Aquella jornada de julio, hace 70 años, marcaba una serie de resultados bastante clara en la previa y muy favorable a los locales: Brasil sería campeón del mundo si igualaba o vencía a Uruguay en la tercera y última fecha. Afortunadamente con este formato extraño, se dio un enfrentamiento final con ambos equipos teniendo chances, ya que podría haber sucedido que un equipo juegue el partido definitorio, sabiendo que obtendría el mundial. Un guiño de la historia que tendría aún, varios matices por concretar.
La fiesta que terminó en un infierno
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Una de las tapas de los diarios de Uruguay, reflejando la hazaña charrúa.
Más de 200 mil brasileros en las gradas, esperaban el bautismo de fuego futbolístico en el mundo de la Canarinha, que buscaba demostrarle al mundo lo que finalmente mostró años más tarde. Friaça abrió el marcador para Brasil en el minuto 47, lo que empezaba a marcar la euforia de los hinchas brasileños en el Maracaná, que ya se sentían campeones del mundo sin pensar en las posibilidades de Uruguay.
En medio de toda la confianza al comenzar el segundo tiempo del conjunto local, vestido de blanco (luego de este partido, jamás volvió a utilizar oficialmente camiseta blanca, y tardó 69 años en disputar un amistoso con una vestimenta similar), Jules Rimet, flamante Presidente de la FIFA -al cual el primer trofeo lleva su nombre en homenaje-, tenía escrito en portugués el discurso de la entrega del trofeo, y ya se encontraba camino al campo de juego para entregárselo a los jugadores brasileños. Pero algo iba a cambiar.
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El gol del empate uruguayo, realizado por Schiaffino.
Schiaffino igualó para Uruguay en el minuto 66; y Ghiggia marcó el gol decisivo trece minutos más tarde a los 79, provocando el silencio absoluto que duró aproximadamente 12 minutos, hasta el final del encuentro. A partir de allí, el silencio se convirtió en llantos de angustia, que quienes trabajan en el estadio hasta el día de hoy, asumen que por momentos se siguen escuchando.
Repercusiones eternas
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Alcides Ghiggia silenciaba el Maracaná, a 11 minutos del final.
“Solo tres personas fuimos capaces de silenciar el Maracaná: el Papa Juan Pablo II, Frank Sinatra y yo”; argumenta con orgullo Alcides Ghiggia, el último uruguayo que vivió hasta el año 2015, fallecido justamente, un 16 de julio, como si fuera un guiño del destino.
Para Moacir Barbosa, el segundo gol de Uruguay fue una condena a muerte en vida: llevó el error a la tumba. De nada sirvieron sus ocho títulos en Vasco Da Gama, ni sus títulos en los Campeonatos Sudamericanos con la selección brasilera. Terminó en el olvido, e incluso fue tildado de ‘mufa’, siendo echado de la concentración de Brasil en el mundial de 1994, cuando planeaba visitar al plantel. “Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el Maracaná sobre mí”. Antes de morir en el año 2000, Barbosa dejó una frase paralizante: “la pena máxima en Brasil por un delito son treinta años, pero yo he cumplido condena durante toda mi vida”.
El día que Brasil lloró | Uruguay Campeón del Mundo 1950
Brasil se tomó la revancha con las cinco conquistas en 1958, 1962, 1970, 1994 y 2002, ubicándose como el máximo ganador del espectáculo más vibrante del mundo. Pero aún resuenan los estruendos en el Maracaná, y resonarán por mucho tiempo más, tras el ‘Mineirazo’ en su segunda oportunidad al albergar la competición nuevamente en el año 2014. La maldición se agravó tras el 7 a 1 con Alemania, siendo la misma su peor derrota en Copas del Mundo y quizás la razón que alimente el mito de la maldición de intentar obtener el trofeo en su casa.
Finalmente, hay diversos aspectos que engloban este icónico encuentro al cumplirse siete décadas, que fueron contándose por los propios protagonistas de la epopeya, quienes forjaron para siempre el sentimiento y el mote de la “Garra Charrúa”:
Se quedó dormido
Uruguay llegó temprano al Maracaná para no tener problemas con los tiempos. Schubert ‘Mono’ Gambetta tomó una siesta y tuvieron que despertarlo para el encuentro. ¡Ni el ruido del Maracaná evitó que el lateral izquierdo se quedara dormido!
Los de afuera, son de palo
Uno de los dirigentes uruguayos les habló a los jugadores antes del encuentro y les pidió a los jugadores que no hicieran líos. “Si no nos golean, estamos cumplidos”; luego de lo cual Obdulio Varela –el capitán- reunió a sus compañeros para advertirles que “¡cumplidos, nada!”, instándolos a salir a ganarle a Brasil con una frase que quedó para la historia, pues aludió en forma implícita a lo que había planteado el dirigente y a la multitud que iba a alentar ruidosamente al local: “¡Los de afuera son de palo!”, relató Jorge Savia, columnista de la Oral de Uruguay.
Poca fe
Cuatro dirigentes y dos periodistas volvieron a Uruguay antes de la final. Pensaron que Brasil iba a golear al equipo de su país. Ya en Montevideo, quedaron mal parados por la hazaña uruguaya.
“Avivada” de plata
La Asociación Uruguaya de Fútbol premió a los jugadores con medallas de plata. Las de oro se las entregaron a los dirigentesque hicieron parte de la delegación uruguaya.
Síntesis del encuentro
Alcides Ghiggia recuerda el gol que definió el "Maracanazo"
Árbitro: George Reader (Inglaterra), Asistentes: Arthur Ellis (Inglaterra) y George Mitchell (Escocia).
Brasil: Barbosa, Augusto, Juvenal, Bigode; Bauer y Danilo; Zizinho, Jair; Friaça, Ademir y Chico. DT: Flavio Costa.
Uruguay: Máspoli; González; Gambetta, Tejera, Andrade; Varela; Pérez, Schiaffino; Ghiggia, Míguez, Morán. DT: Juan López Fontana.
Goles: 47m Friaça, 66m Schiaffino, 79m Ghiggia.
Estadio: Maracaná de Río de Janeiro.