Aron Johannsson, nacido en Alabama, se desarolló en el fútbol islandés, el país originario de sus padres. Incluso compartió las categorías formativas con Gylfi Sigurdsson (Everton) y Birkir Bjarnason (Aston Villa) y se destacó en el torneo local, hasta llegar en el AZ Alkmaar.
A los 22 años, un llamado de Jürgen Klinsmann le cambió la vida. En 2014, el en ese entonces técnico de Estados Unidos lo llamó para jugar el Mundial de Brasil y aceptó. Allí, solamente disputó 67 minutos en el triunfo por 2-1.
Lo que Johannsson no sabía era que Islandia se convertiría en el equipo sensación del fútbol internacional. Primero se perdió la gran gesta en la Eurocopa de Francia 2016 (llegó a cuartos de final) y ahora no podrá ser parte de la historia en Rusia 2018. Ni de un lado ni del otro.
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