "Nunca fui su manager, pero éramos buenos amigos. Era el mejor de su tiempo", dijo quien llevó a los boxes el casco blanco que utilizaba el austríaco, que quedó completamente ensangrentado. Años después, Ecclestone se convertiría en el titular y administrador de los derechos comerciales de la Formula 1 y, además, sumaría a su equipo de trabajo a Natasha Rindt.
A pesar de la trágica desaparición del puntero del campeonato, el GP se disputó al día siguiente y, el suizo Clay Regazzoni (Ferrari 312B) logró su primera victoria en la categoría. La Justicia italiana realizó una larga investigación para esclarecer la muerte de Rindt, en la que Colin Chapman fue llevado a juicio hasta que, finalmente, resultó absuelto de todos los cargos en 1976.
Rindt –quien disputó 60 GP de F1, donde logró seis victorias, diez poles, tres récords de vuelta, y subió 13 veces al podio– fue sepultado en el Zentralfriedhof (Cementerio Central) de Graz el viernes 11 de septiembre y, en la ceremonia, el sueco Joakim Bonnier señaló: "Morir haciendo algo que te gustaba hacer, es morir feliz. Y Jochen tiene la admiración y el respeto de todos nosotros. La única forma de admirar y respetar a un gran conductor y amigo. Independientemente de lo que ocurra en los Grandes Premios restantes de este año, para todos nosotros, Jochen es el campeón mundial”, destacó.
Tras la muerte de Rindt, el único que podría quitarle el título en las tres pruebas que restaban (Canadá, Estados Unidos, y México), era Jacky Ickx. En 1970, se otorgaban puntos a los seis primeros (9, 6, 4, 3, 2 y 1) y, para definir el certamen, se contabilizaron los seis mejores resultados de las siete primeras pruebas, y los mejores cinco de las otras seis.
El siguiente domingo 20 de septiembre –15 días después de la muerte de Rindt– el belga lideró el 1-2 de las Ferrari 312B en el circuito de Mont-Tremblant, Quebec, de 4265 metros, escoltado por Regazzoni.
Pero en Watkins Glen, donde Lotus volvió a competir tras el duelo por el austríaco, Ickx se despidió del título al finalizar 4°, en una carrera que ganó un brasileño de 23 años que disputaba su cuarto GP. Ese domingo 4 de octubre y, con un Lotus 72C-Cosworth –el mismo con que Rindt se mató– Emerson Fittipaldi cantó victoria y, de este modo, la F1 consagró a su primer –y hasta ahora único– campeón post mortem.
El domingo 25 de octubre y, en el circuito Hermanos Rodríguez, Ickx se alzó con el GP de México, la última fecha del calendario y, al término del mismo, sumó 40 puntos, contra los 45 del malogrado Rindt, mientras que Lotus se llevó al Copa de Constructores, con 59 unidades, relegando a Ferrari, que sumó 52. El martes 17 de noviembre de 1970, en una muy emocionante ceremonia, que tuvo lugar en las inmediaciones de la Plaza de la Concordia de París, Jackie Stewart le entregó la Copa de Pilotos a Nina, la viuda de Rindt.
Así, el destino mostró su cara más cruel ya que, tal como le había prometido a su esposa, Rindt dejaría de correr si se coronaba campeón, lo que finalmente ocurrió. Pero, desgraciadamente, en su caso sucedió al revés.
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