martes 17 de mayo de 2022
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El fútbol, una vez más preso de la hipocresía y la falsa empatía

Obligado por el clamor popular, por el reclamo de quienes sienten que la injusticia de las medidas del gobierno en tiempos de pandemia deben ser equitativas y afectar a todos, como si eso aliviara la pesadumbre de los tiempos que vivimos.

Si mi hijo no puede ir a la escuela, pues entonces que el fútbol no juegue sus partidos. Si no puedo abrir las puertas de mi comercio, entonces que nadie pueda desarrollar su actividad. Si me afecta a mí, pues que le afecte a todos. Ciudadanos de a pie y comunicadores debatimos con destructiva contundencia sobre la suspensión de las clases y la continuidad del fútbol, en muchos casos, resolviendo todo con una conclusión simplista: “En este país es más importante el fútbol que la educación”.

Acorralado por la situación sanitaria que atraviesa el país en esta “segunda ola” y el bombardeo mediático tras el anuncio de mayores restricciones por parte del presidente Alberto Fernández, el fútbol quedó en el centro de la escena. Esa misma noche del jueves se anticipó que el viernes habría reuniones para definir la situación con la Asociación del Fútbol Argentino. La necesidad política y la predisposición complaciente se unieron una vez más para “usar” al fútbol como antídoto del descontento generalizado que expresa la sociedad. Parar la pelota fue la señal que las autoridades de gobierno necesitaban dar, con una decisión incompleta, que quedó a mitad de camino y que perdió todo tipo de seriedad y coherencia al no incluir los partidos de Copa Libertadores y Sudamericana que se disputarán sin problemas en el territorio nacional. Un dislate total.

No sé si habrá una empresa en la Argentina, privada o estatal, que esté tan controlada en términos sanitarios como lo está el fútbol. Desde su regreso a la actividad en octubre de 2020 se realizan alrededor de 2.500 testeos semanales –en los equipos que a su vez disputan torneos continentales se realizan dos por semana-. Si bien se “rompieron algunas burbujas” y se cometieron errores en los cuidados, los casos positivos no sólo son muy bajos sino que además no representan una amenaza para el sistema sanitario. Todos los hisopados y las famosas vacunas conseguidas por Conmebol se pagan con los recursos del fútbol sin comprometer ni requerir la ayuda del Estado que como corresponde se debe encargar de todos los habitantes del país. Estos son algunos de los argumentos que permitieron que la actividad se desarrolle; pero que aún siendo suficientes, los dirigentes le dieron “el pase gol” que necesitaba la política nacional para ejecutar una decisión más “simbólica” que efectiva.

San Juan estaba lista para las semifinales. Unos 55 integrantes de cada club incluidos los futbolistas, encargados de la organización que no superaban las 150 personas y trabajadores de prensa, todos con PCR negativo en una ciudad de “bajo riesgo” de contagio; formamos parte de la puesta en escena que había que exponer con la suspensión como mensaje para una sociedad enardecida que pronto se dará cuenta que sin fútbol tampoco se resuelven sus problemas.

Es tal la improvisación que ante el conflicto de intereses que generó la medida en los clubes que deben afrontar las semifinales de la Copa de la Liga Profesional, donde sacarse de encima los compromisos de San Juan les cayó muy bien a Boca, Racing e Independiente para enfocarse solamente en sus contiendas internacionales; genera un entripado de fechas que nadie previó ante los partidos de la Selección por las Eliminatorias, la mencionada Copa América y la finalización de los contratos el próximo 30 de Junio. Ventajas y desventajas deportivas que merecerán seguramente un análisis más profundo, pero al que pretendo no ingresar en este artículo.

Suspender todo el fútbol hubiese sido no sólo más coherente, sino también más adecuado y contundente debido a la emergencia que atraviesa el país por el avance del coronavirus con sus nuevas variantes. Cortar la definición del torneo local al que le faltan tres partidos, pero permitir la disputa de las Copas Libertadores, Sudamericana y hasta la posible organización total de la Copa América, es un verdadero mamarracho que incluye hasta un borrador en el que figuran las fechas del sábado 29 de mayo y el martes 1º de junio como posibles días para terminar la Copa local a los apurones. Una vez más pusieron el fútbol como escudo, desde la hipocresía y la falsa empatía de la política y la complicidad de los dirigentes.

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