En ese contexto, Maradona, quien por entonces jugaba su última etapa en Boca Juniors, aceptó el desafío y se calzó los guantes para rendir homenaje al tricampeón mundial.
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La pelea, pactada a tres rounds, tuvo todos los condimentos de un combate profesional: hubo pesaje oficial, donde Diego marcó 73,5 kg, mientras que Laciar, más liviano y en excelente forma física a sus 37 años, registró 61,45 kg. En la previa, Maradona desplegó su carisma habitual y, con una sonrisa, bromeó: "Es una gran responsabilidad pelear contra 'Falucho'. Sé que tiene un poco de miedo de enfrentarme. Lo lindo es homenajear en vida a la gente que se lo merece".
Vestido con su indumentaria Puma 10, con los colores azul y oro de Boca, Maradona mostró sus reflejos sobre el ring. Según crónicas de la época, el Diez lució "un juego de jabs, combinaciones y rectos", mientras que Laciar respondía con movimientos técnicos que recordaban sus días de gloria.
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El día que Maradona sorprendió a todos una vez más y boxeó con Santos Laciar.
Para sumar un toque de humor al espectáculo, el árbitro de la contienda fue el comediante Miguel del Sel, quien en un momento fue acorralado por ambos boxeadores contra las cuerdas, generando las risas del público presente, que rondaba el millar de espectadores.
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Aunque el resultado fue anecdótico, el evento tuvo un cierre digno de su protagonista: antes de bajar del ring, Maradona tomó una pelota y deleitó a los presentes con sus clásicos jueguitos, desatando una ovación que, según quienes lo vivieron, aún resuena en el gimnasio de General Paz Juniors.
Sin saberlo, Maradona fue un pionero de lo que hoy se ha convertido en un fenómeno de masas, con exhibiciones de boxeo entre celebridades y figuras del deporte.